Lo posmo (1): ¿Por qué la posmodernidad es una fábrica de imbéciles?

Hace un tiempo leí un libro de Susan Blackmore en el que argumentaba que aquello de alcanzar el nirvana era algo casi imposible. Lo es porque el cerebro humano nunca se detiene, ni cuando dormimos, ni cuando creemos estar pensando en nada: siempre está elucubrando, lanzando ideas peregrinas o resolviendo problemas. Lo cierto es que el cerebro no detiene su incansable actividad y la mitad del tiempo está teniendo ideas estúpidas y extravagantes sobre posibilidades remotas, o ardientes pensamientos sexuales a mí en clase me pasaba mucho… bueno, en realidad me pasa todo el día; si estás conmigo más de media hora seguramente comenzaré a pensar mientras me hablas en cómo sería montármelo contigo. Hay varias explicaciones a esto. La que ofrece Blackmore es que ello maximiza las posibilidades de tener buenas ideas, porque por pura probabilidad habrá algún diamante entre la montaña de bizarradas que pensamos todo el rato. Es una especie de selección darwiniana de ideas espontáneas que se une a los razonamientos explícitos y bien encaminados que tenemos habitualmente. House lo ejemplifica, ¿no? Ya podía poner al rubiales y a Olivia Wilde a hacer mil pruebas que la solución siempre le llegaba de súbito mientras estaba torturando a Wilson o colocado de vicodina en alguna reunión aburrida. También se han ofrecido explicaciones apelando a esto para cuando tenemos un deja vú, pero eso ya es otra historia.

¿Se relaciona lo que acabo de decir con la posmodernidad? Sí, pero ya llego ahí, no me seáis cagaprisas. Para ello tengo que apelar a otra científica: Susan Pinker. Pinker habla en La paradoja sexual un libro que recomiendo encarecidamente a toda persona que se interese por el feminismo acerca de Larry Walters, que un buen día decidió atar 45 globos de helio a una silla de su jardín, pillarse unas cuantas birras y algo para picar, y volar a 4,600 metros de altitud desde San Diego hasta Los Ángeles donde lo detectaron los radares del aeropuerto y no me quiero ni imaginar la cara de los controladores aéreos. Cuando le preguntaron a Larry en una entrevista posterior acerca de por qué lo hizo, dijo algo así como “porque era un sueño y porque estaba aburrido”. Pinker lo cuenta para introducir la evidencia que apunta a que los hombres asumimos muchos más riesgos en nuestras decisiones y hacemos auténticas gilipolleces cuando nos aburrimos y basta con echar un vistazo a youtube para confirmar la idea, en contraste con la prudencia femenina lo que en la terreta llamamos ‘tenir trellat’. La explicación biológica consiste en que los hombres ganamos mucho evolutivamente con la toma de decisiones de alto riesgo al reproducirnos al por mayor y ser bastante más prescindibles para la especie que las chicas, aunque eso tampoco importa ahora. Con toda esta información en la mano ya puedo ofrecer una caracterización del perfil intelectual de la filosofía posmoderna como una pájara mental espontánea propia de occidentales aburridos. La posmodernidad no es otra cosa que un grupo de personas suficientemente aburridas como para decidir huir de los datos, la razón, lo comprensible y otras cosas que podríamos valorar. Algo que puede resultar épico e inspirar alguna peli, pero que no demanda ningún respeto intelectual por nuestra parte.

Si bien es cierto que hay prefiguraciones, como Nietzsche o Dilthey, y que gente como Heidegger, Foucault, Lacan y Khun sentaron importantes precedentes, el movimiento posmoderno propiamente dicho nace en 1975 con La condición posmoderna de Lyotard. De hecho, el propio Lyotard es una de las glorias de la posmodernidad junto a autores como Deleuze, Kristeva, Irigaray, Derrida, Zizek, Baudrillard o Rorty, este último uno de los más venerados. El epicentro original fue Francia, donde aún hoy en día es la tendencia intelectual dominante que ya se sabe lo de los franceses—, para después extenderse a otras zonas del occidente más rico, especialmente a Estados Unidos, donde la gabachada hizo buenas migas con la New Age y existen universidades enteras infestadas de esta gente, como la tristemente célebre Universidad de Duke. En nuestro contexto los principales focos de posmodernidad están en países latinoamericanos como Argentina o México, países con economías más potentes que el resto de la región y con la posibilidad de generar gente aburrida y acomodada con tiempo suficiente como para posturear y pensar en tonterías intrascendentes o inventadas.

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Un posmo de verdad no se saca fotos sin pipa, fular y los ojos entrecerrados.

En España, felizmente, lo posmo va en retroceso con el pasar del tiempo, quizás porque aquí las políticas de investigación están fuertemente encaminada a la ciencia y el cine cutre se lleva todas las subvenciones de cultura, así que desde hace ya un tiempo esta clase de cosas se ven con recelo. Ellos se quejan siempre, pero, joder, Dios bendiga al MECD por ello, porque no los he tenido que sufrir mucho. O, bueno, mejor dicho sí, pero no a los cabeza de cartel sino a los cachorros, una gente que nunca acabó la carrera y que se pasaba el día perdiendo el tiempo en los bares de detrás de la facultad. La gente que trabaja estas cosas en mi entorno habitual, profesores y demás, son gente encantadora con la que hoy en día me llevo a las mil maravillas. Pero no es así en todos lados. Hice una estancia en EEUU hace un tiempo y ahí sí noté la dureza de la posmodernidad más descerebrada. No hice un solo amigo en la facultad, les decía que era filósofo de la ciencia y se interesaban, pero cuando descubrían que no trabajaba en tonterías raras se daban la vuelta y se iban sin más. Especialmente desagradable fue un tipo que hacía la tesis sobre algo que nunca llegué a entender y que siempre iba por ahí con una botella de alcohol a medias y una guitarra, u otro tío que se enfadó cuando le di dos besos a una becaria al saludarla a ella le dio igual y una doctoranda de estudios queer cuyo trabajo me gustó mucho la verdad que me echó una bronca descomunal porque me subí al ascensor despreocupadamente quedándonos los dos solos lo cierto es que me habían dado un papel al llegar para advertirme de que no lo hiciera, en el que también me prohibían ir por los pasillos con las manos en los bolsillos… en fin, que lo que está pasando en EEUU es bien loco.

La principal consigna de la posmodernidad es su ruptura con los valores ilustrados. La ilustración es la madre de la civilización occidental tal como la conocemos, un periodo histórico de increíble lucidez intelectual en la que se rechazó la religión, el nacionalismo, las desigualdades ante la ley y la superchería, reivindicando la ciencia, la democracia representativa y la separación iglesia-estado. La posmodernidad supuso romper con todo eso, alejándose de lo que consideraban ‘la tiranía de los datos’ y adentrándose en un escepticismo radical sobre todo y sobre todos. Gianni Vattimo la define como una corriente de pensamiento a la que no le interesa el mundo real, sino únicamente las interpretaciones que se puedan hacer de él. El gran relato ilustrado fue encumbrar a la razón, a la ciencia y a la libertad, pero los posmodernos lo consideran un relato más entre muchos otros. Es decir, el mundo para un posmoderno consiste sólo en un montón de relatos diferentes entre los que no existe jerarquía alguna. Las consecuencia directa de esto es clara: el intelectual no debe creerse ninguno de esos cuentos, desprendiéndose de todo compromiso y de todo valor. Por ello la posmodernidad es radicalmente relativista y constructivista. Es relativista porque no cree que exista la verdad, sólo relatos que son verdaderos en el sentido de ser verdades para sus adeptos, y constructivista porque consideran que los hechos en los que creemos han sido construidos por la sociedad a la que pertenecemos.

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Sacarse fotos haciendo morritos también es una opción muy posmo.

Su máximo exponente, Rorty, lleva estas ideas hasta el extremo en su neopragmatismo. Existe un constructivismo moderado y razonable dado que es verdad que los hechos se pueden interpretar, y también es verdad que hay diferentes formas equivalentes de hablar sobre lo mismo. Por ejemplo, si tengo 4 círculos podré decir que tengo 4 objetos, aunque también podré decir que tengo 7 si defino ‘objeto’ como sumas de circulos; pero, joder, que hay 4 círculos en el papel es un hecho objetivo y decir que tengo 3 avestruces es erróneo. Pues para Rorty no, para Rorty también los hechos son construidos por nuestra forma de hablar. Para él el mundo no es más que una maraña de conceptos inventados en el que lo verdadero y lo falso se definen únicamente en relación a esa red socialmente compartida en realidad a Rorty se le fue la cabeza después de leer al segundo Wittgenstein, que explicaría todo esto diciendo que no conocemos cosas, nos limitamos a comprender el mundo, definido como los juegos del lenguaje en los que estamos inmersos. Estas ideas llevan a los posmodernos hasta posturas surrealistas que uno lee y no sabe si reír o llorar. Por ejemplo, un grupo de investigadores descubrió que Ramsés II había muerto de tuberculosis, pero Latour apareció para negar taxativamente que ello fuera posible, afirmando que “¿cómo habría podido morir a causa de un bacilo que fue descubierto por Robert Koch en 1882?”. Él y los suyos tienen la mente tan jodida que piensan que Koch no descubrió una bacteria que ya existía antes que él, sino que “antes de Kock, el bacilo no tenía existencia alguna”. Decir que murió de tuberculosis les resulta tan anacrónico como decir que murió de sobredosis de ketamina en el baño de la discoteca Cocoloco de Gandía.

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Hay dos clases de personas: la chusma que no sabe posar y Derrida.

El problema básico de su epistemología es que no separan las cosas que sí son construidas por las sociedades el dinero, los sistemas políticos o las bicicletas de las cosas que no lo son moléculas, jirafas o los efectos de la aspirina. El segundo problema es suponer la relatividad extrema entre relatos, asumiendo que la ciencia, la mitología, la pseudociencia y la religión son equivalentes, o la democracia y los regímenes totalitarios, u Oasis y Blur hay que estar realmente roto para esto último. Esto los lleva a tener una actitud tremendamente pusilánime y acrítica que los convierte en seres vacíos y faltos de compromiso, sosteniendo un discurso que, además de no importarle una mierda a nadie por contraintuitivo e inútil, resulta extremadamente peligroso. Porque ahí donde hay un incauto siempre hay un hijo de puta para aprovecharse de él, y con la legión posmo han hecho su agosto muchas personas de muy escasa valía moral. Hasta aquí he trazado la relación entre el escepticismo extremo y la actitud irracionalmente pasota y anticomunicativa de los posmos, pero cabe preguntarse, ¿por qué, entonces, apoyan abiertamente relatos como ciertas pseudociencias, feminismos extremistas o les ha dado por celebrar barbaridades orientales o musulmanas? Bueno, esto ya no forma parte del corpus de ideas propiamente posmodernas, pero es el resultado de combinarlas con la naturaleza humana.

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Tienen gatos y muchos libros.

El escepticismo radical no sólo es lógicamente insostenible, sino que es humanamente impracticable —¿le daría igual a un posmoderno subirse a un Boeing que a un avión diseñado a partir de la física de la Biblia y bendecido por el Papa? Lo es porque el ser humano es un animal que genera creencias sobre el mundo, es nuestra naturaleza. Nadie puede ser objetivo de hecho, los métodos de la ciencia no son más que una forma de evadir este problema. Ellos también necesitan aferrarse a relatos, no pueden ser equidistantes aunque quieran. Pero, claro, la magia de su postura es que pueden elegir el que les apetezca. Total, viven en las nubes y se pasan las enciclopedias por el forro. Con los años cada vez tengo más claro que al mundo lo mueven 3 cosas: el dinero, el odio y el follar. Sobre lo de follar no me voy a alargar porque… en fin, intentad ligar con un libro de Dennett en la mano y después hacéis lo mismo con uno de Derrida, y ya me contaréis. El relato posmoderno ha dado mucho dinero, acceso a muchas plazas, se han vendido millones de libros sobre esto y defender estas ideas, lamentablemente, te da mucha más fama inmerecida que decir cosas coherentes, ser un divulgador o llorar sangre aprendiendo neurobiología del desarrollo. A lo mejor hasta te sacas unos buenos euros de psicoanalista, que es una salida muy común entre ellos. Es un discurso sencillo por simplón y que llama la atención, con lo cual es un negocio excelente si eres un caradura y/o no eres muy listo. Le dice a la gente lo que quiere oír y, en ese sentido, basa su éxito en lo mismo que cualquier populismo.

Por otro lado, la posmodernidad es una enorme fuente de odio, especialmente de autoodio. Te permite odiar a la sociedad en su conjunto, negar los hechos que no te gustan, odiarte a ti mismo algo que le encanta a ciertas personas por los relatos que has asumido en el pasado y odiar a todos aquellos que no piensan como tú, porque nadie tiene razones o evidencias que susten esas posturas que no te convienen. Vas a poder disfrutar desaforadamente de todos tus nuevos complejos poscoloniales, olvidar que tus problemas son tuyos y odiar todo lo que haces, porque todo lo que haces, y, sobre todo, todo lo que hacen los demás, son claros reflejos de lo patriarcal, racista, tiránico, homófobo, clasista e islamófobo que es occidente. Al fin y al cabo, lo fríos números son mentiras y tú tienes la razón. Seguro que encuentras alguna cita de Nietzsche o algún pasaje ininteligible de Lacan lleno de ecuaciones sacadas de contexto que justifique tu prepotencia, endiosamiento y tu forma hipócrita de juzgar a los demás. Porque, recuérdalo siempre: aquí lo que importa es interpretar. No tienes que estudiar, basta con que sepas tres datos que puedes retorcer como te de la gana porque son invenciones, e interpretarlos también como te de la gana. Lo más normal, como es de esperar, es que los posmos inventen relatos que (1) los encumbren como los mejores de entre nosotros, (2) los conviertan en víctimas de algo cosa con la que pueden pedir un trato especial y sentir que sus problemas son culpa de los demás, y que (3) los conviertan a ellos y sólo a ellos en los redentores de la humanidad. Eso es lo que hacen, básicamente, las versiones posmodernas de la antropología, los estudios raciales, coloniales, feministas, políticos, etc.

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Baudrillard no tenía gato, pero tenía un maniquí. Da miedo pensar en ello.

Todo lo dicho los lleva a quedarse con el relato que más les permita posturear y encumbrarse como Mesías de los más débiles que da igual que lo sean en realidad o no, lo que importa es que lo parezcan dentro del relato. Por influencia de la escuela de Frankfurt la posmodernidad entiende de una forma disparatada que la ilustración tuvo como desarrollo natural el régimen nazi sí, creen que Kant y Voltaire fueron protonazis…, considerando que en ella está lo más execrable del ser humado y considerándola una forma de razón totalitaria muy peligrosa. Por eso hay que defender relatos alternativos que puedan hacerle frente, que ya da igual que sea el ISIS, el comunismo, el indigenismo u orientalismo más alocado o demás chaladuras de ese tipo. Un posmoderno siempre se subirá a cualquier tren alternativo por propia definición, da igual lo peligrosas o dañinas que sean esas ideas: lo alternativo siempre será mejor que los malvados occidentales ilustrados con sus democracias y sus telediarios y su internet y su libertad y su igualdad y su tolerancia, que eso sí que es retorcido y alienante.

Sin embargo, ellos disfrutan de todas esas cosas. Lo cierto es que, de hecho, y esto lo digo por experiencia propia, ellos lo disfrutan más que la media. Aún recuerdo a un tío que estudiaba conmigo la carrera y que se pasaba todos los días en un bar escribiendo cosas ininteligibles contra el sistema sobre la base de las ideas de Deleuze. Ahora, iba a clase en un Golf que olía a nuevo y las vacaciones carísimas no se las quitaba nadie. Otro, todavía más radical, tenía un chalet enorme con piscina climatizada y hacía comentarios racistas bastante locos después de un par de cervezas. Es vomitivo ver a alguien quejarse continuamente del sistema mientras representa lo peor de él. Y es que la posmodernidad es un producto perfecto para todos estos pijoprogres al permitirles victimizarse y sentirse aún más especiales. Resulta inverosímil pensar que estas ideas surjan en un país pobre en el que lo que interesa es progresar, reducir la mortalidad infantil, comer todos los días y esa clase de cosas que Derrida y Rorty considerarían insignificantes al lado de un buen relato sobre el sexo de los ángeles. Porque sobrevivir y preocuparse es de pobre.

La existencia de la posmodernidad no deja de decirnos que vivimos en un mundo tan desigual que mientras unos luchan por sacar adelante a una humanidad que lo pasa francamente mal, existe una casta de niños caprichosos que se aburren con sus juguetes caros mientras se dedican a atarse a globos para así olvidarse de todos esos problemas reales que tan antiestéticos y molestos les resultan.

Por Angelo Fasce

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49 comentarios en “Lo posmo (1): ¿Por qué la posmodernidad es una fábrica de imbéciles?

  1. No me gustó tu artículo, creo que haces apología de la falacia de la ridiculización, sobra decir que no hay mucho rigor y que también hay una falacia de la generalización en cuanto universalizas algunas de tus experiencias y la lectura, por llamarle de alguna manera, que quien has conocido le ha dado a esos filósofos. Me parece que una relación tan ridícula como la que ejemplificas se pudo ver en muchas épocas, ahí está el ejemplo del libro Candido de Voltaire sobre la parte extravagante de los supuestos lectores de Leibniz; de igual manera en la Edad Media, había una ausencia de masa crítica, lo mismo en la “última” modernidad se le podía ver a un marxista alcoholizado a tope en un bar de mala muerte.
    Me tomo la molestia de comentarte porque hablas de filósofos a cuya lectura me aboco;Nietzsche, Deleuze, Lacan. Considero que alguien que realice lo que, propiamente, se puede llamar una lectura, sobre estos autores, no puede caer en el relativo-amo que mencionas, Deleuze es un contemporáneo de todos los tiempos, sobre todo de la modernidad, Nietzsche es siempre un intempestivo, no es un sistema. Lacan es una labor oscura, y enriquecedora, abocada sí a las cuestiones de valor, aunque se las critique como en Nietzsche. Es cierto, la escuela de Fráncfort es muy oscura, Adorno es muy oscuro, pero no se cae por unas lecturas snobs, obligan a hacer lecturas, no a darle una pasada a los libros, esto puede ser tanto o más enriquecedor que quedarse en el dicho del autor, permite ir un poco más allá, pero claro, siempre habrá los que se queden “más acá”

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    1. Concuerdo con vos. Mucha falacia de hombre de paja y es muy obvia la poca lectura que hay de los filosofos que critica. De hecho se nota que es un conjunto de cliches acerca del post modernismo con un par de chistes para entendidos en el medio.
      Al observar las lecturas que hace Deleuze de Spinoza se puede concluir en que en realidad este desapego por el compromiso que pone como critica es falso (tampoco entiendo como podes denunciar una falta de compromiso con gente que organizo y participo del Mayo Frances). Lo mismo con Nietzsche que propone un compromiso con el mundo y la vida muy grande.
      Lo que sucede con estos “filosofos” de la ciencia o de la mente es que si no pueden escribir algo en lenguaje formal ya no puede ser considerado algo que merezca leerse y exigen que se escriba de esa manera o todo es falso,locura,inutil, etc.
      Por otro lado, no sabia que manejar un Golf con olor a nuevo era lo peor del mundo.

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    2. Lo tuyo no es un argumento. Es un lloriqueo, no dejas claro nada ni puntualizas en los “errores” del articulo, en pocas palabras solo le dices a Fasce que tú has leído como bestia un montón de esos autores y que te las sabes todas sobre ellos y que hay cosas que se le han escapado, pues claro, Fasce está puntualizando en ciertos aspectos sobre los cuales trabaj su critica, delimita el problema, no está diciendo en ningún momento que todo lo que dice del so autores es para generalizar todas sus obras.-

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  2. Buena critica con un estilo fluido y comprensible. El caso Sokal es una prueba de la imaginería posmoderna la cual no soporta un análisis riguroso. En el idealismo clásico por lo menos había una sistematización de los procesos y las ideas, el relativismo y el constructivismo es un intento de desarticular las estructuras sociales y los pricipios objetivos bajo los cuales vivimos. Por eso la filosofía se ha vuelto un “hazme reír”.

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    1. Haces bien en recordar el caso Sokal, donde los posmodernos quedaron desenmascarados como impostores, pero no toda la Filosofía actual es posmodernismo ni toda es un “hazme reir”.

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    2. No lo veo como un intento de desarticular nada, lo veo mas bien tolerante e indiferente con las estructuras instauradas. Una de las formas al alcance para desarticular estructuras enquistadas, es el rupturismo, pero ello implica otras habilidades que suponen quedar al margen de los espacios de rancio confort posmoderno.

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  3. Wei wu wei no consiste no hacer nada, sino en hacer la nada; esto es quitar lo que ya estaba allí. Así mismo el nirvana no consiste en anular el pensamiento, sino en no detenerse en cualquiera de sus ideaciones. Es curioso que se pueda aseverar que Derrida o Lacan no eran ilustrados. No parece que George Steiner sea sospechoso de posmodernismo, entonces porqué los llamó a ellos y a muchos más, los logocratas. Antes de arremeter y más aún de burlarse de algún propuesta, vale la pena conocerlas bien, leerlas -claro está que algunas corrientes no dan el menor viso de la más mínima racionalidad y, es real que no vale la pena perder el tiempo en ellas. Esto no excluye que, efectivamente, haya múltiples y asfixiantes formas de posmodernidad ideológica, de teorías light. He allí que la epistemología debe ser implacable, comenzando con ella misma.

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  4. Pues a mi me ha gustado un montón. Estoy hasta el gorro de este tipo de pensamiento que acaba afirmando que es igual de violento un bofetón a un niño que un anuncio de televisión. Cuidado, que luego son incapaces de responder si deberíamos legalizar los bofetones o prohibir los anuncios. Por no decir que si les propones un duelo con florete al amanecer (a primera sangre, que somos gente civilizada) para dilucidar la cuestión, te miran raro…

    Esperando la segunda parte (y las que surjan)

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  5. Gracias….Lo adiciono a Callinicos, Giddens (la idea de la radicalización de la modernidad) al ultimo congreso de sociología alemana en 1998, y a todos los argumentos que sacan a la luz la limitación de una idea ensamblada por Lyotard, validable a algunas esferas de la práctica social (narrativa, artes plásticas, moda), pero insuficiente para entender como se constituyen y reconstituyen las mentalidades en el mundo actual.

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  6. Creo que es válido denunciar a cualquiera que hace pose si se considera que ese acto trae consigo algún perjuicio. Como relata el autor, estoy de acuerdo en que algunas de las aproximaciones que se hacen hoy en día a los problemas filosóficos y humanos en general no son tan rigurosas ni tan serias como nos gustaría que fueran. Puedo concederle también que quizás estos tiempos no parecen ser tan ricos en producción intelectual y espiritual si se le compara con otros momentos de la historia.

    Sin embargo, no estoy de acuerdo en la causa que propone como el origen de la posmodernidad. Creer que es el aburrimiento lo que hace surgir una corriente de pensamiento –independientemente de la valoración que queramos darle– es, francamente, subestimar. Quizás por esto mismo tampoco puedo estar de acuerdo en que la posmodernidad todo sea un sinsentido, locura y estupidez.

    Para mí, la posmodernidad surge como una respuesta ante la crisis de la modernidad: los sistemas, toda la maquinaria pesada de conceptos y razonamientos ilustrados no fueron suficientes para salvarnos de las peores catástrofes de la humanidad entre guerras, hambre, enfermedades y regímenes asesinos. Tras todo esto, y no sólo por aburrimiento, tenemos la necesidad de encontrar otras maneras distintas de pensar.

    No voy a venir yo a decir que “la modernidad está superada”, como si todavía no fuera una corriente que tiene muchas cosas para decir. Tampoco me atrevería a decir que la posmodernidad es una degeneración y que “ya todo fue dicho e inventado en algún tiempo pasado”. Para mí, honestamente, es más entretenido escuchar a Platón que a Hume, pero los respeto a ambos, los estudié a ambos y creo que ambos tienen todavía, siglos después, cosas que decir a pesar de que sean “formas de pensamiento caducos”.

    Concluyo:

    Sí, la posmodernidad es una búsqueda de quebrar las estructuras de pensamiento anteriores. Por eso no es cómodo, por eso todavía no está consolidado del todo. Pienso, por ejemplo, que para los físicos clásicos les sonaría a locura, absurdo o estupidez lo que ahora empezamos a tomarnos en serio con la física cuántica. Y del mismo modo, los físicos antiguos cuando surgía la física clásica.

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  7. En primer lugar, enhorabuena porque parece que el artículo va a tener muchos lectores (acabas de publicarlo y ya se acumulan los comentarios) y porque desenmascarar al posmodernismo y sus delirios es una tarea loable.

    Bingo: Derrida es delirante y escribe faltal; efectivamente Lyotard y Vattimo con sus teorías de que todo son narraciones y relatos y su apología del pensamiento débil caen en el peligroso todo vale; Rorty es un neocon que además pretende reducir la Filosofía a mera literatura. Así que me parece bien que les metas caña.

    Ahora la crítica: los dos primeros párrafos son demasiado brutos y cuestionables.

    Por otro lado, yo no pondría en el mismo saco a Foucault y a Derrida, vale que los dos tienen libros y gatos, pero el primero normalmente es fácil de entender, escribe claro y además hace una buena e interesante historia de las instituciones europeas, aunque a veces se le va la cabeza; Derrida en cambio es un delirio constante.

    Otra crítica: creo que deberías matizar o explicarte un poco mejor cuando haces mención del “indigenismo”, ya que la defensa de los derechos de las poblaciones indígenas es una cosa seria. Nos estamos cargando el planeta y eso incluye sitios como los Andes y la selva del Amazonas donde hay conflictos serios y sangrantes. Aprovecho para enlazar un interesante blog: https://alertamazonica.wordpress.com/

    Finalmente creo que tienes idealizada a la ilustración. Kant, Voltaire y Montesquieu eran asquerosamente racistas y justificaban el esclavismo. Locke en su carta a la tolerancia no tolera a los ateos ni tampoco a los católicos. La civilización occidental se puede cuestionar sin caer en el posmodernismo. Es más no sólo se puede sino que se debe criticar ¿o nos quedamos con los brazos cruzados mientras crecen las desigualdades, los políticos roban y se provocan guerras por recursos? En este sentido los conceptos de democracia, libertad y tolerancia ya están más que pervertidos e invertidos por su uso en los telediarios. Dejo un enlace a un interesante vídeo con una visión alternativa (no todo lo alternativo son pseudociencias y pseudoterapias) de esos conceptos.

    Y si has llegado hasta aquí gracias por leerme.

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  8. Le sacas partido a la impotencia amigo. Y es un buen artículo. Quién sabe cuantos brotes psicóticos se gestaron leyendo a posmodernos.

    En cambio es natural en la filosofía hacer una replica a la filosofía continental, a Hegel, Freud, Heidegger, etc. Pues le daban voz a personas que tenían prohibido “existir” en esas sociedades centralizadas. Después es como el que hoy habla como Don Quijote, que solo le queda la locura para contertarse y esta fuera de su època.

    Ser un posmo es lo mismo que la nada de Parmenides. Ahora, ya quisieran los filósofos de la ciencia explicar los descubrimientos científicos a personas que apenas sabían hablar como lo hacía Deleuze.

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  9. ¿Por qué se mezclan churras (democracia liberal) con merinas (ciencia)? ¿Por qué se usan categorías políticas (totalitarismo/democracia representativa) tan cerradas, parciales e ideologizadas, como quien habla de la ley de la gravedad? Defender la necesidad de pruebas empíricas, de hechos, para extraer de ellos las explicaciones, no implica estar a la derecha, políticamente hablando. No se puede presentar el régimen político que se asienta sobre la propiedad privada, como el baluarte de los derechos, de la igualdad, etc. En el texto se mezclan las creencias del autor, sus opiniones personales con una pretensión objetiva y universal que raya el ridículo.

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    1. Es increíble, ¿eh? Muestra un resentimiento increíble hacia el posmodernismo que parece que le sienta mal que sus filósofos favoritos y su tarea están relegadas de su posición “central” como él quisiera. Me daría vergüenza hacer un artículo con este poquísimo criterio y con el supuesto firme y como verdad absoluta que la ciencia es la única verdad posible. Me da verdadera vergüenza que esto pueda crear opinión entre los filósofos. Que esto cree opinión no es más que la afirmación del mundo posmodernista que vivimos en que cualquier relato es válido. Es que tiene cojones. Hablar de forma tan vulgar de personas (que no de argumentos) no lo pone en un lugar mejor que aquellos de los que habla mal.

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  10. Quieres hablar como un postmoderno, pero piensas como un positivista, que tiene en cuenta las conductas promedio y todas esas ideas necias según las cuales las personas de una época tendemos a ser así y las de otra, de otra manera; como si hubiera leyes y reglas en el comportamiento humano, como si todo se pudiera explicar por las constantes y no por las excepciones y por la diversidad Lo cierto es que por cada imbécil de la postmodernidad hay muchos que no somos imbéciles ni hacemos esas tonterías de las que hablas. Yo no me cuento como imbécil. ¿Y tú?

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  11. Entiendo la teoría de la postmodernidad más como una descripción de las algunas sociedades contemporáneas que como la construcción de una ideología. Es posible que, entre los autores que has citado, existan profetas de los nuevos tiempos, pero me temo que el movimiento de reacción a los valores de la modernidad tiene bases materiales y no son únicamente elucubraciones de mentes caprichosas.
    Quisiera puntualizar algunas de las características que, tras siglos de elaboración, se cristalizaron en lo que llamamos “modernidad”.
    La ciencia, la razón, el conocimiento empírico del mundo, la igualdad legal, la experimentación, la crítica al pensamiento irracional (llamado superstición o lo que tú has llamado “superchería”), la separación iglesia – estado, la separación de poderes…
    Así como sus consecuencias prácticas:
    La ideología del dominio de la naturaleza a través de la comprensión de sus reglas y leyes universales.
    La aparición de disciplinas llamadas “ciencias sociales” cuya ambición es encontrar las leyes universales que mueven sus mecanismos.
    La ideología de que el ser humano puede ser moldeado hacia un ser moralmente ideal (un ciudadano ) a través de la educación.
    El encumbramiento de la ideología de la “evolución” y del “progreso” (conceptos neutros convertidos en ideológicos al ser paradigmas sociales y culturales).
    La ambición, en consecuencia, de civilizar a los pueblos que no hayan alcanzado el nivel de progreso adecuado (entendiendose que el progreso es lineal y que sigue unos estados idénticos hasta alcanzar, para nuestra sorpresa, el estado máximo de civilización, que es, concretamente, el estado en el que se encuentra el científico social que ha hecho dicha clasificación)
    El desarrollo tecnológico.
    Y por supuesto, el NACIONALISMO.
    La aparición del ESTADO-NACION, de los ciudadanos, de la soberanía de la nación, de la ley por encima de todo (con la ideología de la igualdad) es un invento estrictamente moderno, y surge tras la revolución francesa y la decapitación del capeto (puede que la revolución de Cromwell tenga aspectos parecidos, de no haber sido un fanático inspirado por sus ideas puritanas).
    Con ella surgen los ejercitos permanentes y profesionales (al servivcio de la patria, no de los monarcas o nobles de turno), los liceos (la ambición de una educación igual para todos) con la consiguiente idea de la uniformización de la ciudadanía (la MISMA educación para todos).
    La modernidad es la cuna del nacionalismo porque fue la que creó a las naciones.

    Continuaré con el supuesto escepticismo radical… supongo que haces una caricatura de lo que yo llamaría “relativismo cultural”, que no es otra cosa que la afirmación de que para entender a otra cultura hay que hacerlo desde su punto de vista, desde su sistema de valores.
    La antropología resolvía de ese modo el bochornoso etnocentrismo que había dirigido las ciencias sociales hasta principios de siglo XX (y que, desgraciadamente, es uno de los pilares de la mente humana, convertida hoy en ideología racional).
    Unos años más tarde resolvería el problema del relativismo moral que parecía ser su consecuencia, zanjando de este modo, y hace medio siglo, el problema al que pareces dirigirte (el “todo vale”): las relaciones son intersubjetivas, y el observador / científico social, no puede desprenderse de su propio sistema de valores, aunque deba aprender a distanciarse de éste mientras dure la investigación.

    Finalmente, porque no me quiero extender sobre la visión de que la construcción de relatos sobre la realidad sustituye a la propia realidad, te comentaré mi preocupación acerca de la banalización que has hecho del holocausto.
    No sólo el holocausto fue un producto de la modernidad: su escala y eficacia no hubieran sido posibles sin el desarrollo técnico alcanzado, sino que también fue la consecuencia de la misma:
    – Racionalidad instrumental: elaboración de presupuestos, diseño y planificación, división del trabajo, mecanización del proceso, retroalimentación según los resultados (proceso de perfeccionamiento).
    – Burocratización del holocausto: distancia moral entre el que ejecuta la acción y la acción en sí misma (la gente se sentía parte de un sistema en el que no tenían responsabilidad moral y en el que cada uno cumplía las ordenes).
    – Ingeniería social: el holocausto es la versión aberrante de la ideología que busca el perfeccionamiento de la sociedad y usa los medios que la hacen posible, el objetivo siendo la sociedad perfecta, el medio siendo la eliminación de las malas hierbas (metáfora del jardinero).
    – Racismo radical: el racismo es una de las ideologías que surgió en las sociedades que tenían a la igualdad por valor supremo (quizás esto te invite a reflexionar acerca de ello), y, al igual que el nacionalismo, es la atribución de unas características morales a los seres humanos según su nacimiento (o sus rasgos físicos, como una mayor o menor pigmentación de la piel), siendo estos previos a su existencia (se transmiten hereditariamente) y son inexorables.

    A veces me molesta tu cientifismo, y que no seas capaz de ver cómo la ideología influye en tu manera de concebir aquello que consideras objetivo, por ejemplo, en tu visión evolucionista de la psique humana.

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  12. Un artículo admirable, además de amenísimo, que genera una respuesta estimulante por múltiple. No me esperaba que una página web generase tanto interés, y felicito nuevamente al autor por su capacidad de síntesis e ironía.

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  13. El problema fundamental del texto lo veo en que parece utilizar la postmodernidad mas delirante para meter en el mismo saco toda la crítica a la Ilustración, que por cierto empiezan Kant o Schiller en su proyecto de Ilustración madura, -como bien advierte Cassirer-… Para a continuación hacerla pasar por postmodernidad cutre (se puede ser crítico con la ilustración en algún sentido sin ser “postmo” ni relativista cutre). No se puede meter en el mismo saco a Dilthey, Nietzsche o Heidegger -le ha faltado citar a Husserl o a Ortega o a Gademer-, a toda la hermenéutica y las filosoíias de la vida, para interpretarlos desde la postmodernidad francesa y sus “devenires postestructuralistas”. Como se puede apreciar mi objeción se dirige menos a su crítica de la “postmo” y más a la génesis que advierte en lo postmoderno. En relación a esa “postmo” relativista el texto tiene toda la razón…

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  14. Vaya manera de mezclar churras con merinas y de meter en el mismo saco a autores muy diferentes.

    Deberías de leer de nuevo “La condición postmoderna” si es que lo has leído, porque desde luego la interpretación que haces está del todo equivocada. Lyotard viene a decir que los discursos ideológicos son como las narraciones míticas. Pero no dice que todo sean mitos. La ciencia es un lenguaje de tipo denotativo, es decir, objetivo y descriptivo. Mira en el diccionario que significa la palabra denotativo y luego puedes leer de nuevo el par de capítulos de “La condición postmoderna” y luego te preguntas a ver quien es el imbécil.

    Por otro lado, Lyotard en los capítulos que dedica a presentar la situación de la ciencia sintetiza lo mejor del segundo Wittgenstein, Kuhn y Popper. Autores que proceden de la física y las ciencias puras y que luego se pusieron a hacer filosofía de la ciencia. Hombre de paja es poco.

    Por otro lado, el inicio del artículo justificando que estás salido con “la explicación biologicista” es simplemente pseudociencia machista más que discutible.

    Finalmente tus comentarios sobre la democracia, la libertad y el volkswagen Polo simplemente muestran lo pijo que puedes llegar a ser. Vete a hablar con una familia a la que le han embargado el piso o habla con alguien que tiene que aceptar un trabajo por 800 euros al mes y le cuentas lo libres que somos, aunque como el mundo está lleno de imbéciles puede que sean votantes del PP o admiradores de tu blog.

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    1. Me hubiese gustado intervenir en el debate sobre la posmodernidad, pero andaba liadísimo terminando el tomo 3 de mis Enemigos del comercio, donde por cierto intento trazar la línea que lleva del Sartre de la Crítica de la razón dialéctica a Lacan, Althusser, Derrida, Foucault y Cía.
      No debería quizá olvidarse que cultivan la impostura intelectual por sistema, entendiendo por ello expresarse de modo sintáctica y léxicamente retorcido para epatar al lego con obviedades, cuando no disparates. Althusser y Derrida reconocieron en diarios póstumos que se habían pasado la vida temiendo ser denunciados por fraude, pues ninguno de los dos fue capaz de estudiar nunca, y fueron trepando por las lianas académicas con ayuda de todo menos conocimiento. Althusser añadió estrangular a su esposa, aunque Foucault dispuso del sótano más actualizado para cultivar el sadomasoquismo, con instrumentos de tortura tanto medievales como recientes.
      Temo que sus defensores ignoran a los sabios propiamente dichos -como Weber, Schumpeter o Hayek entre los de hace unas décadas, o Stephen Pinker y Angus Deaton entre los actuales-, y sugiero que se enfrasquen en sus investigaciones, por no decir en las de Prigogine o Mandelbrot para salir del círculo vicioso implicado en la impostura.
      Me pregunto si esta página permite adjuntar archivos, porque solo así podría fundamentar lo que digo con algunos textos todavía inéditos.sobre esta curiosa pandilla.

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      1. Aquí el problema está en que Alan Sokal (de quien Ángelo recoge las ideas) no tiene la verdad absoluta y de hecho llama postmodernos a autores que ellos mismos no se llaman así. Luego caracteriza al postmodernismo como relativismo extremo, además les critica el escribir de una forma oscura y utilizar mal conceptos y teorías de las ciencias.

        Vamos por partes, poco tiene que ver un Derrida con un Lyotard y un Foucault con un Rorty. La crítica debería ser autor por autor, sino se puede caer en la superficialidad y la falta de rigor. Por ejemplo, yo no voy ni a molestarme en defender a charLacan, Althusser o Derrida, autores aburridos que no me aportan nada. Ahora bien, Foucault me gusta como escribe y lo que escribe, hacer la genealogía de las instituciones y de las “ciencias sociales” que las acompañan me parece un proyecto interesante, válido e incluso revolucionario. Foucault desenmascara a esas supuestas ciencias objetivas como no objetivas y como ideológicas (estamos hablando de la pedagogía, la sociología, la psicologia, no de la matemática y la física). Por otro lado, Lyotard en general está acertado en cuanto describir las tendencias de las sociedades postmodernas aunque a veces mete la pata, como bien denunció Sokal. Así deberíamos ir autor por autor, cosa que ahora no voy a hacer.

        No todos esos autores tachados como postmodernos son unos escépticos totales que relativizan absolutamente “la ciencia”. Para empezar deberíamos de hablar de ciencias en plural y como producto humano y social que son ni son sagradas ni son incriticables ni son neutras, es más algunas de ellas tienen más de pseudociencias que de ciencias (ciencias empresariales, económicas, políticas, derechos). Tienen su historia, sus usos y sus abusos.

        Sokal en su crítica (recogida en plan cutre en este blog) parece confundir las críticas que se hacen a las ciencias sociales y a los usos de las ciencias naturales con una crítica directa a la física teórica y a las matemáticas. Lyotard por ejemplo, en su obra trata la física como ciencia denotativa, es decir, objetiva y performativa (útil, pues en su aplicación sirve para aumentar el poder). Rorty dice que la búsqueda de fundamentos epistemológicos lleva a un callejón sin salida, pero eso no significa que la física no sea objetiva ni la invalida, de hecho dice que es útil y que funciona y por eso está legitimada (pragmatismo).

        Por último, pretender invalidar a Foucault porque le fuera el sado, es utilizar la falacia ad hitlerum. Es como decir que la física de Newton queda invalidada porque este tenía mal carácter o que la teoría de la relatividad de Einstein no funciona porque Einstein era un mal padre de familia.

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  15. Creo que coincido en la mayoría de tu crítica a la postmodernidad, pero presentas como realidad grandes errores de interpretación historica del iluminismo. Empezando por caer en el error del endiosamiento de la razón ilumista, que más exactamente era la razón de la burguesía francesa, la caul termina derivando en el genocidio americano de entre 30 y 70 millones de indígenas en nombre de iluminar , civilizar el nuevo mundo. Terminó por convertirse en “la razón instrumental” de Adorno y Horkheimer. O dicho de otra manera, como Heidegger nos plantea esa razón iluminasta construyo la actual materialidad de la historia consiste en el dominio de los entes, y de la técnica , así olvidando al ser. La realidad por la cual críticas a los postmodernos y su falta de compromiso es genialmente descrita por Kant, quien en verdad desea ocuparse de esos problemas reales es el principal crítico de la razón iluminasta de la de la burguesía francesa. Al igual que los postmodernos ignoran la realidad universal tu ignoras (al parecer por tu forma de expresarte creyendote “el único redentor del mundo”) que el origen de dicha realidad fue concebida por ese pensamiento iluminista dispuesta a acabar con el mundo. Desestimas mucho el lenguaje, demasiado para mencionar que al parecer leíste Foucault, si lo hiciste parece que no entendiste tan bien pero te recomiendo probar con Chomsky.

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  16. Ay creo que al autor le hace falta leer mejor la propuesta de Wittgenstein para comprender la propuesta real, ya que no sólo se reduce en el principio epistemológico de juegos del lenguaje. Creo que se debería leer para entender mejor no sólo Observaciones Filosóficas, sino comentarios a la Rama Dorada de Frazer. Por otro lado no me gustó para nada la redacción, pues considero que no sólo es mala sino además ofensiva. Lo que rescato del texto es que es un debate muy interesante lo que propone y que podría discutirse sino estuviera tan a la defensiva el autor.

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  17. Algo que te va a disgustar es que tengo dos interpretaciones de tu escrito. Mucho de lo que dices es cierto, en mi pais muchos tiranos se beneficiaron del posmo y ahora mi pais es una basura, creo que eso ha pasado en toda latinoamerica. Por otro lado no lei mucho de Derrida o Foucault pero sus ideas pueden resultar muy utiles si sabes usarlas, considerar que todo es texto te hace ver que no se conoce una cosa sino un objeto teorico, incluso al ver una flor puedes pensar que estas percibiendo algo y que lo estas interpretando como flor. Esas ideas son muy potentes, pueden servir para ramas de la ciencia muy avanzadas, claro que aplicarlas a la validez de decir que un emperador murio de tuberculosis es absurdo. Soy matematico actualmente estoy estudiando una conjetura que liga teoria de numeros con ecuaciones diferenciales. y me gusta mucho escuchar a los filosofos posmodernos porque me dan ideas nuevas para mis investigaciones.

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    1. “Considerar que todo es texto te hace ver que no se conoce una cosa sino un objeto teórico” ofrece un buen modelo del equívoco unido a la escuela posmoderna francesa.
      Como matemático, Camilo quizá no está informado de la larga tradición que acabó despojando a la ontología de su “sueño dogmático” (Kant); pero está fuera de duda que la orientación de Foucault y sus colegas de perspectiva nunca fue matizar la diferencia entre fenómenos, númenos y entes solo simbólicos como el punto y la recta.
      Al contrario, desarrollaron el germen del epater al ignorante lanzado por las vanguardias a principios del XIX, sirviéndose de cualquier pretexto para brillar con ocurrencias sobre toda suerte de asuntos, mezclando por ejemplo a Einstein con Sade, con discursos cuyo denominador común es lo innecesario de estudiar. Foucault vio rechazada su tesis doctoral por falta de atención al detalle, y los diarios póstumos de Derrida y Althusser muestran que se pasaron la vida temiendo ser denunciados por fraude, pues “leer a otros” -y en particular la secuencia de pensadores clásicos- les producía una amalgama de ansiedad y somnolencia.
      Ambos precisan que su deseo de ser reconocidos como sabios revolucionarios topaba con dicho rasgo de carácter, y solventaron el problema con una sintaxis y un léxico retorcido en medida suficiente para velar el defecto primario de instrucción. Leer nosotros a esos incapaces de leer no nos ayudará a conocer la tradición, pero sugiere un estudio que vaya más fondo del ofrecido por Sokal y Bricmont, donde solo queda claro el camelo sistemático resultante de fundir lo abstruso con lo arbitrario.
      A saber: una pesquisa sobre aquellos llamados a sobresalir como eruditos cuando atenerse a la recogida de datos sobre cualquier tema les fatiga irresistiblemente, quizá por ser temperamentos incapaces de trascender la esfera yoica, que empiezan y terminan fascinados por alguna idea fija. Comte es un claro precursor, ya que evitó instruirse sobre los “no positivos” por “higiene cerebral”, y legó con ello una historia de las ideas donde su particular uno por ciento abarca el 99 del espacio, como luego observamos en el Nietzsche de los últimos años.
      Una pregunta pertinente es cuántos disfrutan descubriendo que no estaban en lo cierto, al contrastar lo supuesto ingenuamente con el resultado del estudio. Si se prefiere, cuántos están abiertos tanto al resto del mundo como a la paciencia de informarse. En este orden de cosas, la escuela posmoderna es un filón difícil de superar.
      Para reparar en ello basta tomarse el trabajo de leer algo más que sus escritos, comparando por ejemplo el librito de Deleuze sobre Spinoza con la obra de éste, o los presocráticos con el ensayo de Rosset sobre ellos. Lo mejor de todo será cotejar la Historia de la sexualidad de Foucault con los escritos de Freud.

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  18. “Las consecuencia directa de esto es clara: el intelectual no debe creerse ninguno de esos cuentos, desprendiéndose de todo compromiso y de todo valor”
    Esta conclusión me parece un poco confusa, ya que el escepticismo radical es una postura epistemológica, no moral, es decir que te obliga a dudar de todo pero no te dice qué hacer con todo eso de lo que dudas…

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  19. Madre mía, esto es una verborrea paranoide típica de niñato sabelotodo, sin pies ni cabeza, superficial y sujeto a todo tipo de clichés, sin análisis ni profundidad.
    Hasta ahí puedo decir, buscaré nuevos blogs, ésta era la gota que colma el vaso.
    Ángelo como consejo, trabajate un poquito mas a ti mismo, ya no es que no tengas cierta parte de razón en clichés, sino en tu simplicidad de análisis metiendo a todo el mundo en el saco que tu quieres para tener razón, por supuesto.
    Y mira si la posmodernidad es una fábrica de imbéciles, la modernidad de la razón pura es una fábrica de locos…

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