Mujeres y hombres: entendiendo las diferencias

Las diferencias morfológicas y conductuales entre los sexos de nuestra especie han ido deviniendo en tabú. Las razones de esta situación las podemos encontrar, quizás, en la corrección política y en las eventuales malas interpretaciones y usos distorsionados que se han hecho de algunos de los resultados experimentales. Personalmente me considero un feminista, y no creo que los hechos comprobados acerca de las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres afecte en absoluto a la necesaria y justa igualdad social entre los sexos —recordemos que la igualdad sólo se da en matemáticas, y que el uso usual de la palabra tiene un sentido jurídico, no biológico. Es más, considero que todo este conocimiento ayuda a la lucha feminista, para saber cuales serían las reformas sociales necesarias para una mayor integración social de las mujeres y para conseguir mayores niveles de felicidad y autorrealización entre ellas.

En estas líneas me planteo dos objetivos. Por un lado, recopilar y justificar, en la medida de lo posible, las diferencias comprobadas entre ambos cerebros, y, por otro, argumentar que el empleo machista de estos datos no está justificado en absoluto. La intención final es aumentar la mutua comprensión entre nosotros/as y esos seres tan raros que son los hombres/mujeres.

Para empezar, ¿por qué hay hombres y mujeres?

La aparición de la reproducción sexual fue considerada todo un misterio para la biología evolutiva durante largo tiempo, pero actualmente tenemos una buena cantidad de hipótesis bastante congruentes. Intuitivamente todos podemos otorgar en primera instancia una clara ventaja a la reproducción asexual —la capacidad de reproducirse sin una pareja, simplemente generando clones de uno mismo. Podemos calcular un 50% más de descendencia, menos pérdida de energía y tiempo pensando y luchando por sexo, y un traspaso del 100% de la carga genética propia a la siguiente generación. Pero la irrefutabilidad de estas primeras intuiciones es sólo aparente.

La principal ventaja de la reproducción sexual es la generación de mayor variabilidad genética. Los organismos que emplean reproducción no sexual han de basar su proceso evolutivo en la aparición de mutaciones, mientras que nosotros también podemos hacerlo en la recombinación genética. Añade, además, una mayor presión ambiental, ya que sólo se reproducen los organismos más fuertes y capaces de conseguir los favores femeninos. Mediante este aumento de la selección natural se acelera el proceso evolutivo, se eliminan mutaciones deletéreas, y se promueve un elitismo genético que mejora la eficacia general de la especie.

Estas razones nos ayudan a responder la pregunta acerca de la justificación evolutiva para la selección de la reproducción sexual en los eucariotas, pero no a resolver la incógnita de por qué hay machos y hembras. Al porqué de los rasgos tan característicos de los sexos.

Para responder a este interrogante la biología evolutiva se ha apoyado en la teoría de juegos. Imaginemos una especie que se reproduce asexualmente, pero que, por una mutación, sus individuos comienzan a desarrollar la capacidad de intercambiar material genético entre ellos —una habilidad descrita en la actualidad, denominada ‘transferencia genética horizontal’. Podemos imaginar un punto en el cual la reproducción sexual carece de machos y hembras. En el que todos los individuos presentan neutralidad morfológica respecto a la reproducción, siendo indiferentes unos de otros en este sentido.

Pero siempre que hay igualdad y falta de mecanismos de defensa surge con facilidad una forma de comportamiento muy común en los procesos evolutivos: la explotación. Algunos individuos se van haciendo capaces de obtener los mismos beneficios que los demás, pero aportando menos esfuerzo y tiempo durante el proceso, dejando la carga en el otro. En lugar en enfocar sus esfuerzos en aportar gametos que requieran de mucha energía para su generación o en el cuidado de la prole, la pasan a enfocar en la reproducción al por mayor sin tener en cuenta estas cuestiones. Ello será adaptativo siempre y cuando la tasa de supervivencia de la prole sea mayor que la que obtendríamos si cuidáramos con mayor ahínco de una cantidad menor, y siempre que no haya un contraataque de aquellos explotados.

Estos organismo explotadores serían los que más adelante se convertirán en machos. Individuos cuya estrategia reproductiva estriba en la producción de una enorme cantidad de gametos y en la cópula con muchas hembras. Y las hembras devendrían de aquellos organismos explotados, cuya estrategia de reproducción está basada en la producción de gametos costosos —óvulos— y en el cuidado detallado de una prole muy seleccionada, pese al esfuerzo que ello requiere.

Siguiendo la lógica del proceso, las hembras son más valiosas para la supervivencia de la especie que los machos, ya que uno de ellos puede fecundar a una gran cantidad de ellas. Pero los machos son muy importantes para asegurar la variabilidad y la calidad de los genes de la especie. Sin su lucha implacable por reproducirse no se aseguraría la eficacia de la prole y tendrían lugar fenómenos de deriva genética. La explicación evolutiva basada en la teoría de juegos explica también que el sexo por defecto en las especies que emplean reproducción sexual sea el femenino, y también que la tendencia habitual sea una mayor presencia de hembras que de machos en las especies.

El origen de las diferencias

Cabe mencionar antes de comenzar este apartado que las diferencias entre hombres y mujeres se suelen ver distribuidas como campanas de Gauss. No se pueden generalizar al 100%, pero las que mencionaré aquí tienen suficiente prevalencia estadística como para ser consideradas características.

Hay dos corrientes extremas en las que no debemos de caer si queremos interpretar bien las diferencias entre los sexos. Por un lado están aquellos que abogan por lo que se llama ‘ambientalismo’ —o ‘constructivismo de género’. El ambientalismo postula que todas las diferencias provienen de cuestiones culturales, educativas, sociales, etc. Esta idea la suelen apoyar en visiones idealizadas ya ajenas a la ciencia, como la negación de la naturaleza humana o la exageración de la plasticidad cerebral —una visión del cerebro como si de una tabla rasa se tratara. Por otro lado están aquellos llamados ‘deterministas’, que postulan que todas las diferencias son genéticas y nos vienen ya dadas.

Personalmente creo que esta guerra suele pecar constantemente de la aparición de la falacia del hombre de paja —la tendencia a exagerar la posición del contrario—, ya que son extremadamente pocos los teóricos que no presenten una combinación de ambas posiciones. Aunque quizás los ambientalistas extremos sean más numerosos, principalmente entre filósofos o teóricos feministas. De hecho, lo que actualmente conocemos como ‘hombre’ y ‘mujer’ es una mezcla de factores genéticos y construcciones sociales. No hay un ‘gen de la falda’, pero sí una predisposición genética hacia una mayor empatía entre las mujeres, por ejemplo.

Y es que la historia evolutiva de los sexos no ha sido la misma. Pese a que todos tenemos los mismos genes —excepto en el cromosoma 23, que varía entre hombres y mujeres—, la expresión de los mismos difiere considerablemente entre los sexos. Estos diferentes patrones de activación genética se explican debido a las diferentes estrategias evolutivas y los diferentes roles sociales que hemos desempeñado durante el proceso de ser la especie que somos, y vienen mediados en gran medida por las hormonas sexuales, que actúan como factores de transcripción controlando la expresión génica.

Las diferencias comienzan a ser patentes durante el desarrollo prenatal. Hasta las cinco semanas todos los fetos presentan rasgos sexuales indiferenciados. Aquellos que presentan la famosa XX en el cromosoma 23 serán hembras, y el desarrollo continuará con normalidad siguiendo un patrón por defecto. Pero aquellos que, en cambio, tienen el XY serán machos, y habrán de comenzar un proceso de defeminización y masculinización a fin de desarrollar los rasgos típicos del sexo masculino.

Se formarán los testículos gracias a la presencia en su genotipo del factor de desarrollo testicular (TDF) —un dato curioso es que los órganos sexuales de ambos sexos se forman sobre la misma base, ¿qué es un pene sino un clítoris grande proyectado hacia adelante?—, y sobre la octava semana estos comenzarán a segregar testosterona. La presencia de la testosterona es determinante, y sin ella se desarrollarían los rasgos típicos de las hembras. Por esta razón puede darse el caso de mujeres con cromosomas XY, como ocurre en el síndrome de Morris, o de hombres XX en caso del pseudohermafroditismo femenino. Esta hormona también baña el cerebro dando lugar así al proceso de masculinización del mismo.

Los caracteres sexuales secundarios se forman durante la pubertad, cuando el hipotálamo segrega un factor de liberación que estimula a la hipófisis a liberar gonadotropinas que, a su vez, hacen que las gónadas produzcan hormonas sexuales en gran cantidad. Las hormonas sexuales tienen mucha importancia en este proceso, en el cual vuelven a producir cambios cerebrales, dejando patente la importancia que tienen funciones, tanto organizadoras como activadoras, durante toda nuestra vida.

Las diferencias cerebrales de los sexos son la base de muchas de nuestras diferencias conductuales, y las hay tanto morfológicas como funcionales. Analizaré cada categoría a continuación.

Diferencias morfológicas

Un dato que se sabe desde hace mucho es que el cerebro de los hombres pesa un poco más que el de las mujeres. Hay que tener en cuenta que cuando hablamos de inteligencia el tamaño no importa. De hecho, cuando consideramos todas las variables que medimos para calcular un CI, no hay diferencias entre hombres y mujeres. Es más, los biólogos evolutivos y los etólogos emplean una medida llamada ‘cociente de encefalización’ para calcular la importancia relativa en el proceso evolutivo del desarrollo encefálico y la inteligencia que podría serle pronosticada a un animal. Los seres humanos ganamos por goleada al resto de animales, y las mujeres ganan por una ventaja bastante considerable a los hombres. Así que si nos ponemos puntillosos el ser más encefalizado de la naturaleza es la mujer.

El cerebro de las mujeres tiene más sustancia blanca, y el de los hombres más sustancia gris. La sustancia blanca está formada por oligodendrocitos y fibras nerviosas —axones— que van de un módulo a otro del cerebro transportando información, mientras que la gris contiene principalmente somas, dendritas y otras células de glía como astrocitos. Las estructuras en la línea media del encéfalo son también bastante diferentes, afectando a la comunicación entre los hemisferios cerebrales. La forma del cuerpo calloso varía entre los sexos, siendo más grande en mujeres. Ello parece venir justificado por la mayor comunicación interhemisférica en los procesos cognitivos femeninos.

Los núcleos hipotalámicos presentan diferencias muy acusadas entre los sexos, lo cual es esperable teniendo en cuenta la enorme relevancia que tiene esta estructura en los comportamientos sexuales y de agresión, ambos muy diferenciados entre los sexos. La amígdala es mayor en el cerebro masculino y el hipocampo lo es en el femenino. El núcleo supraquismático tiene formas diferentes en hombres y mujeres —sin saberse exáctamente por qué—, así como también alguna zona del área preóptica.

Aunque, pese a todo lo dicho, las zonas dimórficas entre los encéfalos de los sexos de homo sapiens son considerablemente menores que las de otros mamíferos.

Diferencias funcionales

A nivel funcional encontramos diferencias aún más notables. El cerebro de los hombres procesa de forma preferencial la información visual, mientras que el de las mujeres considera de forma más equilibrada la información proveniente de todos los sentidos. Esta diferencia, junto a la superioridad masculina en la puntería y en la capacidad de razonamiento aeroespacial, suele ser atribuida al pasado cazador de ellos. Por otro lado, las mujeres son mejores discriminando colores, reconociendo expresiones faciales y son mucho mejores —muchísimo, de hecho— con las habilidades lingüísticas. Lo que podría justificarse en la necesidad de mayor cooperación, en el cuidado de la prole y en el haber llevado a cabo tareas de recolección.

Por otro lado, el cerebro masculino procesa la información de forma más localizada en cada hemisferio, y con una ruta que tiende a ir de adelante hacia atrás y viceversa. Ellas, en cambio, están mucho menos lateralizadas y la ruta de la información va más de izquierda a derecha, de un lado hacia el otro del cerebro. El cerebro femenino ha sido considerado por bastantes de los neurocientíficos que estudian estos temas como más holístico y sofisticado en su funcionamiento, siendo más relacional e implicando a más clases de procesos durante la cognición aunque la mayor simplicidad masculina también tienes sus ventajas, como una mayor rapidez en la toma de decisiones.

Las mujeres tienen una memoria emocional más persistente en el tiempo, y su empatía emocional es mayor a la masculina —la empatía cognitiva, o ‘teoría de la mente’, es bastante igualada entre sexos. Ellas activan más zonas que incluyen neuronas espejo cuando empatizan, con lo cual el ‘contagio emocional’ es más común. Las mujeres tienen también una memoria a corto plazo superior a la masculina, capaz de recordar mayor cantidad de detalles, mientras que los hombres son capaces de recordar mejor de forma, por así decirlo, ‘conceptual’.

Los hombres, por el mero hecho de serlo, son más vulnerables a una mayor cantidad de trastornos mentales —y también a problemas cardíacos, vale la pena recordarlo. Aunque la depresión y los trastornos alimenticios son más comunes en ellas. Ellos son mejor realizando tareas cognitivas bajo estrés agudo, mientras ellas lo hacen mejor bajo estrés crónico.

Sobre hormonas y amores

Las diferencias conductuales entre los sexos están ya presentes en los niños. La superioridad lingüística femenina y las preferencias a la hora de elegir los juguetes y los juegos es algo bastante estudiado. Las niñas son capaces de construir historias más complejas y prefieren colaborar a competir. Las hormonas sexuales son las responsables de estas diferencias, siendo el efecto de la testosterona especialmente esclarecedor.

Esta hormona está directamente implicada en un incremento de los comportamientos agresivos y territoriales, en la reducción de las habilidades lingüísticas, en una mayor competitividad, en más aceptación de riesgos durante el proceso de toma de decisiones y en una menor empatía. También supone un incremento en la percepción de autoeficacia, algo típicamente masculino. De hecho, unos niveles mayores de testosterona prenatal resultan ya decisivos en la aparición de rasgos típicamente masculinos en etapas posteriores. Incluso las diferencias en la conectividad que he mencionado antes —hacia adelante o hacia los lados— parece tener estrecha relación con la testosterona, dado que es más acusada tras la pubertad.

En los asuntos amorosos es donde más podemos notar las diferencias entre hombres y mujeres. Este hecho ha alimentado las novelas, las tragedias y las obras de arte desde siempre, y los científicos lo han estudiado con bastante profundidad. Los hombres tienen menos escrúpulos a la hora de elegir a sus parejas sexuales que las mujeres —recordemos lo dicho sobre la aparición misma de los dos sexos—, y basan su idea de atractivo sexual es cuestiones como la relación cadera-cintura o los rasgos juveniles. Ellas son mucho más complejas en este sentido, pero parece ser que la simetría bilateral y el estatus social son causas relevantes para juzgar el atractivo sexual de los hombres. Esta mayor complejidad puede ser explicada por el mayor coste que tienen ellas a la hora de dejar descendencia.

Mujeres y hombres tienen diferentes formas de gestionar el amor. Por ejemplo, la presencia de oxitocina es más persistente en ellas que en ellos. La oxitocina es una hormona que facilita las conductas filiativas y disminuye la severidad de los juicios morales —su mayor presencia también está relacionada con la superioridad de ellas en la cognición emocional, su mayor respuesta a las conductas de aplacamiento y sumisión, y su habitual respuesta filiativa ante las amenazas. Ellos segregan una cantidad considerable de testosterona durante la primera fase del enamoramiento, aumentando los comportamientos agresivos y la territorialidad con otros hombres. Pese a que la sensación de amor y regocijo ante la presencia de la otra persona se basa en la disminución de la serotonina y en la recompensa de dopamina, la forma y los estímulos que desencadenan estos procesos es diferente en ellos y en ellas.

Y a todo esto…¿quién es mejor?

Somo diferentes, pero ‘diferente’ no significa ni mejor ni peor. La forma que tenemos de comportarnos ha sido evolutivamente complementaria y los cerebros de ellas y de ellos tienen ambos sus pros y contras. Pero entender estas diferencias nos puede ayudar a comprender mejor fenómenos como el mayor gusto por la ingeniería de ellos y por la psicología de ellas, la dificultad de algunas empresa para encontrar mujeres dispuestas a realizar ciertos trabajos —famosos son los casos de ciertas empresas de Wall Street o de puestos de trabajo que implican desplazamientos—, o la baja participación e implicación de las mujeres en algunos eventos históricos —por ejemplo, ellas han sido menos dadas a la violencia, incluso cuando han podido.

También nos ayuda a apuntar mejor los cañones de la lucha feminista. El mundo en el que vivimos ha sido contruído en su mayoría por cerebros masculinos. Quizás esto explique el mayor reconocimiento social de las habilidades propias de sus cerebros, y la mayor recompensa social histórica hacia la falta de empatía y la mayor competitividad. La lucha feminista anterior a estos datos científicos se basaba en la premisa de igualdad sin reforma social —véase el feminismo marxista o las primeras olas—, y se ha podido comprobar que ello no ha sido demasiado efectivo o que no termina de hacer necesariamente a las mujeres más felices.

Cabría preguntarnos entonces: ¿Hay que masculinizar a las mujeres o feminizar la sociedad?

Por Angelo Fasce

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28 comentarios en “Mujeres y hombres: entendiendo las diferencias

  1. Muy interesante el artículo. Me recuerda a las conclusiones del documental “La paradoja de la Igualdad”, de la cadena Noruega NRK:

    Sin embargo, como antes le han dicho otros, se echa en falta fuentes. ¿Puede aportar referencias de los estudios que afirman estas diferencias entre cerebros de distintos sexos?

    Recientemente se ha publicado un estudio que afirma que no hay un cerebro típicamente masculino o femenino (por su anatomía):

    http://news.sciencemag.org/brain-behavior/2015/11/brains-men-and-women-aren-t-really-different-study-finds
    http://www.pnas.org/content/early/2015/11/24/1509654112

    ¿Qué opina?

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    1. Hola Rafael,

      El documental que me pasas me ha parecido realmente interesante. De lo mejor que he visto sobre el tema la verdad. Muchas gracias.

      Por otro lado, los artículos que me comentas lo que dicen es que no es posible hablar en términos absolutos de diferencias sexuales en los cerebros de los sexos. Eso es verdad, y lo digo arriba de hecho. Las características están distribuidas en campanas de Gauss. La diferencia es estadística, y nadie tiene todas y cada una de las característicass. Es como la competitividad, ¿decir que los hombres son más competitivos quiere decir que cualquier hombre va a ser más competitivo que cualquier mujer? No. Habrán muchos casos en los que serán más.

      Respecto a las referencias, yo encantado de pasarte la que quieras. Pero en el texto hay muchos datos. Si me especificas alguno en especial te paso la fuente sin problema. Todos sería el trabajo de una tarde.

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    2. Lo del estudio del cerebro es un claro ejemplo de pésima ciencia, y de tratar de forzar una conclusión motivada por ceguera ideológica por encima de unos hechos que te echan por tierra todo el argumentario, Hay diferencias clarísimas y palpables entre el cerebro de un hombre y de una mujer, y hasta el propio papelucho reconoce que un experto es capaz de adivinar el sexo con sólo mirar el cerebro por encima, ¿Entonces cómo es que afirman lo contrario estos pseudocientíficos de pacotilla que no tienen vergüenza alguna?

      Pues aquí está la trampa: lo que estos “investigadores” llaman “cerebro típicamente masculino o femenino” es una idealización canónica similar al “hombre de vitruvio”, Y para un hombre o mujer particular es imposible ajustarse 100% a este modelo canónico.

      Pero el resultado del estudio es que el cerebro de los hombres se ajusta al modelo del cerebro masculino muchísimo más que al femenino, y viceversa en el caso de las mujeres.

      No es el primer caso en el que los “científicos” manipulan sus propios estudios para llegar a la conclusión opuesta a lo que reflejan los datos. De hecho, es norma general en esa basura putrefacta que la gente llama “ciencias sociales”, coger datos al tuntún, y luego inventarse una interpretación que lleve a tu conclusión cogida de antemano. En el polémico estudio sobre los desnudos femeninos en Hollywood se llega a la conclusión de que ellas se desnudan muchísimo más que los hombres, cuando simplemente leyendo sus datos ves claramente que sucede al revés, y que han tenido que hacer muchísima gimnasia mental para llegar a la conclusión opuesta.

      El “estudio” que dice que las mujeres hablan menos que los hombres en las películas Disney, se basa exclusivamente en el caso de La Sirenita (que se pasa muda casi toda la película) y de Mulan (que se hace pasar por hombre para entrar en el ejército, y no habla para no delatarse).

      El problema es que la universidad está dominada por estos estafadores intelectuales posmodernos y neomarxistas que la usan como vehículo de su propaganda nociva, por lo que es IMPOSIBLE llevar a cabo ciencia en ese antro de perdición: ellos mismos se encargan de destruirte social y laboralmente. No hay esperanza hasta que venga alguien con narices a volcarles las mesas y echarlos a latigazos del templo del saber.

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  2. Me alegra que te hayas metido de lleno en este tema, porque creo que sintetiza perfectamente tu posicionamiento cientifista acerca de lo que, en mi opinión, pertenece al terreno del subjetivismo social.
    En primer lugar, quería debatir sobre la definición que has dado al “ambientalismo”, ya que, discutiblemente o no, esa rama del conocimiento también tiene pretensiones de ser “ciencia social”, lo mismo que la psicología, esto es, que tiene una metodología científica sobre la que apoyar sus conclusiones. En el caso de la antropología, su proceso de alejamiento del modelo ideal le ha acompañado todo el camino, siendo la etnografía su método de investigación (recogida de datos en el terreno, análisis comparativo “cross cultural”…).
    Para empezar con mi respuesta te pondré simplemente dos citas de un genetista y especialista en biología de la evolución, Richard Lewontin:
    La primera servirá para tranquilizarte acerca de su posición, claramente materialsta, a lo que seguirán unos comentarios bastante contundentes sobre el determinismo genético:

    “(…) we have a prior commitment, a commitment to materialism. It is not that the methods and institutions of science somehow compel us to accept a material explanation of the phenomenal world, but, on the contrary, that we are forced by our a priori adherence to material causes to create an apparatus of investigation and a set of concepts that produce material explanations, no matter how counter-intuitive, no matter how mystifying to the uninitiated.”

    “The fallacy of genetic determinism is to suppose that the genes “make” the organism. It is a basic principle of developmental biology that organisms undergo a continuous development from conception to death, a development that is the unique consequence of the interaction of the genes in their cells, the temporal sequence of environments through which the organisms pass, and random cellular processes that determine the life, death, and transformation of cells. As a result, even the fingerprints of identical twins are not identical. Their temperaments, mental processes, abilities, life choices, disease histories, and death certainly differ despite the determined efforts of many parents to enforce as great a similarity as possible. ”

    “[T]he psychic and physical characteristics of human beings, and the differences between individuals, are the consequence of an interaction between the genes that are present in the fertilized egg and the sequence of environmental circumstances that the developing organism experiences during its entire life history. With a few exceptions, like cystic fibrosis where possession of the defective genotype leads ineluctably to the disease, or language acquisition where the language spoken depends only on experience and not at all on genotype, human characteristics are all subject to this interaction of forces. There are, moreover, random events in cell growth and differentiation that are neither genetic nor environmental in the usual sense, and which play an extremely important part in development, especially in behavioral traits.”

    “An important consequence of the unique interaction between internal and external forces … is that knowledge of genetic differences contains no information at all about whether a characteristic can be changed by environmental and social arrangements. The most elementary error about genetics and development is to suppose that “genetic” is the opposite of “changeable” and that an answer to the question “how much can a trait be changed by social, historical, and individual circumstances” is given by an answer to the question “how important are genes.”

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  3. Forzosamente, la interacción entre el conocimiento revelado por la genética y el psicológico, debe pecar de telelógico, por un lado porque los datos revelados por las investigaciones genética vienen a confirmar el sesgo cultural ideológico previo a las mismas (cabe sospechar que, por lo tanto, las técnicas de observación y la interpretación de los resultados estén diseñados para confirmar ese sesgo)
    Los discípulos de Boas consiguieron demostrar ese sesgo, por ejemplo, en la creación, interpretación y clasificación de los test de CI que medían la “inteligencia”, precisamente por no tener en cuenta el factor ambiental (cultural) en los sujetos sobre los que se pretendían medir sus cualidades naturales.

    “To say that genetic differences are relevant to hetero- and homosexuality is not, however, to say that there are “genes for homosexuality” or even that there is a “genetic tendency to homosexuality.” This critical point can be illustrated by an example I owe to the philosopher of science, Elliott Sober. If we look at the chromosomes of people who knit and those who do not, we will find that with few exceptions, knitters have two X chromosomes, while people with one X and one Y chromosome almost never knit. Yet it would be absurd to say that we had discovered genes for knitting. The possession of two X chromosomes causes an embryo, with rare exceptions, to develop into an anatomical and physiological female, while the possession of a Y chromosome leads almost always to male development, and in our culture women are taught to knit while men are not. The beauty of this example is its historical (and geographical) contingency. Had we made the observations before the end of the eighteenth century (or even now in a few Irish, Scottish and Newfoundland communities), the result would have been reversed. Hand knitting was men’s work before the introduction of knitting machines around 1790, and was turned into a female domestic occupation only when mechanization made it economically marginal.”

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  4. ¿La existencia de hombres y mujeres (individuos sexuados) niega la ideología de género, además de la homosexualidad como diversidad sexual valida?

    O sea ¿como es posible que la evolucion actuara sobre hombres y mujeres, creando individuos sexuados de una especie, diferenciandolos, generando atracción entre ellos para que pueda haber reproducción (porque si no hubiera atracción entre hombre y mujer, no habría apareamiento) para que al final digan: “Tu te defines de acuero a como te sientes, no importa si la biología dice otra cosa, eres la expecion a la evolucion, y no importa que como hombre hayan miles de años de evolucion y desarrollo psicologico evolutivo, si te sientes mujer en tu mente, eres mujer”?

    Si la evolucion actuo sobre hombre y mujer, generando el instinto reproductivo, y por lo tanto tb generando una atracción biologica entre estos, como es posible que se diga que un hombre que siente atracción por otro hombre, está bien? ¿No sería lo mismo que ser asexual? ¿No sería lo mismo que nacer sin el instinto reproductivo o tener un instinto alterado?

    ¿Al margen si existe un gen gay, no deberíamos catalogar algo como trastorno o patologia basandonos en la naturaleza del organismo que estudiamos? Me refiero a esto porque la homosexualidad y el hermafrodistismo pueden resultar validas en otras especies, pero en el ser humano un hombe que le atrae otro hombre no resulta en un embarazo.

    ¿Está mal mi razonamiento? Es que el simple argumento de que la homosexualidad no es un trastorno porque no es de por si perjudicial para el indiviuo, me parece endeble. Pues no se toma en cuenta que existen razones biologicas por las que hombres y mujeres nos atraemos, asi es como nos reproducimos y millones de años de evolucion hay de por medio para generar esa atracción y la perpetuación de la especie. O sea es casi como no tener instinto de superviviencia, o tener uno alterado, trastocado que al final impide cumplir el objetivo de la superviviencia.

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    1. D, no sólo está mal tu razonamiento, sino que también lo está tu ortografía, lo cual deja entrever tu cultura. Tu mentalidad es completamente homófoba. Te recomiendo que te tomes la molestia científica de observar la naturaleza. La homosexualidad existe en multitud de especies, por ejemplo, los perros y especialmente en nuestro parientes más próximos: los bonóbos.

      Por último, por favor, no te reproduzcas, le vendrá bien a “la perpetuación de la especie”, ya que el planeta está a rebosar de humanos y gente que eduque a sus hijos con tus prejuicios sobra.

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  5. En algunos de tus artículos criticas con razón algunas pseudociencias, pero tu mismo caes en difundir y defender pseudociencias. El planteamiento determinista tipo Richard Dawkins que asigna a muchos roles y costumbres occidentales una justificación biológica del tipo: esto es porque en épocas primitivas permitía una mejor adaptación, olvida claramente la enorme plasticidad de la conducta y de las culturas humanas. Marco te contesta muy bien y con base científica. Angelo no estaría mal que te leyeras “No está en los genes” escrito entre otros autores por Richard Lewontin, biólogo y genetista. Tampoco estaría mal que te leyeras algún artículo de Evelyn Fox Keller del MIT. El cerebro humano es sumamente complejo y desde Broca existe la tendencia de querer hacer neurociencia simplificando y tomando como base universal los propios prejuicios.

    Por otro lado, vivimos en una cultura de sustrato machista. Vale que ha cambiado mucho en los últimos cuarenta años, pero donde ha habido siempre queda y por tu forma de escribir queda patente que quieras o no tienes normalizados algunos estereotipos machistas, por ejemplo, en el vocabulario uno de tus insultos favoritos es “hijo de puta”. Insulto que para nada es neutro.

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  6. Al principio del artículo metes la pata hasta el fondo, haciendo una grave afirmación pseudocientífica: “siguiendo la lógica del proceso, las hembras son más valiosas para la supervivencia de la especie que los machos, ya que uno de ellos puede fecundar a una gran cantidad de ellas.” No sé que lógica seguirás tú, tal vez la de los documentales donde sale el rey león… pero la lógica en la naturaleza es mucho más variada. Podrías ver un documental donde la abeja reina es la que se aparea ella solita con centenares de zánganos. También, podrías ver documentales de pulpos y meros donde un mismo individuo parte de su vida es hembra y la otra parte se metamorfea en macho. Ya que estamos podríamos ponernos románticos y empezar a ver pétalos y flores, donde machos y hembras se aparean masiva e indiscriminadamente. De todos modos, si buscamos animales parecidos a nuestra especie el mejor de todos es el bonobo y créeme, la vida sexual de las hembras es mucho más activa que la de los machotes. Te dejo un vídeo de carneros y bonobos para que tu visión darwinista social hobbesiana se relaje con un poco de apacible realidad bonobil.

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    1. Hola. Ante todo comentarte que tu tono no es el adecuado para entablar un diálogo, pero de todos modos lo voy a intentar. Antes de tildar algo de pseudociencia hay que saber qué es una pseudociencia. Te puede gustar más o menos lo que dice el artículo, y pueden intentar debatirlo, pero creo que caes en el error de considerar lo que no confirma tu opinión de pseudociencia, y encima lo haces con un tono desagradable.

      Sobre la afirmación de que por la lógica del proceso explicado, las mujeres son más importantes para la superviviencia de la especie, no tiene nada de descabellado. ¿Hay excepciones interesantes desde el punta de vista evolutivo y etológico? Desde luego, pero en lineas generales cuando hay presencia de machos y hembras, la proporción de hembras es la que determina el número de descendientes. Si el número de machos es tan bajo que la tasa de acumulación de mutaciones perjudiciales recesivas por “incesto” de la prole pone en riesgo la superviviencia de las crías, entonces ese es otro cantar. O si hay sexos variables (el rol de hembra macho cambia con el tiempo) hay que tener en cuenta ese hecho, pero la afirmación de que el número de hembras es más determinante que el de machos para la superviviencia no es ninguna tontería, y mucho menos pseudociencia.. ¿Debatible? Tal vez, pero en lineas generales bastante acertada. Caes en el error de confundir el rol del coito con las probabilidades de descendencia, y no hay que olvidar que la eficacia biológica se mide en el número de descendientes. Si el rol del macho ayuda a aumentar ese número son igualmente relevantes, como ocurre en los animales que forman parejas estables de cría y no se reproducen si no se da esa situación (como ocurre en muchos pájaros). Si no se forman parejas de cría y la hembra se ocupa de la cría, o las crías se ocupan de ellas mismas sin necesidad de organismos parentales, entonces el número de hembras es mucho más relevante para la supervivencia de la especie que el número de machos (como ocurre en muchos anfibios, en la gran mayoría de insectos, y en la gran mayoría de organismos del reino animal). También podríamos hablar de plantas que tienen un solo sexo y hay machos y hembras, donde la situación viene a estar también determinada por el número de hembras y el riesgo de acumulación de mutaciones es por norma general menor. Pero en lineas generales el comentario de Angelo es correcto aunque matizable para algunas situaciones.

      Ahora bien, como te habrás dado cuenta estás en La venganza de Hipatia, y no en Science o Nature. Este es un blog generalista para un público amplio. Si se te queda corto para tus amplios conocimientos, en contra de faltar al respeto podrías frecuentar otros lares.

      Espero que mis comentarios te hayan ayudado a entender que, en lineas generales, este artículo no dice ninguna tontería, y mucho menos algo catalogable de pseudociencia. Pero has de entender que un ejercicio de divulgacióncientífica requiere, en algunos casos, de una simplificación.

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      1. Para ponerte en contexto de mi “intervención” en este blog. He llegado a este artículo a través de otro titulado “¿Por qué la posmodernidad es una fábrica de imbéciles?” en el cual Ángelo dice la siguiente estupidez “La explicación biológica consiste en que los hombres ganamos mucho evolutivamente con la toma de decisiones de alto riesgo al reproducirnos al por mayor y ser bastante más prescindibles para la especie que las chicas” y enlaza este artículo de “mujeres y hombres”, es decir, dice tonterías y las hace pasar por ciencia. Quien liga reproducción a un montón de cosas, es decir, quien confunde y mezcla explicaciones es Ángelo (que por lo visto “se reproduce al por mayor”) y no yo (que practico el sexo sin intención de reproducirme).

        Fernando, espero que esta aclaración te ayude a comprender el contexto y tono de la polémica con Ángelo.

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  7. ¿La biología es una ciencia? Sí, pero… ¿Todo lo que tiene la etiqueta “biología” es una ciencia? ¿Es la biología social una ciencia? Con la etiqueta biología cuando se mezcla con sociología, psicología y antropología fácilmente llega a pasar lo mismo que con los conceptos neuro, bio y eco, es decir, no es oro todo lo que reluce ni es ciencia todo lo que así se etiqueta.

    Los conceptos especializados pueden deslumbrar… Una cosa es una descripción física y química de los cerebros y otra bien diferente es interpretar y relacionar esas descripciones con supuestos conceptos culturales, morales y psicológicos con pretensión de universales. Aquí es donde se cae en la pseudociencia. Hablar de la química y la física del sistema nervioso está bien pero ligarlo al “enamoramiento” (como se hace en el texto de Ángelo) como un universal humano con una química universal ligada a unas actitudes universales es rozar el ridículo y demostrar una ignorancia en los datos históricos y antropológicos. ¿Enamoramiento? ¿Es un concepto de la física o de la química orgánica? Concepto metafísico, volitivo y subjetivo dirían los positivista del círculo de Viena. Etnocéntrico dirían gran parte de los estudios antropológicos posteriores a la segunda guerra mundial. ¿Hay enamoramiento en un matrimonio concertado? ¿Hay enamoramiento con un estríper? ¿Hay enamoramiento si no hay tendencia a la territorialidad y agresividad por parte del varón (el texto parece indicar que estás son características del enamoramiento)?

    No hay ningún problema en debatir sobre opiniones o sobre “hipótesis no contrastadas” pero cuando alguien habla de “datos científicos” como lo hace Ángelo en este artículo hay que tener mucho cuidado, porque es ahí donde se hace pseudociencia.

    El blog de la Venganza de Hipatia machaca con razón a los psicomagos, freudianos y otras corrientes de la psicología poco serias, pero en este artículo cae en una falta de rigor metodológico. Lo humilde es decir: estamos estudiando los cerebros humanos, órganos sumamente complejos, hemos visto algunas cosas, que son datos científicos objetivos, pero a la hora de interpretar los estados físicos y químicos y relacionarlos con las realidades culturales y conductuales tenemos serios problemas. Atención: cuando se interpretan los sistemas nerviosos relacionándolos con las conductas sociales y pensamientos complejos nos metemos en un laberinto en el cual todavía queda muuucho por estudiar y mucho de lo que se ha dicho en el pasado ha sido desmentido y demostrado como falso… La neurociencia es una ciencia inmadura, está madurando, pero todavía le queda un largo camino por recorrer. Reconocer donde están los límites entre lo que se sabe y lo que nos gustaría saber es reconocer donde están los límites entre los hechos conocidos y las opiniones pseudocientíficas, por ejemplo el caso del darwinismo social racista del siglo XIX y XX que en su día se pretendía científico y hoy lo vemos como pseudocientífico. La Venganza de Hipatia ha criticado las pseudociencias, eso está bien, pero criticar las pseudociencias no os hace invulnerables en todo momento a ellas.
    Respecto al tono de mi crítica: cuando se acusa al postmodernismo en general de fábrica de imbéciles o cuando una feminista importante como Simone de Beauvoir es criticada visceralmente, como se ha hecho en el blog de la Venganza de Hipatia puede pasar que un postmoderno se os cabreé como es el caso. Hay diversas versiones del postmodernismo, es un concepto bastante difuso. Hay una versión relativista extrema y si se quiere imbécil, pero hay otras más moderadas. Postmodernismo es reconocer que mucho de lo que lleva la etiqueta ciencia no lo es. Atento: no todo postmoderno te va a decir que la física y la química no son ciencias objetivas, de hecho eso pocas veces se oye. No todo el postmodernismo es new age; postmodernismo también es un poco de positivismo al que le revientan los oídos los discurso ideológicos que se hacen en facultades como las de economía, derecho, sociología, criminología, psicología, arquitectura (Calatrava y César Mísfut) e incluso algunas especialidades de la biología como la social-antropológica (E.O. Wilson y Richard Dawkins en El gen egoísta). Así que el tono de la crítica es el adecuado: nos llamáis imbéciles, pues… tomad un poco de vuestra propia medicina.

    1+1=2 es una verdad matemática objetiva. Una molécula de agua está formada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno es una verdad científica objetiva. Hacer pseudociencia es decir como se dice en este artículo que “las preferencias a la hora de elegir los juguetes y los juegos es algo bastante estudiado. Las niñas son capaces de construir historias más complejas y prefieren colaborar a competir. Las hormonas sexuales son las responsables de estas diferencias, siendo el efecto de la testosterona especialmente esclarecedor”

    El que una niña tenga muchas probabilidades de disfrutar con una barbie puede tener un componente genético, pero tiene un componente cultural y de marketing mucho más grande. La barbie es un producto nada natural y hay campañas publicitarias destinadas a las niñas. ¿Niño azul y niña rosa es genético o son estereotipos culturales? ¿Por qué no nos regalaron a los chicos una barbie con tres años? ¿Genética o machismo normalizado?

    El artículo empezaba bien reconociendo que hay un debate entre ambientalistas y deterministas genéticos, en el cual hay que intentar situarse en un punto medio, pero zaaaas a continuación Ángelo se posiciona en el determinismo genético que explica como natural, hormonal y universal lo que es cultural. El texto de Ángelo insinua que es la genética y las hormonas las que hacen a “la ingeniería como preferencia masculina y a la psicología como femenina”. ¿Wall Street de machos por genética y hormonas?… Pretender que hay un determinismo genético en esto es simplificar y por las mismas cualquier hecho histórico estaría genéticamente determinado..

    Un detalle, además, de adaptarnos al medio cultural o de tener condicionamientos genéticos y biológicos, los seres humanos también podemos modificar nuestro medio cultural, social y ecológico. Es decir, podemos llegar a educar a los niños para que jueguen con barbies y rechacen las pistolas. .

    En el artículo se dice: “Ellos segregan una cantidad considerable de testosterona durante la primera fase del enamoramiento, aumentando los comportamientos agresivos y la territorialidad con otros hombres. Pese a que la sensación de amor y regocijo ante la presencia de la otra persona se basa en la disminución de la serotonina y en la recompensa de dopamina, la forma y los estímulos que desencadenan estos procesos es diferente en ellos y en ellas” ¿Quienes son ellos y en que contexto? Las conductas sexuales humanas son extremadamente plásticas y diversas. Somos humanos no ciervos.

    “Las diferencias cerebrales de los sexos son la base de muchas de nuestras diferencias conductuales, y las hay tanto morfológicas como funcionales” También se puede decir justo al revés, las conductas y educación diferentes crean conexiones neuronales diferentes. El cerebro humano tiene miles de millones de conexiones neuronales y estas dependen no sólo de nuestra genética, sino también de nuestra cultura y experiencia.

    En el texto se hace una breve mención a los coeficientes inteléctuales (CI). Dichos test han sido criticados profundamente por los fraudes y teorías pseudocientíficas sobre los que surgieron y por los fraude y teorías pseudocientíficas que sobre ellos se han construido en los últimos 100 años.

    Por último, en el texto se dice “la explicación evolutiva basada en la teoría de juegos explica también que el sexo por defecto en las especies que emplean reproducción sexual sea el femenino, y también que la tendencia habitual sea una mayor presencia de hembras que de machos en las especies”. ¿Qué teoría de juegos? ¿La de la procapitalista London School of Econics?¿Mayor presencia de hembras? Pues en los seres humanos va a ser que no, más o menos somos 50% cada género. ¿Un macho intentando fecundar a numerosas hembras? En los humanos desde luego no como universal cultural.
    En conclución: este artículo está a medio camino entre la biología molecular (seria), las descripciones del sistema nervioso y neuronal (serio), la psicología (menos seria) y la antropología y la sociología evolutiva (etnocéntrica y pseudocientífica). Se escoge un grupo de individuos con unas características determinadas de tipo social, se estudian sus encéfalos y si se encuentra alguna característica especial se dice que el objeto de estudio es así porque tiene el encéfalo así y si el encéfalo es así es porque genéticamente se está determinado. Se crea un vínculo entre actitud, encéfalo y genes. Por último, se inventa una explicación evolutiva del porque de esa actitud. Se mete todo 20 minutos en el horno y ya tenemos una pseudociencia.

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