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La ciencia de cuando dormimos

Los seres humanos a veces hacemos cosas muy raras. Nos quedamos durante horas mirando fijamente una pantalla, sangramos una vez al mes —bueno, la mitad, más o menos— y nos quedamos en una especie de animación suspendida durante unas 8 horas al día. Vemos lo de dormir como algo bastante normal pero si lo piensas bien, ¿no es raro? Estamos hablando del 30% de nuestras vidas tumbados aparentemente sin hacer nada, a merced de depredadores y de amigos cabrones. Vamos a ver lo que se esconde detrás de este extraño comportamiento.

Los que padecemos de insomnio —yo, personalmente, padezco de un insomnio crónico terrible que a veces me impide hacer vida normal— sabemos apreciar las bondades de una noche bien dormida. Ese despertarse por la mañana y sentirse un ser humano de verdad, en lugar de un espectro que arrastra su cuerpo un día más por este mundo. En estas líneas me propongo desentrañar los misterios del sueño, así como su funcionamiento y funciones.

¿Por qué muchos animales dormimos?

En ciencia se suelen contemplar dos tipos de causas para las cosas: las próximas y las últimas. La razón próxima de dormir cuando dormimos es tener mucho sueño. Porque tener sueño es una sensación realmente horrible y arrojarse a los brazos de Morfeo uno de los mayores placeres de esta vida. La razón última, en este caso, serían las causas evolutivas por las cuales este comportamiento ha sido seleccionado. Los biólogos evolutivos se han preguntado durante mucho tiempo acerca de las razones que han hecho que aquellos individuos que dormían tuvieran ventaja sobre los que no lo hacían.

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Presión evolutiva para no dormir

Por sorprendente que parezca, la respuesta a esta pregunta es un auténtico misterio. Se han formulado varias hipótesis. Una de ellas elucubra que es posible que dormir por la noche nos mantenga a salvo de los depredadores. Al fin y al cabo, somos seres diurnos y a oscuras nos podría masacrar cualquier otro animal adaptado a ese entorno. Pero esta idea de que por las noches, en términos evolutivos, estamos mejor refugiados que dándolo todo de fiesta, no ha sido suficientemente estudiada como para que deje de ser una simple hipótesis. Es posible, y sólo posible, que la mayor incidencia del sueño en especies con habilidades cognitivas potentes sea una forma de alejarlos de su propio aburrimiento y curiosidad, porque quizás a la larga acabamos saliendo de nuestro escondite para echar un vistazo. Al fin y al cabo la curiosidad mata al gato, pero no si el gato está dormido.

La segunda razón que se ha propuesto para la eficacia evolutiva del sueño es que tenga una función realmente vital a la hora de recuperar fuerzas, reparar cosas en el cerebro, consolidar las experiencias o regular la homeoestasis y la temperatura corporal. Parece una idea intuitiva, ¿verdad? El problema es que aunque sí es cierto que una mayor capacidad cerebral tiene correlación con un ciclo de sueño parecido al nuestro —de hecho, compartimos la misma forma de dormir con el resto de mamíferos y con algunas aves—, muchos otros animales parecen poder vivir perfectamente sin dormir. Incluso dentro de nuestro entorno biológico hay casos especiales como los mamíferos acuáticos —ballenas, delfines, manatíes—, que duermen muy raro porque tiene que estar saliendo a respirar; o ciertas especies muy vulnerables que duermen casi en estado de alerta. Ninguno de ellos parece especialmente afectado por ello —de hecho, la diferencia en el gasto energético entre dormir y no dormir es minúscula: no supera el 7%.

Hoy en día sabemos que el sueño sí es importante, y que durante el mismo llevamos a cabo procesos de relativa importancia. Pero para que la evolución seleccione un comportamiento tan radical como este los procesos implicados deben ser realmente vitales. La forma de contrastar experimentalmente esta idea es bastante sencilla: vamos a privar del sueño a algún pobre desgraciado en un laboratorio y vamos a ver qué tan jodida se pone la cosa para él.

Estos experimentos se han hecho muchas veces, con resultados paradójicos y sorprendentes. De media, si a alguien que quiere dormir lo mantienes despierto a la fuerza aguantará entre 2 y 4 días hasta que sus funciones cognitivas se vean seriamente afectadas. Alucinaciones, humor muy oscuro y niveles altísimos de estrés serán las consecuencias típicas. Sabemos que pasado ese tiempo los individuos suelen incluso morir. Sin embargo, el récord de no dormir está establecido en 11 días y parece que cualquiera puede conseguirlo. ¿Cómo es esto posible? Bueno, aquí la clave está en lo que uno quiere o no quiere hacer. Si uno realmente no quiere dormir parece ser que casi no hay límite para ello.

El primero en llegar a los 11 días fue Randy Gardner. Un tipo que parece haber tenido una vida tan insulsa como para querer demostrar al mundo que “los problemas no suceden por no dormir” —nunca he llegado a entender el interés o el sentido de lo que quería probar. Randy, salvo algunos episodios aislados que no fueron demasiado interesantes para los médicos que lo acompañaron, no resultó demasiado afectado por no dormir. Evidentemente, no estaba para ganar el mundial de ajedrez, pero llegó a ganar al pinball a su médico el décimo día y ofreció una rueda de prensa el onceavo estando bastante lúcido. Eso sí, tuvo un mal humor de los mil demonios durante buena parte del experimento. Parece ser que durante la horrible privación involuntaria del sueño la gente no se ve afectada debido a no dormir, sino debido al altísimo estrés al están sometidos. Por todo lo dicho, la razón última de dormir sigue siendo un misterio para la ciencia.

Lo que hacemos cuando no hacemos nada

Intuitivamente solemos pensar que cuando dormimos el cerebro se apaga, pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que estar dormido es un estado cerebral diferente a estar despierto, pero no por ello el cerebro está suspendido. El ritmo de actividad, de hecho, es sorprendentemente alto. Nuestras necesidades respecto a las horas de sueño cambian a lo largo de nuestras vidas. Los neonatos necesitan unas 17 horas para sentirse descansados, los adolescentes unas 9, los adultos unas 7-8, y los ancianos se las pueden apañar bastante bien con 6. Si uno ha visto el ambiente desolador de una clase de secundaria a las 8 de la mañana no se sorprenderá por este dato. Pero los adolescentes no están así por ser unos vagos —o, bueno, digamos que no solo por eso—; es que los pobres necesitan dormir más que los adultos.

El sueño es regulado por el ‘ritmo circadiano’. Los detalles neurológicos y bioquímicos de este ritmo son bastante complejos, aunque vale la pena comentar algunas cosas para maravillarnos con las ingeniosas soluciones que es capaz de desarrollar nuestra chatarrería cerebral. Los seres humanos tenemos nada más y nada menos que tres relojes internos. Uno de ellos regula los ritmos adquiridos en el día a día —por ejemplo, nuestra hora de ir al trabajo o la hora a la que es habitual irse a dormir en nuestro país. El segundo estipula un ritmo fijo que normalmente suele exceder por poco las 24 horas. Nuestro cuerpo está preparado para tener determinados ciclos estereotipados durante esas horas, siendo la temperatura corporal el más estudiado —el pico de baja temperatura a lo largo del día la tenemos justo antes de dormir.

Por último, hay un tercer reloj que es el central y el que pone en hora a los demás. Este es regulado por los niveles de luz en el ambiente y se encuentra en un lugar del cerebro llamado ‘núcleo supraquiasmático’. Este núcleo está justo encima del quiasma óptico, que es una especie de intercambio vial a partir del cual los nervios ópticos —que llevan la información visual desde los ojos hasta la corteza visual para ser procesados— toman la dirección que deben tomar. El núcleo supraquiasmático mide cuánta luz hay en la información que envían los ojos y manda a su vez esa información al hipotálamo. El hipotálamo es una estructura súmamente antigua que regula nuestros niveles hormonales y placeres tan básicos como el sexo o el sueño. Esta estructura va regulando los niveles de una neurohormona —una hormona que sirve como tal y como neurotransmisor— llamada ‘melatonina’, que es la encargada, entre otras muchas cosas de bastante importancia, de que tengamos más o menos sueño. La melatonina se sintetiza empleando determinados genes que se expresan y dejan de expresar a lo largo del día, lo cual quiere decir que los niveles que tengamos dependen tambien de nuestra capacidad genética para producirla. Ello explica que haya gente a la que le cuesta muy poco dormirse y otra para la que es un proceso más arduo.

Cabe mencionar dos cosas en este proceso. La primera de ellas es que parece ser que los niveles de melatonina tienen un umbral crítico. Esto quiere decir que nuestro cuerpo tiene dos formas de estar en el mundo respecto al sueño: despiertos o dormidos. Por esta razón luchar contra el sueño es tan terrible, dado no estamos preparados para estar en ese estado intermedio. Hay que pensar que el dormir ha sido seleccionado cuando no éramos animales cuturales, y que en condiciones de cazadores-recolectores cuando a la gente le entra el sueño se duerme sin más. No hay trabajos que entregar al día siguiente ni aburridos cumpleaños a los que acudir. Por ello vivir en un estado de somnoliencia es tan estresante y, por lo tanto, depresivo. Si tienes sueño: duérmete. Es mejor para la salud saber gestionar bien las horas del día que alargarlo tontamente.

Lo segundo por comentar del ritmo circadiano tiene que ver también con la cultura en la que vivimos. Si el ciclo se regula según la luz solar, ¿qué pasa con la luz artificial? ¿Y con las largas noches nórdicas? Pues pasa que son muy malas en relación al dormir. La luz artificial desregula los niveles de melatonina y nos hace trizas los ciclos del sueño. Es curioso, pero es especialmente dañina la luz blanca que está tan de moda ahora en las teletext004ciudades desarrolladas. La luz amarilla de toda la vida era mejor. Y, sí, la luz de las pantallas de ordenador y de los teléfonos móviles es de lo peor que puedes hacer a partir de cierta hora si quieres dormir bien —junto a ponerte a pensar en tus exnovias. Lo mejor es que nuestra casa se mantenga en niveles de luz no muy estridentes por la noche. Respecto a los nórdicos, cuando tienen largas noches los trastornos del sueño se disparan, los casos de depresión aumentan y las visitas a la soleada y alegre España se multiplican. No es que de extrañar que las tasas de depresión del norte de Europa sean muy altas, y que todo nórdico que se valga sueñe con una buena jubilación en Mallorca.

Trastornos, sueños y emociones

El sueño no es algo homogéneo, sino un conjunto de diversas fases divididas entre el ‘sueño paradójico’ y el ‘sueño no paradójico’, que se repiten en ciclos de 1 hora y media durante la noche. El no paradójico va desde la primera fase de sueño ligero hasta una tercera fase de sueño algo más profundo. Estas fases son un poco aburridotas de explicar, pero su importancia radica en que son las causantes de que nos sintamos reparados al día siguiente: cuando se ven afectadas sentimos mucha somnolencia. Parece ser, pues, que es la parte del sueño que supone un verdadero descanso y cuando nuestro cuerpo se dedica a poner a punto la maquinaria.

La fase restante, la cuarta y más profunda, es el sueño REM. Es llamada ‘sueño paradójico’ porque en ella observamos una actividad cerebral que puede llegar a ser incluso superior a la de la vigilia. En esta fase experimentamos violentos y rápidos movimientos oculares llamados ‘movimientos sacádicos’ y tenemos un comportamiento extraño y fascinante que compartimos con otros animales: soñamos. Entramos en un mundo onírico en el que todo es posible debido a que las áreas que regulan el razonamiento lógico están desactivadas. Cuando soñamos se activan tanto las áreas visuales y auditivas —los ojos incluso se mueven como si observáramos lo que soñamos—, como las áreas emocionales y las implicadas en la memoria episódica —especialmente el hipocampo. Los sueños, de hecho, hacen que nuestro cerebro se active de manera muy parecida a como se activaría si vivéramos los acontecimientos en la realidad. Por eso nos despiertan emociones y experiencias tan potentes.

La consecuencia directa de todo esto: hay que decirle al tronco del encéfalo que corte relaciones con la médula espinal para que el cuerpo no actúe en relación al sueño, como le sucede al perro del video —al pobre Bizkit sus dueños le han tenido incluso que comprar un casco, porque le pasa mucho. Esto explica la terrorífica experiencia que algunos hemos tenido al despertarnos durante el sueño REM y no poder movernos. El tronco necesita a veces algo de tiempo para restaurar el intercambio de información entre el cerebro y el resto del cuerpo.

Los sueños han sido profusamente estudiados por la ciencia y parecen estar vinculados con los mecanismos de consolidación de la memoria a largo plazo y con el estado de ánimo. Así que ya podemos ir dejando de lado los delirios psicoanalíticos según los cuales son una forma de comunicación con nuestro insconsciente, que nos dice así lo mucho que queremos acostarnos con nuestra madre y lo mucho que envidiamos el pene de nuestro hermano. Todos soñamos aunque no lo recordemos al día siguiente, y no tienen nada que ver con una supuesta sexualidad barroca o con pulsiones de muerte —al menos los aburridos.

Solemos soñar con las imágenes, sonidos, emociones y experiencias que hemos tenido a lo largo del día. Parece ser que esto se debe a que esas imágenes están pasando al repositorio a largo plazo de la memoria mediante un proceso llamado ‘potenciación a largo plazo’, llevado a cabo en el hipocampo. De hecho, la memoria era una de las cosas que tenía afectada Randy durante sus 11 días despierto. A nivel emocional también parecen ser muy importantes. Hay bastante evidencia a favor de que el sueño REM regula la valencia emocional de algunas experiencias —es decir, hace que tengamos una actitud más positiva ante determinadas cosas después de despertarnos que antes de dormir. Mañana será otro día, como se suele decir. Esta idea es muy importante en varios sentidos. Primero que nada, porque un buen sueño REM está directamente implicado en una actitud más positiva ante la vida. La gente con depresión lo tiene seriamente afectado y los insomnes van hundiéndose en sus problemas poco a poco. De hecho, a día de hoy se están desarrollando antidepresivos que fomentan la síntesis de melatonina tratando de dar pie a mayor sueño REM, y se llegan a realizar ‘curas de sueño’ en algunos casos.

En segundo lugar, esto explica también que la temática de los sueños vayan cambiando a lo largo de la vida. Normalmente soñamos con lo que tenía una valencia negativa antes de irnos a dormir: lo que nos preocupa, estresa o pone tristes. Hay ciertos patrones universales en la temática de los sueños, muy bonitos para ver cuáles son las preocupaciones básicas de todos los seres humanos a lo largo de la vida. Nos parecemos más de lo que pensamos. Esto explica en buena medida las pesadillas, pero también el a veces perturbador comportamiento de los sonámbulos. Si solemos soñar con nuestras preocupaciones y en ocasiones falla el mecanismo que hace que el cuerpo se desconecte del sueño —como le pasa a Bizkit—, podemos llegar a hacer cosas muy extrañas en sueño REM. De hecho, se han dado casos de asesinatos perpetuados por gente dormida. Simplemente soñaban que mataban a alguien que les preocupaba y lo hacían. Incluso existen sentencias judiciales que han tenido en cuenta este fenómeno tan difícil de probar, porque estas personas afirman no ser capaces de recordar nada de lo ocurrido y, en caso de decir la verdad, su culpabilidad es nula.

Soñar puede ser una experiencia muy inspiradora e inquietante. Por ello los sueños han alimentado tanto nuestras mitologías como la literatura y la historia del arte:

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Comentarios finales

El 30% de nuestra vida es mucho tiempo, y quizás deberíamos comenzar a tomarnos en serio esto de dormir. En España tenemos uno de los niveles más bajos de calidad del sueño de toda Europa. Suelen aparecer frecuentemente noticias respecto al problema que tenemos entre los horarios laborales y la conciliación familiar. Pero también tenemos uno serio entre estos, el horario de prime time televisivo y la surreal situación que vivimos con la zona horaria, en relación a la mala calidad de nuestro sueño. Los horarios laborales que tenemos son una locura que tenían sentido cuando dormíamos la siesta, pero hoy en día deberíamos intentar modificarlos por un horario intensivo más normal. El prime time español es otra barbaridad. ¿Cómo es posible que los programas de máxima audiencia acaben a la 1 de la madrugada si tenemos que despertarnos a las 6 o 7? Y la zona horaria también es otro despropósito, dado que la nuestra es la de Londres pero seguimos usando la alemana como residuo del franquismo. Algo realmente increíble. El resultado de todo esto, junto a nuestro estilo de vida mediterráneo de trasnochar mucho y darle bastante a la juega, hace que nuestros vecinos no dejen de preguntarse cuándo duermen los españoles. Habría que pensar en afrontar este problema, porque repercute tanto en nuestra calidad de vida como en nuestra productividad laboral. Pero, lamentablemente, ningún partido parece dispuesto a tomárselo en serio.

Por último, remarcar que los trastornos del sueño como el insomnio, la narcolepsia, la apnea obstructiva, la hipersomnia o los trastornos del ritmo circadiano son cosas serias. No sólo pueden afectar a nuestra salud, sino que aquellos que las padecen merecen la comprensión y el apoyo de los que los rodean. Hoy en día, gracias a la investigación, existen fármacos y tratamientos de diverso tipo para todas estas afecciones. Eso sí, no te pases de travieso con las pastillas para dormir que son adictivas y tienen efectos secundarios jodidos.

Por Angelo Fasce

8 comentarios en “La ciencia de cuando dormimos

  1. ¡Hola! Muy buen artículo.
    Quedó en el tintero algo que parece muy raro cuando uno tiene un sueño que le parece muy largo, y que es que se dice que los sueños duran unos pocos segundos. Supongo que la percepción del tiempo puede estar muy alterada al dormir, pero pregunto: ¿es eso cierto?

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    1. Hola Diego. Tu pregunta es muy interesante. Parece ser que la relación entre el tiempo real y el de los sueños es variable, pero suele ser de 1:1. Sé que se han hecho intentos de medirla cruzando los datos de los sueños con los movimientos de los ojos de los soñadores y las RMf, y los cálculos llegaron a la conclusión de que el tiempo era el mismo. Pueden haber casos especiales de sueños que parecen haber sido horas, pero en general parece ser que los tiempos son equiparables.

      Estos experimentos se hacen dejando a la gente durmiendo en un laboratorio del sueño y cuando entran en REM los despiertan y les preguntan qué estaban soñando, cuánto tiempo ha durado y tal. Es una buena jodienda, pero debe ser también toda una experiencia.

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  2. Se ha puesto ahora muy de moda antes de acostarte ver vídeos de ASMR, que a mi me suena a palabrería pseudocientífica, aunque me gusta ver esos vídeos por relajantes, como los del sonido de lluvia.

    ¿Qué opinas al respecto?

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    1. Lo del ASMR es una de las cosas más raras que he podido leer por ahí. No me parece una locura para nada, pero la descripción del fenómeno es muy ambigua. A veces se describe como un hormigueo, otras como mera relajación y otras como una parafilia (hay gente que asegura sentir algo parecido a orgasmos y excitación sexual). A mi los videos de ASMR me resultan muy relajantes y a veces me he cruzado con alguno de alguna chica atractiva susurrando, pero de ahí a excitarme hay un buen trecho. De todos modos hay gente muy sensible y los susurros supongo que pueden ser sugerentes.

      Facilita mucho el dormir la relajación muscular y mental, y para relajarse cada cual es un mundo. Habrá gente que se relaje con el sonido del viento o de las hojas, otra escuchando la televisión o teniendo una conversación. Si alguien se relaja con estas cosas pues adelante oye, faltaría más. Pero que no cuentes cuentos de estimulación bilateral y lo conviertan en una neurotontería.

      Eso sí, hace falta investigar más y es pura relajación y sugestión, nada de trances raros.

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