El psicoanálisis, ni ciencia ni terapia

Todos hemos visto películas en las que un señor/a con algún tipo de padecimiento indeterminado acude a la consulta de otro señor/a, se sienta en un diván y habla durante una o dos horas mientras el terapeuta, con gesto serio, hace anotaciones y alguna pregunta corta mientras muerde las gafas coquetamente. Y es que esa es la metodología básica de esta práctica pseudoterapeutica, la ‘asociación libre’. Esto es, hablar lo primero que le venga a uno a la cabeza frente a alguien que toma la posición de Dios -su silencio, sobre todo- y que decide cuándo estamos enfermos y cuándo sanos.

Antes de comenzar a analizar si es psicoanálisis sirve para algo, o si constituye realmente parte del corpus de conocimiento científico, quisiera hacer algunos comentarios preliminares.

El concepto de placebo es bastante sencillo de explicar en el caso de fármacos o para dolencias que presentan una etiología fisiológica bien definida. Cuando se contrasta la eficacia de un fármaco en una prueba de doble ciego -y así suele hacerse, sobre todo en modelos animales- uno de los grupos es evaluado con la administración de algo que luce exactamente igual que el fármaco, pero que no contiene el principio activo. En el caso de terapias que no emplean fármacos, el proceso es el mismo. Aunque en este último caso se emplean desde asiáticos que no tienen ni idea de hacer acupuntura, hasta masajistas que se hacen pasar por reflexólogos.

No hemos de olvidar que el efecto placebo es un fenómeno real, estudiado y explicado por la ciencia. Un placebo habitual supone una reducción de la percepción de los síntomas -que no necesariamente su remisión-, y normalmente tiene lugar por efecto de la liberación de opioides endógenos o de descargas de dopamina ante el horizonte de expectativas de ser curado. Recordemos que la administración de un fármaco, si se hace bien, ya incluye el placebo, pero a su efecto se le suma el del principio activo que contiene.

La psicología es una ciencia especialmente difícil, y con el tema de los placebos no iba a ser diferente. Realmente cuando decimos ‘placebo’ en psicología estamos haciéndolo metafóricamente, dado que no se trata del mismo proceso al que estamos habituados en otros casos. Aquí no nos referimos específicamente a la liberación de ningún neurotransmisor, sino a la sensación de estar siendo ayudado por alguien. Todo psicoterapeuta -o supuesto psicoterapeuta- tiene ya de entrada ganado el efecto placebo, al igual que lo tiene un amigo que nos eche una mano y nos escuche. Pero en este caso para probar la efectividad real de un tratamiento psicológico debemos evaluar que la técnica específica que emplea el terapeuta suponga un aumento en la efectividad de la terapia por encima de lo que puede hacer nuestros bienintencionado amigo.

¿Qué es esa cosa llamada psicoanálisis?

El psicoanálisis fue inventado por Sigmund Freud entre finales del XIX y principios del XX. Freud estuvo bajo la influencia de Charcot y sus estudios sobre la histeria empleando hipnosis, y de Breuer y su método catártico. El psiconálisis ha sido desde sus orígenes tanto un modelo teórico que pretende explicar el funcionamiento de la mente humana como un tipo de psicoterapia basada en ese modelo. Pese a la enorme cantidad de diversas ramas, grupos y derivaciones que existen entre sus adeptos, el núcleo duro sigue siendo el mismo desde su fase inaugural de la mano de Freud.

El psicoanálisis se basa en dos ideas que son bastante simples, aunque sean capaces de enredarlas hasta niveles extremos -y si no me creéis os animo a mirar alguno de los libros de Lacan, especialmente esos textos logorreicos en los que habla de la topología de los penes sin ton ni son, haciendo llorar a cualquier matemático competente.

La primera idea es que hay tres estratos diferentes dentro de la mente: el consciente, el preconsciente y el inconsciente. Todos entendemos intuitivamente que hay cosas de las que somos conscientes, cosas de las que no, pero de las que podríamos serlo eventualmente, y otros eventos mentales de los que simplemente no nos percatamos. Hasta ahí todo bien, Freud tenía razón, como cualquier niño que piense sobre este tema un rato también lo tendría. Aunque luego veremos que la forma que tiene Freud de caracterizar el contenido del inconsciente es el árbol que creció torcido en el psicoanálisis desde el principio.

La segunda idea básica intenta explicar la personalidad de las personas. Para ello habrían tres niveles de análisis: el Yo, el Ello y el Superyó. El Ello sería la base del individuo, la parte más antigua y fundamental. Su naturaleza es inconsciente, y está formado por los pensamientos, deseos y ‘pulsiones’ -palabra que no tiene ningún sentido científico, unicamente filosófico- que estarían en lo más profundo de nosotros -y no hablamos exactamente de comer o de tocarnos con la lengua esa heridita del labio, aquí hemos venido a hablar de sexo. El Ello sería una especie de ser libre ajeno a las consecuencias de sus acciones. El niño caprichoso e individualista que viviría en todos nosotros.

El Superyó sería el reverso tenebroso del Ello. Las normal morales y las reglas sociales que pondrían freno a sus apetencias descarriadas. El Superyó sería construido por la sociedad, la cultura, la educación, la familia, etc., y básicamente es represivo. Finalmente tenemos al Yo, que constituye la parte consciente de nosotros. El Yo sería la imagen que proyectamos tanto para los demás como para nosotros mismos. Sería, básicamente, el Ello pasado por el filtro del Superyó.

Hasta aquí todo es bastante simplón, pero la fiesta viene ahora con lo que construye Freud sobre este modelo de la naturaleza de la mente. Como hemos visto, estaríamos formados por tres niveles diferentes, aunque estos niveles no conformarían una unidad que trabaja de forma articulada. Al contrario, vivirían en continua guerra. El Ello y el Superyó se llevan a matar. El Yo no sabe ni que existe el Ello y a veces no es conciente de las consecuencias del Superyó. El Superyó tiene que reprimir al caprichoso Ello, que es una especie de homúnculo que lucha por salir a la superficie de la conciencia. Un duendecillo maligno que nos dice que quememos cosas.

Y eso último sería la causa de los trastornos mentales: la represión -término robado de la física, que comienza esa larga tradición psicoanalítica de descontextualizar el vocabulario científico. Un enfermo mental sería un individuo cuyo Ello no para de molestar, con un Yo que se escandaliza y recurre a mecanismos de defensa para no ver su propia realidad. Esto puede pasar tanto porque el Superyó es demasiado dictatorial o porque no hemos tenido un desarrollo correcto. Y lo que entienden los psicoanalistas por un “desarrollo correcto” incluye una correcta superación del complejo de Edipo/Electra, que la envidia de pene no nos corroa, el buen discurrir de las diferentes etapas de desarrollo sexual del niño, etc. Sí, todo sexo. Y además todo de una sexualidad barroca que da una mezcla de risa y asco.

¿Qué hay de malo en el psicoanálisis?

El psicoanálisis tiene un buen montón de afirmaciones básicas refutadas, carentes de contrastación o dignas de libros de ciencia ficción. Para analizarlas voy a partirlo por la mitad, analizándolo primero como modelo y después como terapia.

1) Como modelo de la mente

Los filósofos de la ciencia se han pasado los últimos cien años analizando cómo funciona la ciencia desde un punto de vista lógico y metodológico. En este sentido, es extremadamente usual que sea la filosofía la primera en llegar a los sitios, generando modelos abstractos, puramente teóricos, que después son contrastados por los científicos experimentales. Incluso es sano que se trabaje durante un tiempo de espaldas a los datos a fin de mejorar el modelo hasta que este pueda resistir contrastaciones sofisticadas. Pero lo que pasa con el psicoanálisis es simple y llanamente intolerable desde un punto de vista científico: lleva 120 años fingiendo ser una ciencia y a la vez negándose a someterse al tribunal de la evidencia.

El psicoanálisis es una idea filosófica, en ningún caso científica. Es un modelo que se sostiene de forma puramente dogmática, y cuyos adeptos comparten más con los de una secta que con los de un programa científico de investigación. Los avances y cambios de escuelas se basan en seguir al iluminado de turno de forma acrítica -“yo soy junguiano, lacaniano, etc.”. Esto explicaría en buena medida el porqué de la deriva al oscurantismo lingüístico y el actual aislamiento de los psicoanalistas respecto a la comunidad científica.

El primer problema del modelo es que no habla del cerebro, ni lo menciona ni lo contempla. ‘Mente’ es un término metafórico que empleamos para referirnos a las funciones superiores del encéfalo. Realmente es el cerebro funcionando. De hecho, no es ni eso. La mente es más bien la forma que tenemos de ordenar, entender, predecir y unificar los comportamientos que observamos en los demás. Está, en este sentido, en el ojo del observador, y así es como emerge de la actividad de nuestro cerebro. El modelo psicoanalista niega esto y es profundamente dualista, suponiendo que la mente no es física y, por lo tanto, que es ajena al dominio de la investigación científica -habría que preguntarse entonces cómo saben ellos tanto sobre ella y en qué se diferencian de un profeta. El psicoanálisis, es, entonces metafísico.

Los otros dos grandes problemas del psicoanálisis los pusieron de relevancia Popper y Grünbaum. Popper hizo hincapié en el carácter no falsable de muchas de las afirmaciones de los psicoanalistas. Por ejemplo, el complejo de Edipo. Para empezar, este complejo es inviable evolutivamente. ¿Qué ventaja evolutiva tendría que todos los niños de una especie tuvieran el impulso de retar a un macho adulto que les supera  5 o 6 veces en tamaño? ¿Poder copular con una hembra con un nivel altísimo de homocigosis dejando una descendencia en alta probabilidad no eficaz? Es también una aberración desde el punto de vista de la neurociencia, ya que el hipotálamo de los niños madura en la pubertad, lo cual les impide tener esa supuesta vida sexual activa. Todos estos problemas, claro, los solventan los psicoanalistas apelando a que la mente no es el cerebro y escapando por la vía metafísica.

Pero, volviendo a Popper, aún si nos encontramos con algún psicoanalista más o menos sensato que quiera investigar el complejo empíricamente, sería imposible hacerlo por razones lógicas. Si todos tenemos complejo de Edipo, entonces todos tendremos que desarrollar los síntomas. Pero, y aquí viene el truco, si no los desarrollamos, entonces es porque los estamos reprimiendo a través de un mecanismo de defensa. La casa siempre gana. Por ello el psicoanálisis sería infalsable y una hipótesis científica siempre ha de poder ser refutada, “ofrecer el cuello”. Pese a que el criterio de falsabilidad no es una maravilla como criterio de demarcación en este caso funciona bastante bien.

La última pega, por si no fuera suficiente con las anteriores, que apuntó Grünbaum y que es muy popular hoy en día, apela a que las partes del psicoanálisis que se exponen a la investigación seria, y que constituyen implicaciones contrastadoras de la teoría, simple y llanamente han sido refutadas por la neurociencia y la psicología científica. Es un modelo que debemos desechar porque es falso y no casa con la evidencia disponible, sin más. Ya he mencionado los problemas de explicación biológica que acarrea el complejo de Edipo, pero no acaba ahí la cosa. Las fases del desarrollo sexual del niño que postula el psicoanálisis no se parecen ni remotamente a lo que pasa en la realidad, las mujeres no se sienten incompletas por no tener pene -ojo con las toneladas de misoginia que contiene-, los recuerdos reprimidos son ciencia ficción, y uno parece que puede llevarse bastante bien con su padre si este es un buen tipo.

Además, las investigaciones llevadas a cabo con el modelo psicoanalítico suelen concluir en cantidades industriales de tonterías -para más información puede usted leerse los análisis de Bettelheim de los cuentos de hadas, le garantizo una tarde de carcajadas.

2) Como terapia

Si la base de la terapia psicoanalítica es su modelo de explicación de la mente, y el modelo es una basura de semejante calibre, entonces imagínese usted cómo va a ser la terapia. He comenzado este texto con la explicación de lo que es un placebo en psicología para que esta afirmación sea plenamente comprensible: el psicoanálisis, en los cientos y cientos de veces que ha sido testado como terapia, nunca ha mostrado mayor efectividad que la de un placebo. Ir al psicoanalista es igual de efectivo que ir a hablar con un amigo. Es más, como veremos en lo siguiente, puede ser incluso peor. Por lo menos nuestros amigos nos van a decir cosas bonitas, mientras que nuestro psicoanalista nos va a estar hablando de penes, de lo mucho que deseamos a nuestras hermanas y otras barbaridades que ni vamos a entender como nos encontremos con un lacaniano.

Por ejemplo, para la fobia el tratamiento con desensibilización sistemática da resultados muy por encima del placebo, y dura sólo un par de meses. Si uno tiene ansiedad, el método de relajación de Jacobson es bastante eficaz, y es lo que haremos con un psicólogo serio -quizás analicemos el foco de nuestro problema brevemente, a fin simplemente de comprenderlo. Un psicoanalista no nos va a curar nada. Lo que hará será atarnos durante años a un pseudoterapeuta sacacuartos que no tiene ni idea de lo que nos pasa y que sigue ideas descabelladas de hace 120 años. Quizás la fobia se acabe pasando sola y él se colgará la medalla, claro está.

Hemos visto ya tres problemas: no cura, nos hace malgastar dinero y perdemos nuestro tiempo. Esto genera malestar y no mejora nuestra salud, pero el psicoanálisis es también capaz de empeorarla considerablemente. Hay dos mecanismos por los cuales puede generarnos un problema por sí mismo. El primero son los falsos recuerdos. La memoria es frágil y altamente manipulable. El psicoanalista es una persona que ejerce una alta autoridad sobre el paciente, y que tiene por ello el poder de confundirlo y distorsionar sus recuerdos, incluso poniendo en su memoria cosas que nunca han pasado -recordemos que la gente que acude al psicoanalista lo hace porque se encuentra en un momento de alta vulnerabilidad. Tenemos sólo una copia de cada recuerdo, almacenada en la corteza cerebral e indexada en el hipocampo. Cada vez que los pedimos para analizarlos podemos modificarlos, perdiendo la copia original sin ser conscientes de los cambios realizados. Los falsos recuerdos son muy comunes y cualquier persona con algo de entrenamiento puede generarlos.

Cabe remarcar que los recuerdos reprimidos no han sido nunca contrastados empíricamente. En momentos de fuerte estrés agudo los glucocorticoides no permiten la potenciación a largo plazo, es decir, la generación de memorias a largo plazo. Cuando reconstruimos la fuente de nuestro problema -que podemos perfectamente no tener almacenada en el cerebro, aunque la memoria emocional sí haya respondido- y somos sugestionados por el psicoanalista, creamos un recuerdo falso.

Ha sido bastante común en pacientes de psicoanalistas la aparición de estos recuerdos inventados. Violaciones donde nunca las ha habido, deseo sexual por una madre sacado de la chistera, etc. Hay incluso una gran cantidad de plataformas de afectados de falsos recuerdos que reclaman responsabilidades legales a los psicoanalistas. Os pongo un ejemplo. Freud tuvo como paciente -soy fanático de las historias clínicas de Freud- a un niño que tenía un miedo atroz a los caballos, tan habituales en la Viena de los 20′. Como no podía ser de otra manera, la explicación que le dio Freud al miedo fue que el enorme pene del animal le recordaba al de su padre, obviando totalmente que el niño había presenciado un accidente de carros tirados por caballos.

Parece un buen ejemplo del dogmatismo psicoanalista basado en tratar de hacer encajar el mundo en el modelo reduccionista que manejan, pero la cosa va más allá. El niño tuvo que cargar con la vergüenza del diagnóstico, los padres se debieron haber horrorizado de los retorcidos pensamientos de su hijo, y es posible que, en un afán de dotar de sentido al acontecimiento, el niño buscara desesperadamente las razones de tanto odio a su padre, aunque el pobre no haya hecho nada.

Hay otra vía por la que puede ser dañino el psicoanálisis, muy común en el mundo de la pseudociencia: la evasión de tratamiento. Os cuento otra historia de Freud para ilustrar la idea, una que de verdad da rabia. Trató en una ocasión a una mujer, Dora, que tenía un dolor insoportable en la zona abdominal, cojeaba de la pierna derecha y respiraba con dificultad. Freud atribuyó sus síntomas, respectivamente, a un embarazo psicológico, al haber dado un paso en falso con ese embarazo y al haber escuchado la respiración de su padre mientras tenía sexo. Lo lamentable de la historia es que mientras Freud hacía sus divagaciones lisérgicas sobre su “inconfundible histeria”, Dora perdía el tiempo y seguía desarrollando el cáncer abdominal que la condujo a la muerte -por cierto, Freud atribuyó a la histeria la generación del tumor, ¿o creías que iba a admitir su error?

Pseudociencia triunfante

Lo más frustrante del psicoanálisis es que es un caso claro de pseudociencia triunfante, al igual que la acupuntura o la homeopatía. El colectivo de psicoanalistas penetra con facilidad en las instituciones, especialmente en las universidades, donde los pobres alumnos de psicología muchas veces tienen que soportarlos estupefactos. En el imaginario colectivo es considerada una rama de la psicología como cualquier otra, y la gente no es capaz de diferenciar entre los rótulos de ‘psicólogo’, ‘psicólogo clínico’, ‘psicoanalista’ o ‘psicoterapeuta’. Todo acaba siendo lo mismo y generando mucha confusión. Posiblemente un nivel de confusión ya irrecuperable en el corto plazo. Cabe decir que los psicólogos legalmente habilitados para trabajar en contextos sanitarios son los psicólogos sanitarios o clínicos. Los psicoanalistas ni son ni pueden ser psicólogos sanitarios, ya que aplicar el psicoanálisis viola el código deontológico del psicólogos al tratarse de una práctica no validada científicamente.

El problema se hace aún mayor cuando otros académicos mediocres, como algunos filósofos o historiadores, buscan refugio en el inmerecido respeto del que goza el psicoanálisis. Muy comunes son los trabajos que apelan a conceptos psicoanalíticos o al “ya lo dijo Freud” -que no es más que un sesgo de confirmación. Por si fuera poco en los últimos años, de forma incomprensible e irresponsable, algunos afamados neurocientíficos como Kandel o Damasio han hecho declaraciones favorables al psicoanálisis. -perdiendo todo mi respeto y ganándose todas mis sospechas, por cierto. Si a esto le sumamos que los colegios de psicólogos no están por la labor de plantar cara podemos darnos cuenta de la gravedad de la situación.

Hay una enorme cantidad de psicólogos serios y profesionales que podrán ayudarlo a superar sus problemas. Es más, le animo a acudir a ellos ya que la salud mental es muy importante y debe ser una prioridad en la vida. Pero huya de los psicoanalistas, por favor. Como espero haber argumentado en estas líneas, sólo va a malgastar su tiempo y su dinero. Como primera criba pida siempre las credenciales del psicólogo al que acuda -títulos, colegiatura, etc.-, sospeche cuando le hable de conceptos que haya leído aquí o de otros como constelaciones familiares, y pida siempre que le enseñen los estudios serios que avalen el tratamiento que va a recibir.

Por Angelo Fasce

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122 comentarios en “El psicoanálisis, ni ciencia ni terapia

  1. Estimado señor Fasce:

    vistas sus credenciales, le presento las mías antes de contestar.

    Poseo Grado en Psicología, Máster en Psicología, Grado en Filosofía, Grado en Pedagogía, soy psicólogo clínico y, además, me he formado en Psicoanálisis tanto en la Asociación Mundial de Psicoanálisis como en la IF-EPFCL. Amén de otras especialidades y titulaciones menores que no hacen al caso.

    Lo digo para que pueda hacer usted el chiste fácil de ver quién la tiene más larga y pueda sumarlo a su acervo de chistecitos fáciles sobre el Psicoanálisis.

    No me molestaré siquiera en opinar acerca de sus veleidades con la Neurociencia (plaga intelectual promovida por el neoliberalismo). Si a usted eso le convence y le hace disfrutar, pues estupendo.

    Eso sí: es usted un ignorante. Su intento de ridiculización del Psicoanálisis, aparte de inexactitudes, bromas y comentarios de bajo nivel (lo del coqueteo con las gafas es para nota),suena simplemente, y conste que no es un vicio de interpretación psicoanalítica, a prepotencia, a creerse muy listo y saber mucho. Sí: me he tomado la molestia (ha sido una molestia) de leer algunas otras de sus entradas en este blog tan maravilloso. Sabe usted de todo, se permite opinar de todo, y veo que para ello le basta su formación en filosofía, en lógica y su amor por la Neuromoda.

    Todo eso me resbala. Su artículo es mera opinión, cosa a la que usted, como cualquier otro homínido del planeta, tiene derecho. A opinar, quiero decir. Se siente usted muy satisfecho consigo mismo, o eso parece a tenor de sus opiniones, que nunca están exentas de la correspondiente dosis de burla o petulante superioridad.

    No voy a defender al Psicoanálisis. No le hace falta. Desde su origen el Psicoanálisis ha tenido que soportar críticas de personas más inteligentes, más preparadas y más serias que usted.

    Dentro de cien años (permítame esta tontería), Sigmund Freud seguirá siendo alguien controvertido, estudiado, discutido, ridiculizado, apreciado, despreciado… y leído. Sospecho que a usted no le leerá nadie dentro de, digamos, por ser generosos, veinte años.

    Continúe usted disfrutando de su blog y de su sabiduría. Fascina su amor propio. Pero no se tenga usted en tal alta estima. Es un consejo gratuito. La pedantería es siempre patética.

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    1. Fantástico. Te pones a contar tu vida, como si le importase a alguien lo más mínimo o como si el quién eres sea un argumento, que no lo es en absoluto.

      Y en vez de refutar lo que pone el artículo, decides no hacerlo. Eres de risa.

      ¿Qué no hace falta defender el psicoanális? El artículo tiene una argumentación que deja por los suelos dicha práctica.
      Y TODOS los que habéis venido a lloriquear por el contenido del artículo no habéis aportado ni un sólo contrargumento o refutado algo del artículo. Sólo falacias lloronas como todo tu comentario.

      Entiendo que tiene que ser frustrante estudiar y dedicarte a algo que luego resulta ser una basura magufa. Pero no es un problema del resto del mundo, es tuyo.

      Suerte con el reciclaje.

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      1. No tengo intención de entrar en un día de la Marmota con este tema. Así que me tomo la molestia de responderte a ti y ya está.

        Ni a ti te interesa mi vida ni a mí la tuya. Mis créditos están ahí reflejados sólo para que el autor de este blog sepa quién le responde. Tengo la costumbre de informarme antes de dar respuestas a las cosas, y lo hice con él. Conozco las titulaciones que posee, y he leído más entradas de este blog.

        Vamos a ver si lo entiendes:

        no hay nada que rebatir. El señor Fasce tiene perfecto derecho a dar sus opiniones acerca de cualquier tema que le pase por la cabeza, como lo tienes tú. Y tenéis derecho incluso sin poseer los conocimientos adecuados para ser mínimamente objetivos. Su formación en Filosofía y Neurociencia (sea eso lo que sea) no le autorizan a hablar de Psicoanálisis. Cosa que carece de importancia, porque nadie necesita autorización alguna para hablar de lo que le plazca.

        Así pues, no voy a rebatir sus opiniones. Puedo rebatir opiniones de gente que conozca el terreno. Que sepa de Psicoanálisis. Al menos un poco. Y leer casos clínicos de Freud no me parece a mí suficiente. La formación en Psicoanálisis no es leerse cuatro textos. Aunque sospecho que es bastante más de lo que has leído tú, pequeño diletante, sobre Sigmund Freud.

        A donde yo he apuntado, y a donde apunto también contigo, señor desconocido que me importa cero patatero, es al tonillo de burla, de chiste fácil. Al estilo ofensivo y faltón que emplea aquí y que es muy propio de él, a tenor de lo que he leído en otras entradas del blog. Ser ignorante del tema y hablar de él es una cosa. Ser ofensivo al hacerla es otra. Como tú.

        Su estilo, su tono, su forma de describir y escribir deja su crítica sin valor. Opinar de algo no implica ridiculizar aquello que opinas. No soy precisamente defensor de técnicas o terapias tipo PLN o EMDR, pero jamás se me ocurriría describirlas en el tono guasón e insultante que emplea el autor del blog. Seguramente debe pensar que tiene perfecto derecho a ello porque posee un conocimiento profundo de todo aquello que critica. Pero es asunto suyo, y, te repito, puede decirlo las veces que le plazca.

        Y en cuanto a ti…

        Bien. No hay mucho que añadir. Ni sé quién eres, ni me interesa. Eres un tipo grosero que se permite el lujo de considerar lo que le disgusta como basura magufa. Y leer este blog no me frustra. Sólo es levemente molesto. Como crítica al Psicoanálisis, es lamentable.

        No te molestes en responderme. Si lo haces, que sepas que lo harás para la galería. Pues no volveré a entrar en este blog. Pretende ser serio cuando sólo es grosero. Pretende ser científico cuando se apoya en la neurociencia, que no es sino un pastiche de otras cosas. Este blog sólo tiene como finalidad engordar el ego de su autor. Y tengo mejores cosas que hacer que leer majaderías como ésta.

        Recíclate tú, majete.

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      2. No refutas las cosas porque no te apetece, no porque no puedas. Claro que sí campeón.

        Muy lógico todo.

        A llorar al parque.

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    2. Que curioso el psicoanalista que consulte y que por su negligencia casi me cuesta la vida presumía tener tantos títulos como los tiene usted y que lastima que tengan tanto estudio para hacer NADA en favor de quien los consulta amargamente tengo un mal sabor de boca de este personaje que me analizaba para mi fortuna también cuento con familiares Abogados que revisan muy bien el fraude de lo que llaman Psicoanálisis.

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    3. Qué personaje tan falaz y estúpido… creo que por ello Fasce no te contestó, sólo lloraste como un infante, no hay argumento alguno, ad hominem, ad baculum, ad todo!! tal vez pro ello nadie se toma en serio a los psicoanalistas, de hecho tienen esa forma particular de escribir, atacando al sujeto y no a su argumento. Además puedes méterte tus estudios por donde te quepa, el doctorado no te quita lo pendejo, eso no tiene correlación alguna, se nota que te dedicaste al psa porque en estadística y neurociencia te fue siempre como un culo.

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    4. Dime de qué presumes y te diré de qué careces, demasiadas palabras adornadas pero hoy por hoy no se ha podido probar que el psicoanálisis funcione bajo ninguna circunstancia ,,

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  2. El Psicoanálisis no es una ciencia, y no debe pretender serlo. La ciencia nació como herramienta para llegar a la naturaleza, donde el lenguaje convencional no alcanza.

    El psicoanálisis nació para llegar al ser humano, entendido éste en su singularidad individual, donde la ciencia no puede llegar, pues fue pensada para algo totalmente diferente. Para llegar allí , el psicoanálisis utiliza precisamente el lenguaje convencional, lo cual no deja de ser una interesante paradoja.

    La ciencia es una herramienta maravillosa, pero no es la palabra de Dios. En su nombre no debería atacarse aquello que nunca ha pretendido ser solución milagrosa a los males del ser humano, únicamente otro punto de vista sobre la realidad.

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  3. Una vez consulté a alguien que se presentó como psicóloga (debería llamarla psicoanalista). Fui por un tema bastante grave y lo único que logró es que me sienta peor, pero al menos consciente de los peligros que el psicoanálisis puede generar. Las preguntas siempre fueron en torno a mi familia y, por alguna razón que desconozco, me dijo muy suelta que yo, muy probablemente, había sido abusada por mi padre pero había reprimido el recuerdo. Mi reacción instantánea fue decir que no con toda certeza, pero ella insistía. Desde ya, por el estado de angustia en el que estaba, empecé a buscar signos o recuerdos, ya que según ella, estos habían sido borrados de mi mente. Me preguntaba si eso pudo haber pasado, pero mi respuesta siempre era no y para colmo las sesiones pretendían girar en torno a ese episodio inexistente en mi vida. En resumen, logré darme cuenta de que todo era una farsa, empecé a mentir sobre cosas para ver hasta dónde la psicóloga me guiaba. Desde ya, dejé la terapia y seguí mi vida. El tema es q tiempo después me encontré con una amiga que estaba angustiada y había comenzado terapia. A medida que las sesiones avanzaban, vi como mi amiga iba empeorando. Adelgazó demasiado, no quería salir de su casa, terminó una relación con un hombre al que quería, se volvió muy dependiente de su psicóloga. En fin, al poco tiempo, y luego de muchas charlas en las que trataba de entender qué le pasaba, me contó que había sido abusada por su padre y que lo descubrió gracias al psicoanálisis. Yo, por supuesto, le creí. Conocía al hombre y no lo podía creer. Quería ir a gritarle y denunciarlo, pero no podía porque mi amiga no quería eso. Decidí contenerla y ayudarla en lo que pudiera. El tema es que un día, de curiosa, le pregunté quién era su terapeuta. Me dijo el nombre y era esa misma señora que me atendió a mí. Me dio común escalofrío porque recordé lo que me había pasado y no pude evitar que las dudas aparecieran. A mi amiga no le dije nada. Cómo decirlo? No pretendo dudar de ella pero su situación no mejoró. Todo lo contrario. Cada vez se le agregan más cosas ataques de pánico, falta de apetito, miedo se salir a la calle, ansiedad,etc. Ahora
    se peleó con familia y tmb conmigo. Obviamente no puedo atribuirle con certeza sus problemas a un posible mal diagnóstico, o si? No me permito comparar su situación con la de ella. Pero no sé qué pensar.

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    1. La verdad yo termine muy mal, terriblemente mal tuve que ir a parar con médicos porque mi estado de salud quedó muy afectado ya lo emocional quedo en segundo término lo importante era salvar la vida.. saludos desde México..

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  4. Habláis de no aportar argumentación a una defensa de la disciplina psicoanalítica pero tu misma argumentación esta falta de evidencia. De la misma manera que es carente tu conocimiento de la práctica y teoría psicoanalítica así como las grandes divergencias que se encuentran con respecto a algunos aspectos de los supuestos de S. Freud en el psicoanálisis contemporáneo (en todas sus disciplinas, sea mayor o menor).
    Para variar un poco la tópica de la discusión yo si aportaré algunos datos, ya que ellos si que hablan por sí mismos. También dejaré un link para aquellos que quieran los datos explicados. Además dejo un link donde se ve como la American Psychological Assocciation (APA) reconoce la eficacia de las terapias de orientación psicoanalítica.
    Shedler, J. The efficacy of psychodynamic psychotherapy. American Psychologist, 65 (2), 98-109. 2010
    http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000690
    https://www.apa.org/about/policy/resolution-psychotherapy.aspx

    En cuanto a los testimonios que leo aquí sobre malas experiencias con “profesionales” psicoanalistas, no pongo en duda vuestra experiencia. No dudo en el efecto iatrogénico que pueden tener las terapias, especialmente las de corte psicodinámico, cuando son aplicadas por un mal profesional que no ha recibido una correcta formación y cree que debe aplicar de manera forzosa aspectos de escuela. Se creen que el paciente debe de entrar por el método, aunque haya que descabezarlo.

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  5. Yo comencé a hacer terapia psicoanalítica en España hace 1 año y tres meses, tras verme sumida en una depresión que no me dejaba dormir, ni comer, y me ha cambiado la vida. Soy otra persona, más sana, con plena capacidad para enfrentarme al día a día, y feliz.

    Posteriormente, he hablado con psicólogos, y me he dado cuenta de que sus métodos no me habrían ayudado. Porque no habrían atacado la raíz del problema, sino mi comportamiento en determinadas circunstancias, que no es más que un síntoma.

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  6. El artículo, diga lo que diga, trata de ridiculizar tontamente cosas como “robar vocabulario”. Es síntoma de haber conocido sólo una rama del conocimiento. La mayoría de ellas toman vocabulario del lenguaje natural, cotidiano, como reprimir, que tiene distintos significados en política, física etc… El error más patético es considerar que la “pulsión” es un concepto filosófico. PATÉTICO. Es a lo sumo poético.

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    1. Eso, quédate en la superficie.

      Según la neurociencia, los recuerdos reprimidos no existen. Por lo tanto el psicoanálisis de Freud está completamente desacreditado.

      Puedes seguir debatiendo sobre el sexo de los ángeles para no hablar del elefante en la habitación todo el tiempo que quieras si así te sientes mejor.

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  7. Angelo Fasce muestra en esta nota un total desconocimiento del psicoanálisis. Casi todos los comentarios se podrían refutar fácilmente por un psicoanalista medianamente formado. A tal punto esto es así que honestamente creo que la nota no está dirigida a psicoanalistas sino a al público común que es allí donde se halla la futura clientela de los laboratorios internacionales. Sólo voy a refutar una de sus afirmaciones como ejemplo.
    Fasce dice que “la sexualidad infantil es una aberración desde el punto de vista de la neurociencia, ya que el hipotálamo de los niños madura en la pubertad, lo cual les impide tener esa supuesta vida sexual activa”
    Fasce incurre en un grosero error: confunde sexualidad infantil con genitalidad adulta: dicha genitalidad es el punto en que desemboca la sexualidad infantil luego de varias etapas. Desde la teoría del desarrollo psicosexual sabemos que la sexualidad trasciende el sentido copulativo del término, y que la sexualidad infantil está relacionada con la fantasía y con la búsqueda de placer; y, además, que gran parte de las satisfacciones obtenidas por el niño se hallan en relación a su madre. Él obtiene placer en el contacto físico y afectivo en el acto del amamantamiento, y al tiempo comienza a distinguir entre el placer de la succión en sí misma y el de la nutrición; por eso es posible entretenerlo con el chupete. La sexualidad plena se obtiene luego de la etapa de latencia, que se inicia en la declinación del complejo de Edipo y culmina en la pubertad, cuando las pulsiones parciales se integran para dar paso a la etapa genital y a la elección de objeto.
    Según Ortega y Gasset, la historia de la Filosofía se divide entre los filósofos que tienen necesidad de saber, y los que tienen temor al equívoco. Por consiguiente, a los investigadores, científicos o pensadores podríamos ubicarlos –a su vez– en cada uno de esos dos grupos, conforme a lo que prevalece en ellos en su relación con el saber: necesidad de saber o temor a equivocarse. De esta manera, ubicaríamos a los más audaces en el primer grupo, y a los más temerosos en el segundo. Este último incluiría a los que requieren la certeza para no vérselas con lo desconocido, o con la ambigüedad, o con la ambivalencia; es decir, con muchas de las características de la extremadamente compleja vida humana –tanto en su aspecto individual como social–, que los racionalistas pretenden ilusoriamente controlar.
    En un intento por detectar las coordenadas argumentativas y de la motivación de estos racionalistas, podemos atribuirles un genérico deseo cientificista, cuyo contenido fundamental sería “que no haya más misterio”, o “el fin del misterio”. Estos negadores –o, en el mejor de los casos, disciplinadores del inconsciente humano– desearían erradicar de la faz del planeta la dimensión simbólica o metafórica, dado el peligro que entrañaría para ellos y para los poderosos intereses que, solapadamente, los apañan y premian. Parece que no quisieran asumir sus subjetividades como una construcción mítica, con una gran porción inconsciente y llena de simbolismos que no sólo no entienden, sino que además los gobiernan. Y lo peor es que ni siquiera sospechan la fatal lógica que los habita, aunque muchos de ellos consagran sus vidas a combatirla. ¡Realmente penoso!
    Las personas que rechazan enérgicamente los asuntos que ellos tildan de oscurantistas, suelen ser individuos que tienen un particular temor por dichos asuntos, ya sea por las repercusiones inconscientes que los mismos les promueven, o porque no pueden reconocerlos como propios. Sabemos que “lo indeseable” en uno mismo, conlleva la potencialidad inconsciente de ser proyectado en el mundo externo, para así desatar un ferviente deseo de eliminarlo de los otros –y, de ser posible, de la condición humana–. Por consiguiente, de modo mágico desaparecería de ellos mismos. Una verdadera situación tragicómica. Los cientificistas no toleran la manifestación de irracionalidad, por eso la niegan y procuran actuar como si no existiese en ellos. Pero el síntoma es que ven en los otros lo que no pueden ver en ellos mismos, y entonces recargan las tintas en el combate contra sus propios fantasmas encarnados afuera. Lo tildado de oscurantista, de irracional o de pseudociencia se transforma en su objeto de ataque.
    La animadversión que sienten, muchos de ellos, contra el psicoanálisis, se debería, además de al hecho de desconocer su lógica profunda, también a no poder aceptar plenamente la existencia de una instancia mental inconsciente en ellos mismos. Un psicoanálisis desprestigiado y casi inexistente, en consonancia con sus deseos, les permitiría continuar conviviendo con sus ilusas conciencias absolutas, sin obstáculos que no puedan ser sorteados mediante la hiperracionalidad que veneran.
    Estos positivistas, cuando se inmiscuyen en sus respectivos goces críticos, se mimetizan con una especie de antisabiduría, que les bloquea tenazmente ciertas percepciones, aún cuando puedan alcanzar elevados niveles de creatividad en otras áreas no conflictivas de sus vidas.
    Gran parte de los cientificistas hiperracionalistas son muy torpes para entender las sutilezas de lo psíquico, y por ende del psicoanálisis. Ya se sabe que la formación en esta disciplina requiere haber pasado por la experiencia del inconsciente en el diván. A muchos de ellos les molesta que haya un bastión del saber inaccesible, y de ahí al ataque suele haber un paso. Este rechazo –para tranquilidad de ellos– es ya un dato científico, dado que hoy día es demostrable la activación de los circuitos cerebrales del displacer frente a lo no comprendido.
    Parecería que el psicoanálisis buscara penetrar las inmaculadas racionalidades de muchos cientificistas. De ahí que se resistan con alma y vida a perder su virginal condición. Sus puros, castos e hiperracionales mundos mentales se ponen en guardia para defender tenazmente esa celestial pureza. Estos in-dividuos son verdaderos apóstoles de la racionalidad, además la posición subjetiva que ocupan, irónicamente no es una elección racional –como ellos ilusoriamente creen–. Sus solapados “cerebros” los impulsan de una manera tal, que no pueden siquiera sospechar del asunto tragicómico que los habita.
    A determinados cientificistas se los podría considerar como la comprobación empírica de varios conceptos psicoanalíticos, dado que de cara a lo que odian, o al menos antipatizan (el psicoanálisis, en este caso), se comportan como cualquier humano al acecho de lo pulsional. Pulsión, goce, resistencia, defensa, deseo y muchos otros conceptos son graficados con gran elocuencia por estos pedagógicos personajes en sus frecuentes y combativos actos, que si sabemos interpretarlos serán de gran ayuda para comprender mejor el psicoanálisis.
    Carl Jung decía que: “El racionalismo mantiene una relación de complementariedad con la superstición. Es una regla psicológica que la sombra aumenta proporcionalmente con la luz; así, pues, cuanto más racionalista se muestre la conciencia, más ganará en vitalidad el universo fantasmal del inconsciente”.
    Voy a cerrar con una cita de la psicoanalísta Elisabeth Roudinesco: “La muerte, las pasiones, la sexualidad, la locura, el inconsciente, la relación con el otro dan forma a la subjetividad, que excede ampliamente la constitución biológica. A pesar de los ataques de los cuales es objeto y de la esclerosis de sus instituciones, el psicoanálisis es todavía hoy capaz de aportar una respuesta humanista al salvajismo suave y mortífero de una sociedad depresiva que tiende a reducir el pensamiento a la actividad neuronal y a confundir el deseo con una secreción química”

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    1. Toda la bazofia que escribiste no se ha podido comprobar, por consiguiente el Psicoanálisis es basura, es como ir con un chamán necesitas creer lo que te dicen y funcionara..

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      1. Probablemente te mueras sin tener la más pálida idea de lo que es el psiconálisis. Seguí adelante en tu protectora nebulosa de prejuicios que te garantiza que vas a ver sólo lo que quieras ver. Ya lo dijo Einstein que no era psiconalista: “es más fácil dividir un átomo que romper un prejuicio”.

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      2. El caso es que es al revés. Quién tiene el prejuicio, eres tú.

        Tu tienes el prejuicio de que el psicoanálisis funciona. Pero la realidad es que no se ha podido demostrar científicamente con estudios su validez, por lo que quién se aferra al prejuicio, eres tú.

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      3. Y vos te pensás que el psicoanálisis se puede sostener un siglo sin funcionar. ¿De donde sacaste eso? Sí, ya sé… de tu galería infinita de prejuicios. Mira Paco, para saber que es, y como funciona el psicoanálisis es requisito imprescindible haberse analizado, porque las experiencias singulares son siempre únicas y muy sutiles y la teoría tiene que estar adaptándose constantemente a cada paciente y a su mundo mental ÚNICO. Si vos queres verificar al psicoanálisis no tenes más que ir de un buen psicoanalista y empezar un tratamiento. Con el tiempo te vas a llenar de evidencias, pero esas evidencias te van a servir sólo a vos porque el trabajo que hace un terapeuta con su paciente no es extrapolable a otra experiencia, o acaso ¿tus experiencias le sirven a tus hijos, primos, amigos o los que fueran? Si el psicoanálisis no funcionara los paciente se irían y no volverían más y nosotros tendríamos que cerrar el consultorio. Sin embargo cuando tienen algún otro problema regresan y también mandan a sus amigos o conocidos. Así que mi querido Paco no repitas como loro los eslóganes con los que la inquisición moderna, en nombre de la sacralizada CIENCIA, procura combatir al psicoanálisis. El pecado del psicoanálisis es que procura liberar el deseo del sujeto para que él luego lo tenga a su servicio, pero los laboratorios internacionales aliados al gran capital necesitan colonizarle su deseo a los sujetos para luego venderles desde pastillas a todas las huevadas que fabrican. Esa es la única razón por la que se procura descalificar al psicoanálisis.

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      4. Mi opinión es irrelevante.

        La realidad es que no existen estudios que demuestren que funciona. Es así de simple.

        La religión lleva sobreviviendo más tiempo sin demostrar absolutamente nada. Vaya “argumento” has soltado.

        Las cosas son sencillas: o demuestra que funciona o no lo hace. No lo ha hecho, por lo tanto no funciona. Punto.

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      5. Mira Paco, para mí la opinión no es irrelevante. Los ensayos son opinión pero pueden ser muy consistentes o un desastre. Los periodistas de opinión de los principales diarios por lo general opinan y lo hacen mucho mejor que casi todos nosotros, y esas opiniones son muy tenidas en cuenta. Meter todas las opiniones en la misma bolsa porque no están demostradas científicamente es un DELIRIO. La obra de los grandes filósofos también son opinión pero iluminaron al mundo, y el pensamiento humano de la mano de ellos fue evolucionando. La propia ciencia se desprende de Descartes y la duda metódica que él planteó.
        La propia ciencia necesita teorizar para relacionar y darle sentido a los datos estancos que comprueba. Además todos los saberes científicos son siempre PROVISORIOS. Las futuras comprobaciones pueden echar por tierra o relativizar sensiblemente a las comprobaciones anteriores. Por ende todo cientificista, es decir, todo individuo que cree fervientemente en las elucubraciones científicas es un hombre de fe, como vos intentas ubicar a los psicoanalistas.
        La comparación con la religión del psicoanálisis es sencillamente no entender nada de psicoanálisis, dado que el psicoanálisis es una de las teorías que más desentrañó la profundidad religiosa de las personas y la emparentó con la neurosis. Los ritos obsesivos y religiosos tienen la misma base mental, y también los rituales religiosos y la de los pueblo primitivos.
        Los científicos vinculados a las neurociencias, están –sin saberlo– corroborando cada vez más, muchos de los postulados básicos del psicoanálisis, pero al pertenecer –esos investigadores– a otro paradigma, los integran discursivamente de otro modo, y por ende no los reconocen como tales; pero con más eclecticismo y menos prejuicios, se podrían compatibilizar muchos conocimientos.
        El hombre no dividido, es decir, sin inconsciente, es una gran ilusión de esta época, ilusión funcional al capitalismo salvaje neoliberal que requiere sujetos fáciles de seducir, sin pensamiento crítico, que piensen poco y consuman mucho. Justamente, la eficacia del “discurso único”, aliado a las “resistencias inconscientes” de las personas, hace que el psicoanálisis, la herramienta fundamental para abordarlo y para abordarlas, pierda terreno. Como vemos, una maquiavélica trampa muy difícil de desactivar, y más cercana a la ideología que a la objetividad científica.
        Todavía no se inventó una forma más genuina de arribar al inconsciente humano que el psicoanálisis.
        No existe ninguna explicación más precisa sobre las profundidades psíquicas, sobre los síntomas neuróticos, los actos fallidos, los sueños y muchas otras cosas más que el psicoanálisis.
        Y comprobaciones, por supuesto que también hay. Entre otras hay algunas que indican que hay una mejoría desde pequeña hasta muy marcada en la inmensa mayoría de los pacientes que le han destinado un determinado tiempo a la experiencia del inconsciente, es decir a picoanalizarse. Tal vez a vos te vendría bien para saber porque le tenes tanta adversion. Ahí vas a encontrar las evidencias que buscas. Pero no creo que te animes.
        También está comprobado que las mejoras de los pacientes que hacen psicoterapia es equivalente al efecto de los psicofármacos pero más genuinos, y mucho más duraderos y definitivos en muchos casos, y por supuesto sin los efectos negativos de la ingesta de dichas drogas.
        De todos modos yo sé que vos a vas a seguir pensando igual pero lo vas a hacer no por lo que esbozas sino, casi con seguridad por lo que no conoces de vos mismo. Es decir por un posicionamiento inconsciente. Casi siempre es así, como le demostré públicamente hace unos años al mismísimo Mario Bunge en un carteo en el diario La Capital de Rosario, Argentina.
        El psicoanálisis es una ciencia conjetural, no por capricho de los psicoanalistas, sino porque nuestro objeto de estudio es el objeto conocido más complejo que existe en el universo: la mente humana. Y además de complejo es siempre singular. Cada uno de nosotros es único. Los saberes de las ciencias duras son genéricos y casi todos son inservibles a la hora de averiguar que le ocurre mentalmente a una persona particular. ALLÍ SOLO SE PUEDE INCURSINAR EN FORMA TEORICA. Y EL PSICOANALISIS ES EL MEJOR INSTRUMENTO QUE EXISTE PARA ESE TRABAJO.
        Y el psicoanálisis no es la obra de Freud y Lacán solamente como muchos quieren creer. Nuestra disciplina está constantemente perfeccionándose y complejizándose con las observaciones clínicas que miles de psicoanalistas, de todo el mundo, hacen constantemente. Luego esos saberes provisorios se someten a discusión en congresos, encuentros, seminarios, etcétera, y muchos se incorporan a la práctica clínica. Cuando se invente algo mejor yo voy a ser uno de los primeros en reconocerlo.
        Abrazo.

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      6. Blablabla

        Palabrería completamente vacía.

        Las opinones son irrelevantes para saber la efectvidad de un tratamiento. Por eso se inventó la ciencia, entre otros motivos, con los estudios de doble y triple ciego.

        Y el psicoanálisis no sólo no ha demostrado ser efectivo en los estudios sobre su utilización, sino que en algunos casos ha demostrado ser contraproducente, peor que el placebo.

        Si pretendes que te tome en serio, busca estudios publicados que apoyen lo que dices, que el psicoanálisis funciona, y deja de divagar sobre tonterías.

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      7. Paco, no necesito que me tomes en serio, podés tomarme como más te plazca. Me basta y sobra con que mis pacientes me tomen en serio. Lo único que te puedo decir es que sería bueno que te tomes en serio a vos mismo y que no pienses que lo que encontras por allí generan tu posición antipsi. Es mucho más probable que esa posición mental esté de antes y que te impulse a buscar lo que queres encontrar. Y ya lo dice el dicho: “el que busca encuentra”. Y de paso te comento que la posición fundamental que un sujeto ocupa en la vida y que muchas veces lo hace sufrir y hasta lo puede conducir a la tragedia es una cuestión inconsciente. La tragedia siempre está relacionada con el inconsciente. Y la gente en esta época está bordeando constantemente la tragedia, porque está confundida y ni sabe donde esta parada en la vida, aunque eso sí, llena de racionalizaciones encubridoras y justificadoras de lo que hacen. En el caso tuyo: combatir al psicoanálisis sin siquiera saber que es. Además mi querido Paco, el inconsciente no es ya solo un concepto psicoanalítico, sino también un dato científico. Y que yo sepa, para vérselas con ese inconsciente solo conozco al psicoanálisis. ¿Vos conocés algo más? Si es así pasame el dato. Gracias

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      8. Más palabrería vacía que no significa nada.

        No veo ningún enlace ni nombrar ningún estudio. No me interesan tus películas ni tu palabrería.
        Las opinones en ciencia son irrelevantes. Para eso se realizan estudios.

        Hasta ahora no has puesto ningún argumento, ni ningún estudio que avale lo que dices ni has refutado nada de lo que pone el artículo.

        No me aburras con tu incapacidad.

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      9. Paco, las tonterías, yo las digo con mis amigos en los ratos libres. Aquí estoy hablando en serio y se de lo que hablo, el que no sabe de lo que habla sos vos que hablas de lo que no conoces. Y en cuanto a tu adversión a las opiniones te cuento que TODO ES OPINION. Opinamos de la mañana a la noche. Cada dato en forma aislada no dice nada, hay que contextualizarlo o relacionarlo al menos con algún otro, es decir hay que opinar, hay que teorizar, hay que interpretar. Incluso los propios datos no son más que un acuerdo de opinión entre los que lo crearon, en cuanto al procedimiento para crearlo y usarlo, por ejemplo. Es decir que los propios datos que vos tanto veneras, solos no te sirven, tenes que relacionarlos, y es ahí donde aparece tu “deseo” consciente o inconsciente (espero que sea consciente por tu bien) y te conduce a relacionarlo del modo que más te plazca. Lamento desilusionarte Paco, pero me temo que lo único que vas a poder hacer por el resto de tu vida es OPINAR.

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      10. Nunca pensé que podía encontrarme con un imbécil tan gigantesco. ¿Cuando fue que te volviste tan idiota? o ¿Siempre lo fuiste? Vos te pensas que voy a desperdiciar mi tiempo buscando fuentes científicas para demostrarte a vos lo que digo. Haga lo que haga con vos estoy condenado. Con vos tengo sentencia previa. Elegiste muy bien el nombre, es casi un anagrama de “roca”. Seguí con tu delirio cientificista e intolerante. Debe ser una lástima para alguien como vos que se haya terminado la inquisición porque sino podrías seguir mandando herejes a la hoguera en nombre de LA CIENCIA. Espero que tu dios te salve cuando tengas conflictos existenciales. Aunque con la cuadratura y rigidez que tiene tu cabeza seguramente vas a estar a salvo de esos problemas.
        Chau y saludos al jefe de la secta, Angelo.

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      11. Más palabrería vacía, insultos de patio de colegio y chorradas varias.

        ¿Argumentos? Ninguno.
        ¿Refutaciones de algún argumento del artículo? Ninguno.
        ¿Estudios que muestren que el psicoanálisis funciona? Ninguno.

        Pues yo en cambio sí que estoy acostumbrado a encontrarme a vendemotos incapaces como tú.

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  8. JORGE BALLARIO , prefiero morir que ir de nuevo con un estúpido psicoanalista, casualmente igual de engreídos todos , así tal como tu te expresas el pseudo terapeuta que me atendió decía la misma verborrea para acaparar clientes y mira que en México no es barato , insisto para que el psicoanálisis funcione se necesita alguien que crea, es como el Tarot así de simple..

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    1. Esta bien Gilberto, has tenido una mala experiencia y te has formado tu opinión negativa. A mi me pasaría lo mismo. Chantas hay en todas las profesiones. Hay médicos que han matado a sus pacientes en intervenciones simples. Hay pilotos que han matado a cientos de pasajeros por un error. Pero todo eso no invalida a las profesiones. Se necesitan médicos, pilotos y también psicoanalistas.

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      1. En cuanto a “creer” es necesario para todo. Los testigos de jehová creen que el espiritu está en la sangre y se niegan a las trasfuciones, y muchos mueren por ese motivo. Hoy, mucha gente, debido a lo que se ha dado en llamar la “dictadura de la salud” ( emanada del saber científico) acata rigurosamente todos los mandamientos (comer sano, hacer actividad física, poca sal, etc. etc.) y cuando no cumple alguno, por sugestión y culpa (efecto nocevo) logra desacomodar variables orgánicas (aumento del colesterol, por ejemplo) y hasta enfermarse. En cambio los que no están preocupados por todo eso, están más relajados y por lo general tienen más margen para la salud. Incluso esto que te cuento ha sido demostrado científicamente en seguimiento de grupos de personas (clasificadas previamente) a lo largo del tiempo. No podemos librarnos de las creencias porque las traemos desde la infancia y aunque las hayamos olvidado siguen influyendo en nosotros inconscientemente. Y por supuesto, que en este punto, un buen psicoanalista puede ayudar mucho. Saludos

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      2. “Incluso esto que te cuento ha sido demostrado científicamente en seguimiento de grupos de personas (clasificadas previamente) a lo largo del tiempo. ”

        ¿Puedes poner el enlace al estudio o estudios donde se demuestra tal cosa? ¿O al menos el nombre del que lo ha publicado para buscarlo?

        Es gracioso que vengas aquí soltando cosas como “demostrado científicamente” sin decir de qué manera, en un intento de argumento pero que más abajo conmigo ignores le hecho de que el psicoanálisis no ha demostrado funcionar en ningún estudio.

        ¿En qué quedamos? ¿Las cosas se demuetran científicamente o no?

        Menudo vendedor de crecepelos estás hecho.

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  9. Paco, permiteme hacer un pequeño ejercicio contigo y con los demás que deseen responder. demuestranos a todos de una vez por todas que el desconocimiento y el prejuicio no es la base de esta argumentacion tan sagaz.
    ¿En que parte del cerebro se produce la culpa?

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    1. Si tienes un argumento, expónlo.
      Si tienes un estudio que pruebe lo que dices, ponlo.
      Si puedes refutar algo del artículo hazlo.

      No me hagas perder el tiempo con chorradas.

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      1. Bonita frase rimbombante que no aporta nada.

        Me remito al comentario que has respondido antes, deja de desviar la atención con chorradas.

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  10. A mi el psicoanálisis me cae para el culo pero no tanto como los psicoanalistas defendiendo dogmáticamente una teoría pasada de moda y repleta de agujeros. Teoría que está armada metiendo a presión las partes de un rompecabezas. Ahora, si vas a poner ejemplos (aclaro que leí los primeros párrafos porque después me aburrí) que sean precisos. 1) Freud nunca atendió a Juanito, solo superviso al padre que fue quien siguió el caso de su propio hijo. 2) Dora murió 45 años después de que se despidiera de Freud, es decir, fue atendida en 1900 y murió en 1945. El resto, obviamente, no lo seguí leyendo porque me pareció absurdo. Ah! el psicoanálisis solo puede funcionar si quien interpreta es una persona culta e inteligente que realmente pueda comprender la vida y la existencia, algo utópico teniendo en cuenta los cuadrúpedos que se reciben en las universidades hoy en día. Freud o Jung sabían de literatura, mitología, arte y ciencias, entre otras, hoy se creen que rindiendo 30 materias y viendo videos en yotube son Jung. EL psicoanálisis no es una ciencia, trabaja un objeto particular y único, al no ser generalizable ni es refutable.

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