Gente que defiende la experimentación animal como si fueran hooligans del West Ham (1)

Voy a comenzar con una anécdota. Tenía una profesor que me daba neurobiología celular y molecular con el que siempre había un problema en clase: cuando nos daba datos nunca sabíamos si estaba hablando de ratas o de personas. Era tal la confusión que a veces los alumnos teníamos que solidarizarnos unos con otros a través de un grupo de whatsapp y buscar la información. ‘Se refería a ratas’ era lo más habitual, aunque muchas veces mezclaba los datos con los de humanos. Recuerdo que en el examen preguntó sobre neurogénesis adulta y tuve que preguntarle ‘¿pero te refieres a humanos o a ratas?’ —hasta donde hay evidencia concluyente, nosotros sólo tenemos neurogénesis en el giro dentado y no migran, mientras las ratas tienen también en la zona subventricular y las nuevas unidades migran para reponer bajas en el bulbo olfatorio. Era una situación muy curiosa ver a una persona que se ha pasado toda su vida investigando con ratas perder un poco la noción de las grandes diferencias que existen entre las especies animales, especialmente cuando hablamos de sistemas complejos y no de procesos celulares o moleculares muy básicos. Aunque no era precisamente un hooligan como los que dan título a este texto, de hecho era muy crítico con varios modelos animales empleados en neurociencia, algunos de los cuales son dificilmente extrapolables al caso humano y rozan en ciertas ocasiones niveles de poeticidad realmente alucinantes.

Antes de empezar quisiera hacer una aclaración: no estoy en contra de la experimentación animal. Estoy en contra del extremismo, ese extremismo que ha surgido alrededor de este tema en las últimas décadas. Los abolicionistas radicales cometen el error de no considerar la importancia que puede tener experimentar con animales y, por supuesto, los casos en los que se hace de un modo ético, pero es que los defensores han ido escorando su postura hacia el extremismo contrario, defendiendo de un modo bastante fanatizado las virtudes de una metodología que hay que analizar caso por caso y que, dejando claro que tiene muchas ventajas, también es diana habitual de vendidas de moto y mala ciencia. Es por ello que me temo que en el caso de la experimentación animal el matiz es polémico, y es una pena. Poner esta metodología en su justa medida y apuntar las carencias de fiabilidad que muchos casos puedan tener algo que podría decirse de todas y cada una de las metodologías que emplea la ciencia es algo que supone enfadar a unos y a otros. Pero, qué queréis que os diga, me gusta la ciencia y soy medio filósofo y pirómano, así que prefiero los argumentos matizados a la adhesión fanática a las ideas, y en este caso creo que vale la pena decir que hay un punto intermedio entre ambos bandos que encuentro muy razonable, porque ambas facciones tienen buenos argumentos que vale la pena considerar.

Este escrito será entonces un intento de encontrar ese punto intermedio, pero no va dirigido a animalistas. Para ellos ya existe una buena cantidad de artículos de científicos defendiendo la experimentación animal. Este texto va dirigido a científicos, unos científicos en los que quisiera reivindicar algo de escepticismo al respecto. Porque es lamentable lo que está pasando con este tema dentro de ciertos sectores de la comunidad científica y tenemos que hablar sobre ello abiertamente. Porque no, no todos los argumentos que ponen algo de sombra sobre la experimentación animal son de locos que abrazan árboles o de gente comprada por Greenpeace, hay argumentos epistemológicos y metodológicos bien fundamentados en la lógica y en la historia de la ciencia que nos permiten discriminar entre buena y mala experimentación animal más allá de las cuestiones éticas. De hecho, no hablaré de las cuestiones éticas que son centrales y no deberían ser despreciadas como a veces se hace. Hablaré, en cambio, de cuestiones relativas a la racionalidad interna que pueda tener experimentar con animales, un tema que no es de todo o nada, sino que nos hace nadar por incómodos mares de matices y al que es necesario echarle pensamiento crítico en lugar de sectarización.

¿Qué es un modelo animal?

No toda la experimentación animal no todo el uso de los animales para actividades científicas consiste en usarlos como modelos. Por ejemplo, pueden emplearse como incubadoras o como fuente de materias primas, como es el caso de algunos cultivos celulares. Un modelo animal se parece mucho a lo que entendemos como un modelo en nuestra vida diaria, por ejemplo, esos modelos de coches que podemos comprar en las tiendas de coleccionistas. En este sentido, un modelo de una Volkswagen T1 es una versión en miniatura que nos resulta más manejable y barata que el coche real, pero que mantiene muchas de sus propiedades en este caso al menos pedimos que mantenga sus propiedades estéticas, que a mayores y más detalladas sean mayor valor darán al modelo. Por supuesto, el modelo no es una T1 aunque nos pueda resultar útil o interesante en relación a aquello que pretende modelizar. En este sentido, si, por ejemplo, quiero estudiar el periodo de incubación y el desarrollo sintomático del SIDA buscaré replicar el virus en ratas/conejos/cabras/macacos y lo estudiaré en ellos en lugar de en humanos, siendo así todo mucho más sencillo de controlar, replicar y pagar un estudio con humanos suele ser carísimo, aunque a veces es al revés.

Vale la pena resaltar nuevamente el hecho de que un modelo animal no está pensado para ser usado a fin de investigar a los animales en sí mismos, ellos son un medio, no un fin. Los modelos siempre se utilizan para estudiar otra cosa normalmente al ser humano a través de ellos.

Se suelen listar tres criterios de validez respecto a los modelos animales:

1) Validez aparente: Que el modelo constituya lo que suele denominarse una ‘fenocopia’, es decir, que se parezca a lo que queremos estudiar. Si estamos estudiando la depresión esperamos que los animales que utilicemos no estén moviendo el rabo de felicidad, sino siendo unos auténticos desgraciados después del proceso al que serán sometidos indefensión aprendida, por ejemplo. Si queremos estudiar el autismo buscaremos que las ratas se comporten como autistas, algo que puede resultar bastante metafórico y complejo. Por ejemplo, podemos querer estudiar el SIDA en animales pero puede darse el caso y se da de que en ellos el virus no tenga los mismos efectos. Hay casos en los que sí y hay casos en los que no es sencillo conseguir esta apariencia similar. Los modelos animales más flojitos se quedan sólo en este nivel, con parecidos conductuales metafóricos más o menos remotos.

2) Validez predictiva: Este es el punto más jodido, la extrapolación. Los cambios que veamos en nuestras manipulaciones del modelo animal han de predecir los mismos cambios en el caso humano. Por ejemplo, que si yo le doy un antibiótico a una rata para curar determinada enfermedad bacteriana ese antibiótico va a funcionar de un modo parecido en humanos. Los problemas aquí son tremendos y pueden ser muy sensibles, con casos de los que hablaré más adelante en los que los efectos de un fármaco pueden ser diferentes y hasta opuestos en humanos y en animales no humanos. Algo que algunos científicos que emplean animales en laboratorios suelen no tener en mente cuando hablan de la fiabilidad predictiva de los modelos es que no basta con que sean predictivos entre las ratas, que los resultados puedan aplicarse únicamente dentro de la especie que estamos estudiando; los modelos serán buena ciencia sí y sólo sí sus resultados pueden extrapolarse al objeto real de estudio y mala ciencia si no se puede. Esa es, al fin y al cabo, la naturaleza de un modelo animal. En este sentido, los falsos positivos y los falsos negativos errores tipo 1 y tipo 2 se han de medir en base a la extrapolación. Esto significa que será un falso negativo si no vemos en el modelo el surgimiento de tumores o de fallos renales y con el mismo procedimiento sí lo observamos en humanos, y un falso positivo en caso contrario. No queremos curarle el cáncer a las ratas, queremos curárselo a los humanos, y la fiabilidad del modelo se ha de medir en relación a eso, a su capacidad de extrapolación.

3) Validez de constructo: En estos casos conocemos un mecanismo que es análogo u homólogo en la especie estudiada. La validez de constructo es muy deseable, qué duda cabe, pero es muy complicada de conseguir en relación directa a la complejidad del sistema que estamos estudiando. Por ejemplo, podemos usar gusanos o bacterias para estudiar procesos moleculares básicos en las células, procesos que compartimos, pero si estudiamos sistemas más complejos, órganos o el sistema respiratorio, la cosa de complica mucho porque el sistema nervioso o digestivo de un hámster o de un cerdo son muy diferentes al humano en una cantidad de parámetros tan grande que hay que tener mucho cuidado con lo que inferimos desde ellos.

Estos tres criterios de validez son autónomos. Es deseable que se den los tres a la vez, pero muchas veces basta con uno. A veces el modelo se parece pero no predice, o predice sin saber los mecanismos exactos, o sabemos los mecanismos pero no predice por cuestiones relativas a la complejidad del sistema y su relación con otros mecanismos en diferentes especies. Si sólo tiene lugar 1 el modelo es malo, si sólo tiene lugar 3 no es lo que buscamos y es posible que no tenga ningún sentido; la clave está en 2, en la extrapolación.

En este sentido, es importante el matiz que puede adoptar el término ‘paradigma’ cuando se habla de modelos animales a los que muchas veces se les llama ‘paradigmas experimentales’. Dependiendo de qué tan kuhniano sea el significado que le estamos dando al término, el paradigma tendrá sentido o no. Si se trata de una burbuja experimental que no puede salir de su propio mundo interno entonces el modelo es malo y se está haciendo ciencia absurda. Aunque, claro, no es lo mismo pedir financiación anunciando que quieres estudiar lo que le pasa a las ratas si las metes en un tubo oscuro a solas 21 días o si les das LSD a decir que vas a estudiar la esquizofrenia, aunque el modelo no tenga el más mínimo sentido. En un caso será investigación biomédica y será visto con ojos muy diferentes a la mera curiosidad psicopática a la que apunta lo que en realidad vamos a hacer. Eso sí, cuando el proyecto y sus fondos se acaben seguiremos sabiendo más bien poco acerca de la etiología y los tratamientos de la esquizofrenia.

¿Infalibilidad papal?

Durante el boom de la experimentación animal entre los años 40 y los 80 se le otorgaba tal autoridad y fiabilidad al uso de modelos animales que prácticamente se aceptaba lo que de ellos se desprendiera sin rechistar, incluso aunque contradijera los estudios en humanos. Un caso clásico es el del tabaco. Sabemos desde hace muchas décadas que el tabaco causa cáncer de pulmón y otros tipos también, sabemos esto desde largo tiempo en base a estudios epidemiológicos muy bien construidos en los que se comparan grupos de fumadores y no fumadores y se calcula la tasa de aparición de cáncer de pulmón. Estos estudios se repiten en diversos contextos culturales y sociales y siempre obtenemos como resultado que el tabaco tiene una correlación muy relevante a nivel estadístico con el cáncer. Sin embargo, durante largo tiempo y pese a tener todos estos resultados tan demoledores, se originó un furibundo debate respecto a lo que se consideraba la evidencia sacrosanta, el match point: los modelos animales para la cancerogénesis del humo del tabaco. El problema es que, como en muchas otras ocasiones, los modelos animales en este caso son muy controvertidos porque dependiendo de la especie se han usado ratas, hamsters, perros, cerdos, conejos, de todo y de las condiciones experimentales obtenemos unos resultados u otros. Por ejemplo, es complicado replicar los efectos del humo del tabaco en ratas si lo inhalan, aunque desarrollan tumores si son sometidas a exposición cutánea; los hámsters desarrollan cáncer de laringe; los perros dificilmente desarrollan tumores aunque los resultados son variables, y así suscesivamente.

De este modo se generaron dos bandos encontrados, por un lado las tabacaleras, que hacíen cherry picking seleccionando los experimentos en los que no se desarrollaban tumores y, por otro, los colectivos que hacían lo propio a la inversa, seleccionando los resultados positivos. ¡Y todo ello teniendo ya resultados muy sólidos en humanos! Lo curioso es que ninguna de las dos facciones ponía en duda los modelos animales empleados para este caso a menos que no sean los que ellos defendían, y lo cierto es que ambos bandos tenían razones cuando lo hacían porque no tiene sentido generar tumores en perros metiéndoles por la tráquea cantidades desorbitadas de humo de tabaco ni tampoco exponer la piel de ratas, porque ninguno de los resultados es realmente extrapolable al alejarse mucho del caso humano. Pero, claro está, esta situación de debate dio alas a una industria tabacalera que pudo seguir vendiendo sus productos sin restricciones durante décadas alegando ‘controversia científica’ cuando lo que había era una fiesta de lo absurdo. Hoy en día, de hecho, sabemos que el tabaco causa cáncer y hemos conseguido replicarlo en animales con éxito variable, pero cabe preguntarse si tenía sentido, y sigue teniendo, causar ese sufrimiento a los animales para conseguir resultados muy poco fiables y discutibles cuando lo realmente definitivo es el caso humano.

Otro caso relacionado es el del benceno muy parecido, por cierto, al del arsénico y el amianto. Sabemos al menos desde finales de los años 20 que el benceno causa cáncer en el ser humano gracias a estudios epidemiológicos bastante sólidos, pero, sin embargo, el producto se comercializó durante al menos 40 años porque se confiaba demasiado en unos modelos animales en los que los resultados fraudulentos eran siempre a su favor. La industria, por supuesto, utilizó estos datos para defender sus intereses hasta que en 1979 por fin se consiguió generar un tumor en animales, aunque tuvieron que pasar años para que la industria del benceno se quedara sin argumentos y aún así la prohibición resultó controvertida. Nuevamente teniendo datos muy fiables en humanos y un montón de epidemiólogos tirándose de los pelos durante décadas. Lo curioso es que cuando uno lee las reconstrucciones de la historia del benceno no se encuentra ni una sola autocrítica o puesta en entredicho del dogma de los modelos animales. Cabe preguntare entonces, ¿por qué se le ha otorgado tanta fiabilidad a los modelos animales en el pasado cuando otros estudios nos daban resultados más ajustados?

De hecho, nos hemos hecho esa pregunta en las últimas décadas y las tornas han cambiado bastante respecto a la valoración de la evidencia disponible. Hoy en día para sacar productos al mercado la evidencia en animales se considera tentativa y poco fiable, y por ello se exige hacer pruebas con humanos y estudios epidemiológicos constantes aunque los campos cambian sensiblemente, por ejemplo si comparamos la industria alimentaria y la biomédica. Lo que ha pasado en los últimos años es que nos hemos desencantado bastante y con razón respecto a esto de los modelos animales. Las razones han sido las constantes alertas sanitarias del pasado, cuando los fármacos salían al mercado sólo en base a este tipo de evidencia, y el freno que ponen a veces al hacer que abandonemos líneas de investigación que podrían ser prometedoras en humanos. Casos de fármacos que se las han visto con estos problemas hay a montones: el Clioquinol (cerca de 30 mil afectados), los beta-bloqueantes (falso negativo inicial), el Zelmid (un antidepresivo que causaba Guillain-Barré en humanos), el Eraldin, el Zomax, el Isoproterenol (3500 muertes por sobredosis porque se calcularon las dosis óptimas en animales), el Opren (testado hasta en 6 especies animales antes de comercializarse), la Nomifesina, el Amrinone, el Rezulin, el Erdepryl, el Linomide, el Perhexilin, el Selacryn, el Suprofeno, el Fialuridine… En fin, que la lista de desgracias debido a confiar demasiado en las pruebas con animales en investigación biomédica alcanza las centenas de calamidades sanitarias.

De hecho, entre 1976 y 1985, tras estudios pormenorizados gracias a que la metodología y la exigencia de fiabilidad de la ciencia avanzan, tuvieron que ser retirados o reclasificados el 51,5% de los nuevos fármacos lanzados en los EEUU debido a efectos secundarios más o menos graves que no se habían detectado en los ensayos con animales. No es que sea yo precisamente un genio de las matemáticas o un sesudo metodólogo, pero si tienes una herramienta metodológica que puede arrojar dos resultados para simplificar ‘es eficaz/no es eficaz’ o ‘tiene efectos secundarios peligrosos/no los tiene’, y de los resultados que obtienes el 51,5% son falsos positivos o falsos negativos, entonces tu metodología es equivalente en fiabilidad a la danza de la lluvia. ¿Esto quiere decir que los modelos animales no son útiles en este tipo de investigaciones? No, esto sólo matiza su fiabilidad y nos indica que, al contrario de lo que se creía en el pasado, no son una panacea y han de ser utilizados únicamente para determinadas cuestiones y no para otras. De hecho, hoy en día se siguen empleando modelos en las fases preclínicas para medir, por ejemplo, la toxicidad o para localizar los mecanismos que pueden estar implicados en el efecto del principio activo. Un vez se tienen estos datos hoy en día exigimos, además, una fase clínica con estudios en humanos que se hace en tres etapas y luego un seguimiendo posclínico pormenorizado. Esto último, la fase clínica y posclínica, es lo que consideramos evidencia sólida. Sólo una pequeña cantidad de los fámarcos que pasan la fase preclínica en animales aprueban la clínica en humanos. Así que el uso de animales para desarrollar fármacos y tratamienos es limitado y muy matizable, y el día que podamos sustituirlos en las primeras fases, o que podamos emplear algunos más simples y con menos problemas éticos, será un gran día para la ciencia, aunque ese día no parece, en muchos casos, cercano.

Cómo NO defender la experimentación animal

Algunos consejos para que la defensa de la experimentación animal no sea algo parecido a esto:

1) No hagas generalizaciones epistemológicas: Que un modelo funcione no significa que todos lo hagan. De hecho, una gran cantidad de los estudios que usan experimentación animal fracasan. Si extrapolar entre grupos humanos ya es jodido, imagínate lo que es extrapolar entre especies. El uso de modelos animales no siempre es fiable ni positivo y puede esconder terribles problemas metodológicos e interses ocultos vender el trabajo propio o buscar evidencia donde no se debe por intereses particulares. Además, si generalizas vas a estar vendido cuando te toque ser a ti el crítico con determinados modelos. Por ejemplo, podemos estar de acuerdo en que el glifosato es seguro en humanos, pero para ello debemos defenestrar antes los resultados de malformaciones fetales en animales. Para ello recurriremos a criticar la dosis y a la forma de aplicación en esos modelos, pero te pueden contraatacar con otros modelos igual de absurdos que sí se consideran en otros estudios que los hay y a montones o los casos de modelos aceptables que no se consideran porque sí, como en el caso de la medicación para el TDAH. El caso ideal sería que el modelo fuera 100% igual o incluso 100% diferente, pero no es eso lo que pasa. Hay un amplio espectro de grises más o menos oscuros en los que el nivel de certidumbre es variable.

2) No hagas generalizaciones éticas: Que en tu labo no seáis unos sádicos no quiere decir que en otros no lo sean. Hay casos de crueldad animal en laboratorios y eso es una realidad que yo mismo he podido conocer. Por ejemplo, conozco un laboratorio que por ahorrar costes no le pone la dosis adecuada de anestaesia a los animales y estos se despiertan a mitad de las operaciones. Si se levantan los matan porque el estropicio que se monta son operaciones cerebrales es tremendo. Los becarios de ese labo te lo cuentan entre risas. Y asi conozco al menos otros dos casos. Pese a todos los controles, al final los animales están en manos de los experimentadores que los usan y esa es la triste realidad. Y sí, muchas veces sufren mucho. Muchas veces, que no todas, pasan miedo y dolor y es realmente horrible, y chillan y agonizan y son torturados de todas las formas imaginables asfixiados, quemados, electrocutados, mutilados, etc. Los animales tienen consciencia y sufren dolor físico y sufriento psicológico. Negar esto para defender la experimentación animal, argumentando que los animales de laboratorio viven en el equivalente a un resort en Bora Bora, te convierte inmediatamente en un gilipollas integral. Esto además es contradictorio: no puedes decir que los usas porque son muy parecidos a nosotros y acto seguido negar este punto.

3) Pertinente y necesario no es lo mismo: Conocí una vez a una investigadora que trabajaba en otro país que me dio una charla. Esta investigadora estudiaba el sistema olfativo de los monos titís aunque la investigación con simios esta en franca decadencia porque es cara, es terrible para los pobres y los resultados no es que sean mucho mejores que en otros modelos. El protocolo experimental que hacían con los titís era bastante macabro, los operaban y acababan realmente mal, tanto que había que sacrificarlos cuando una compañera suya de la que se burló abiertamente en la charla no los adoptaba en su casa y cuidaba de ellos porque le daban pena. El caso es que justificaba su experimento —nadie le dijo nada, vino ya a la defensiva alegando que, claro, que si ella estaba investigando el sistema olfativo de los monos titís, ¡cómo no iba a usar monos titís!  Pero estaba confundiendo dos parcelas de razonamiento muy diferentes. Una cosa es que lo que vayas a hacerles sea necesario para tus fines que sea racional, y en este caso estaba claro que era necesario hacerles eso, y otra muy diferente que lo que vayas a hacerles tenga sentido y valor que sea razonable. Si uno pone en una balanza el coste-beneficio de lo que hacía sin duda no se justificaba el sufrimiento de los animales y el tiempo y el dinero empleado en relación a los fines mismos del estudio, pese a que hacerles esas cosas fuera necesario para alcanzarlos.

Por ello, ten cuidado con lo que es necesario y con lo que no. La investigación animal en la que hay sufrimiento sólo es defendible cuando es pertinente y necesaria, y hasta cierto punto y no, hacer currículum no es una razón válida. Y tampoco hace falta que te pongas en plan reaccionario o conservador: a veces hay alternativas. No siempre se pueden usar y hay que investigar más al respecto, pero hay centros y departamentos en unis y centros de investigación muy prestigiosos trabajando en ello y no sólo por cuestiones éticas, sino porque lo de los modelos animales, vamos a admitirlo de una buena vez, tampoco es tan fiable en muchos casos.

4) ‘La experimentación animal es buena, hemos conseguido desarrollar anticancerígenos en animales’: Este argumento es una barbaridad. La experimentación animal no se hace para curarle el cáncer a las ratas. ¿Cuántos anticancerígenos, de los miles y miles que se han testado en animales, han podido ser extrapolados? Ya te lo digo yo: 0. Así que no, en estos casos el modelo animal es una basura.

5) La falacia filogenética: Muchas veces se apela a la teoría de la evolución para justificar o exagerar la capacidad de extrapolación, algo que es una falacia muy común. La teoría de la evolución nos dice que es esperable que los parientes cercanos nos parezcamos hasta cierto punto, no dice que si le das un fármaco a un chimpancé va a funcionar igual que en humanos. Puede haber una diferencia genética del 1,6% entre las dos especies, pero eso puede ser un abismo en muchos casos. No tenemos ninguna razón a priori para asignar probabilidades iniciales a la extrapolación interespecífica, más allá de que a nivel de alta complejidad podría ser mayor, en el caso humano, desde bonobos que desde cucarachas. Eso es todo lo que podría decir la teoría de la evolución y ya sería problemático.

6) La falacia de apelación a la tradición: No, que se haya usado mucho en el pasado no significa que tenga que seguir siendo usado o que todo tiempo pasado fuera mejor. Nos sirvió mucho la forma en la que Marie Curie estudió la radiación, pero ni se nos ocurriría hacerlo así hoy en día.

En resumen: si lo que defiendes es un modelo extrapolable, pertinente y ético, maravilloso. Si no defiendes eso, que puede ser perfectamente el caso, es posible que la persona que tengas en frente tenga buenas razones para poner en duda tu postura. La actitud científica en ese caso será valorar esas razones y considerar si puedes mejorar tu trabajo de algún modo en base a ellas. Lo contrario a eso sería el equivalente a quedar en un descampado para darte de hostias con los muy cabrones del Millwall.

Por Angelo Fasce

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16 comentarios en “Gente que defiende la experimentación animal como si fueran hooligans del West Ham (1)

  1. Dos cosas.
    Si hablamos de hooligans, los llamados animalistas me parece que se llevan la palma. Pero es comprensible, no disculpable, porque se rebelan contra una situación y algunos pierden las formas. En. el otro bando pienso que lo que hay es investigadores que son insensibles al problema o lo ven como una molestia para sus intereses. Y algunos, pocos, pueden reaccionar como hooligans cuando se les considera carniceros, con razón o sin ella, antes que científicos. Y es lógico que si te acusan de algo así sin razón puedas reaccionar mal.
    Y por otra parte, cuando cuenta esos casos de torturas intolerables, que sin duda se dan, quizá habría que citar también que existen normas que se ha dado la propia comunidad científica para que la experimentación animal no se convierta en una cruel carnicería. Así que ya existe ese imperativo ético entre la comunidad científica y si alguien se lo salta, es a ese a quien hay que reprochárselo , no a todo el sistema. Porque si no se puntualiza esto estamos dando munición a los hooligans animalistas.

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  2. Buen artículo Angelo. Cabe la coincidencia que me encuentro trabajando con grupos animalistas en el marco de la construcción de un frente de izquierdas en mi país, me toca ver el programa sobre bienestar animal y me viene de perilla lo que escribes aquí y -de paso- te agradecería compartir algún buen paper que defienda la experimentación animal.

    Saludos desde Chile!

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  3. La serie de artículos en los que hablaba de “los postmodernos” eran esperpénticos, una simplificación y falseamiento de los filósofos y corrientes a los que criticaba visceralmente.
    Angelo credibilidad nula.

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    1. Entre Angelo y Schwarz, prefiero al primero. Aunque ambos son deshonestos, el primero tiene al menos una formación en filosofía. El otro, Schwarz, es un vulgar charlatán como Fernando Cervera.

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  4. Me parece como esas críticas a escépticos y ateos imaginarios a los que se pinta como genuinos asnos, irracionales, ilógicos, deshumanizados y siempre en peligro de atragantarse con su propia saliva… vamos, un hombre de paja del tamaño del mundo.

    Aclaro: tienes toda la razón. No se debe equiparar el modelo animal al humano sin buenas razones, cierto. Pero eso lo sabemos con claridad desde que Florence Oldham Kelsey impidió que la talidomida entrara a los Estados Unidos sólo con los estudios en ratas (resultó que las ratas no metabolizaban la talidomida), y esto fue en 1961. Pero para decir eso no es necesario inventarse “defensores de la experimentación animal” que se comporten como hooligans. Vamos, si existen estoy seguro de que son una minoría despreciable, pero su existencia misma me parece dudosa ya que no citas a uno solo. Ni a uno solo. Parece pues que los enemigos a los que valientemente dices estar batiendo son molinos a los que imaginas gigantes. Y eso es trampa siempre en divulgación, en periodismo y en cualquier interacción humana, creo yo.

    La única frase, tremendamente tonta, que pones entre comillas (como “La experimentación animal es buena, hemos conseguido desarrollar anticancerígenos en animales”) no aparece en Google. El hecho mismo de que tengas que remitirte a estudios realizados entre 1970 y 1985 y no más recientes se debe a que se ha superado el error básico de no tener en cuenta las diferencias que denuncias. Estás escandalizado por cosas que ocurrieron en el pasado, y que hoy son en todo caso excepciones, pero no son la norma en la experimentación con animales. Que para eso hay, también, comités éticos que antes no existían.

    Así que veo que tienes razón en tus planteamientos sobre la precaución con la investigación animal, sobre sus limitaciones, etc., pero no veo que nadie asuma la posición que denuncias, y que realmente parece una caricatura, un boceto cruel de alguien que no tiene puta idea de metodología, lo cual sería rarísimo en un científico, incluso en un divulgador medianamente curtido. El texto deja un sabor bastante agridulce que me recuerda mucho, repito, aquél libelo de Wolfe que inventó el “nuevo ateísmo” que nunca ha existido.

    Diría que es un típico artículo de filósofo al que le gusta la ciencia pero busca ponerse moralmente por encima de ella como un adusto profesor sobre alumnos malcriados, promoviendo la preeminencia de la filosofía sobre los tontos científicos.

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    1. Búsqueda rápida en google: http://eara.eu/es/campanas/cuarenta-razones-para-defender-la-investigacion-con-animales/

      – Compartimos el 95% de los genes con el ratón, lo que lo convierte en un modelo cercano al cuerpo humano.

      – Los animales sufren enfermedades similares a los humanos, incluyendo el cáncer, la tuberculosis, la gripe y el asma.

      – Los gatos domésticos matan aproximadamente 5 millones de animales cada semana, más del número total de animales que se usan en investigación médica cada año.

      – El desarrollo de los anestésicos modernos, como la vacuna del tétanos, de la penicilina o el descubrimiento de la insulina estuvo basado en investigación con animales.

      Y he tardado exactamente un minuto. No es tan complicado encontrar muchos de los argumentos flojos que menciono en el artículo en la calle. Yo mismo me he cruzado a muchas personas que los sostienen y es facil verlos si uno busca en google con un poco de atino. En ningún momento he dicho, además, que alguien tenga que sostenerlos todos a la ves, el artículo es simplemente un rapaso a algunos malos argumentos en defensa de la experimentación animal.

      Y siento decírtelo Mauricio, pero la tarea de valorar los argumentos que no estén basados en evidencia científica es de la filosofía y de la teoría de la argumentación. No es que me esté poniendo por encima de los científicos, es que simplemente estoy ejerciendo mi profesión. Si eso te gusta o no, o si me vas a dar la razón para luego salir con un descalificativo tan raro como ese, tú mismo.

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      1. Los argumentos falaces que usen los cuñaos son irrelevantes.

        Lo relevante es lo que ignoras, las razones científicas para usar animales.

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    2. 1. “Pero eso lo sabemos con claridad”, repite el asno que inventa que en su blog escribe cual tontada para justificar sus deslices. No te sientas el representante de todos, no eres nadie, eres un charlatán.
      2. “Y eso es trampa siempre en divulgación, en periodismo y en cualquier interacción humana, creo yo.”. Trampa es la que haces en cualquier lugar que pisas.
      3. “Diría que es un típico artículo de filósofo al que le gusta la ciencia pero busca ponerse moralmente por encima de ella como un adusto profesor sobre alumnos malcriados, promoviendo la preeminencia de la filosofía sobre los tontos científicos.” Más bien eso es lo que haces en todo lugar donde tiran tomates en la cara, cierras los comentarios, te haces el indignado y calificas de traidores a los que no te dan la razón, el schuarchismo como religión sólo sirve para sacar dinero a sus creyentes irracionales. XD

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