Pseudopsicología oficial. Facultades, COP, PIR y otras desgracias

«(La vida) es un cuento relatado por un idiota, lleno de ruido y furia», decía Shakespeare en Macbeth. Cuando entro a alguna de las instituciones que rigen la enseñanza y la práctica de la psicología y observo lo que por ahí habita, a veces pienso que, quizás no toda la vida, pero al menos la psicología sí es un cuento contado por sus personajes más ineptos. Y eso que vengo de filosofía. Pero es que lo que uno puede vivir en ambientes como el Colegio Oficial de Psicólogos (COP), una lisérgica cueva de pseudociencia, en las facultades de psicología, llenas de intrigas palaciegas e intentos constantes de asalto al poder, o en el examen oficial de acceso al PIR, no tiene comparación con nada que yo haya podido observar antes. El nivel de corrupción es total, el desdén por la ciencia es máximo, y las argucias retóricas son muy refinadas. La psicología tiene un problema muy grave con esto de la pseudociencia, porque sus mecanismos de control son lamentables y porque los aspirantes a chamanes han ido acumulando un poder que nadie en su sano juicio comprende.

COP: El lobo al cuidado de las ovejas

¿Por qué existen los colegios profesionales? En el artículo 35 de la constitución española se declara la libertad de elección profesional, de modo que todos los ciudadanos de este país tenemos derecho a optar a ser profesionales — juristas, contables, médicos, psicólogos, enfermeros, profesores, etc. Sin embargo, acto seguido, en el artículo 36, se declara que «La ley regulará las peculiaridades propias del régimen jurídico de los Colegios Profesionales y el ejercicio de las profesiones tituladas». Es decir: yo puedo optar a ser abogado, pero el estado ha de autorizarme y controlarme. Esto se debe a que las profesiones son actividades de gran sensibilidad social basadas en la confianza del consumidor, con los máximos estándares formativos y éticos. No hay margen para que el mercado regule a los médicos; la oferta y la demanda no pueden regir sobre quién se queda en el mercado y quién no — para empezar, porque la demanda no asegura una sanidad de calidad, y, para terminar, porque tener a un médico desastroso un solo día en la calle puede ser un drama para muchos. A fin de ejercer este control, por imperativo constitucional, el estado creó una serie de colegios profesionales que expiden permisos de ejercicio y dan de baja a los malos profesionales, todo ello en base a un texto de carácter legal, aprobado y supervisado por una serie de instancias de varios ministerios, que es ese papel mojado y tristón llamado «código deontológico».

En principio todo suena bien, ¿no? Pero el naufragio viene ahora. El estado español, en lugar de constituir colegios profesionales públicos, con sus funcionarios, su exposición política y su lógica legaliforme, decidió privatizarlos, transfiriendo las obligaciones de control público a manos privadas. La ley es garantizada por organizaciones ajenas a lo público, de modo que los profesionales son jueces y parte en la aplicación de su propio código deontológico y en el marco de desarrollo de su actividad, lo cual constituye una auténtica marcianada que, aunque nos hace ahorrarnos unos euros cutres, también nos hace perder calidad ética a raudales. Al fin y al cabo, esta privatización por parte del estado responde a una lógica quijotesca de respeto al incorruptible cultureta de pueblo; al médico que llegaba por la mañana, era vestido por las enfermeras, pasaba consulta de lo que le diera la gana, y luego, por la tarde, se daba una vuelta por el ayuntamiento a firmar documentos cual notario y a hacer un poco de pedagogía pública.

Y todo esto no me lo invento yo, lo dice la web del Congreso: «La peculiaridad de los colegios profesionales respecto de otras organizaciones se encuentra en que son corporaciones de derecho público que, no obstante, ejercen funciones de naturaleza jurídico-privada, aunque tengan delegadas algunas funciones públicas como es, por ejemplo, la disciplina profesional. El Tribunal Constitucional así lo tiene reconocido en sentencias 76/1983, 23/1984, 123/1987 y 89/1989, entre otras en las que señala que “los colegios profesionales son corporaciones sectoriales que se constituyen para defender primordialmente los intereses privados de sus miembros, pero que también atienden a finalidades de interés público».

«Defender primordialmente los intereses privados de sus miembros» y, ya de paso, nos hacen el favor de mirarnos lo de la deontología de vez en cuando. Resultado directo: los colegios profesionales son cortijos privados, comandados por el que asuma el poder (money), que se rigen por intereses privados (money) y que se encargan de velar por lo mejor, no para el campo o para el consumidor, sino para aquellos que han asumido el poder (money) — como cualquier empresa, vaya. Esto ha llevado a que los colegios profesionales de este país de hayan convertido en calderas de politiqueo de la peor de las calañas, con unos puestos de mando, con capacidades de poder público incluido, que son un caramelito para todos los sinvergüenzas de este mundo, especialmente para aquellos que se desempeñan en el innoble arte psicomágico de las constelaciones gestálticas, con manoseo orgónico incluido. Y consiguen llegar al poder. Vaya si lo consiguen. Y eso que el código deontológico es intransigente con la pseudociencia, siendo muy exigente con los estándares científicos de las prácticas y enseñanzas en nombre de la psicología — ver artículos 5, 22 y 33. Pero es que en el COP se pasan el código deontológico por el forro de los huevos, por decirlo finamente, de modo que una de las principales fuentes de negación de los estándares éticos del campo proviene justamente de la entidad que ha de velar por ellos.

Hagamos una radiografía al peor caso que conozco, el COP-CV —el de la Comunidad Valenciana, porque los valencianos nunca se quedan a medias—, para notar hasta qué punto de pútrida está la cosa:

Junta de gobierno: Un vicedecano es coach, uno de los casos más alarmantes de intrusismo al que ha de hacer frente la psicología. No se esconde, precisamente. Participa en un máster propio de coaching, se presenta como coach y pontifica en jornadas sobre «coaching profesional» en el propio COP-CV. Otra vicedecana es psicoanalista —aunque también se presenta como coach por la vida—. Una, vicedecana, psicoanalista, en, el, 2017, siendo el psicoanálisis uno de los casos más estudiados de pseudopsicología, que viola el código en tantos puntos que no vale la pena ni repasarlo. Se trata de una «psicóloga clínica» que fomenta el uso del psicoanálisis como psicoterapia en el ámbito clínico, cuando no ha demostrado eficacia jamás para nada. Por último, la tercera vicedecana es otra coach, psicóloga jurídica que, por lo que oferta por ahí, tiene una consulta privada para la atención clínica, lo cual está prohibido. Entre los vocales, más locura. Un coach que hace EMDR, que es una magufada como una catedral ya refutada por estudios bien diseñados, otra que es  «psicóloga especialista en coaching»… en fin, lo peor de cada casa.

Comisiones: Las comisiones del colegio nos dan a entender que el mismo es, básicamente, un aquelarre, y que poco o nada tiene que ver con la psicología a estas alturas. Por ejemplo: comisión de vegetoterapia (info aquí), psicoanálisis (info aquí) o gestalt (info aquí). Los grupos de trabajo, más y peor: coaching, constelaciones familiares, análisis bioenergético, psicoanálisis infantil, terapia a través de la aventura (sic), psicología positiva, y un largo y lamentable «etc».

Cursos de formación: Para mi grata sorpresa, veo que han limpiado un poco el lodazal que había. Sin embargo, hay constancia de todos los cursos de pseudociencia que se han impartido. En total, aproximadamente un 15% de los cursos impartidos por el COP-CV presentaba contenido pseudocientífico explícito: interpretación de sueños, mucho coaching, muchas constelaciones, mucho psicoanálisis, mucho orgón…

Mi experiencia personal con el COP es muy reveladora de su carácter. Una vez me mandaron una carta oficial de queja por este blog. Hacen cursos de constelaciones y de interpretación de sueños, el código lo usan para nivelar sillas, y encima les parece oficialmente mal que alguien diga algo malo sobre esas cosas. Hace un tiempo entré en contacto con uno de los grupos de trabajo, cuyo nombre no revelaré para que no amanezcan con una cabeza de caballo entre las sábanas, y hablamos de montar un curso o al menos de dar alguna charla o jornada sobre pseudociencia en psicología. Pero presentaron la propuesta y salieron tan acojonados que nunca más se han vuelto a poner en contacto conmigo.

A esta gente, que no te defiende, que ni siquiera trabaja en tu campo, que te exige cosas que ellos no cumplen, les pagas ese dinero que tanto te cuesta ganar. Yo me lo pensaría, o al menos iría a montarla pero bien.

PIR: El examen de admisión a Hogwarts

Todo psicólogo clínico, capacitado para llevar a cabo psicoterapias y, en general, para lidiar con personas con trastornos mentales, ha de pasar un periodo de residencia de cuatro años (PIR – Psicólogo Interno Residente), equivalente al periodo de residencia de los médicos (MIR). El examen para acceder al PIR, cuya competencia es feroz porque hay pocas plazas, pagan bien y te da un plan de vida muy interesante, valora los conocimientos que el aspirante tiene para la práctica clínica de la psicología. Es decir, los contenidos a evaluar son aquellos que se considera que un psicólogos clínico ha de conocer y que puede aplicar en consulta — hago esta matización, porque hay gente que me ha dicho que la inclusión de preguntas pseudocientíficas responde a mera culturilla general, y no, no hay preguntas sobre las capitales de Europa ni sobre los nombres de los reyes godos.

No voy a irme muy lejos, voy a referirme a algunos ejemplos de preguntas que han aparecido en los exámenes del 2016 y el 2017. El caso no es tan extremo como el del COP o el de las facultades, pero sí es muy preocupante, porque es pseudopsicología en el sitio más inesperado:

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Bonus track:

Fornicación

Sobre estas increíbles preguntas, me remito al carácter pseudocientífico de los tests proyectivos, del psicoanálisis y del EMDR. ¿Cómo es posible que esto aparezca en el examen del PIR, como una invitación a los psicólogos clínicos a evaluar a la gente en base a interpretaciones sin valor psicométrico de manchas de tinta y de dibujitos? Los pobres estudiantes para el PIR viven desquiciados, por no comentar los temarios de las academias que preparan el examen, que esos también tienen mucha tela que cortar.

Facultades: «Los ricos son los amos de los pobres; los deudores son esclavos de sus acreedores» (Proverbios, 22:7)

Cuando el trabajo en una facultad pública es visto como una oportunidad empresarial, las cosas comienzan a ir mal. Por supuesto, no hay nada intrínsecamente malo en ganar dinero, oye, faltaría más; el problema es cuando haces tu trabajo de un modo negligente en aras únicamente de atrapar el dinero y correr. La universidad española está llena de sinvergüenzas de ese tipo, parásitos sociales chupando del bote, ocupando plaza y aportando la nada. Sin embargo, en otras facultades esta clase de personajes procuran pasar desapercibidos o, en el peor de los casos, limitarse a llenarle la cabeza de porquería a sus alumnos en clase. En las facultades de psicología, en cambio, es habitual que los grupitos de locos de la gestalt, del mindfulness, psicólogos sociales posmos que vete tú a saber cómo han llegado ahí, o los más innovadores del coaching, busquen activamente el protagonismo dentro de la facultad, gozando del visto bueno de sus decanatos, que buscan aplacarlos, y del rectorado, que ve posibilidad de business.

Por supuesto, si los de la gestalt consiguen hacer un máster propio que supone un ingreso de dinero a la universidad, tendrán más poder interno que los pobretones del departamento de al lado, que seguramente se dedican mezquinamente a producir investigación de calidad. Y si los del máster propio están financiados por una entidad privada de dudosa reputación y de mucha sinvergoncería, dicha entidad tendrá poder sobre rectorado, dado que le deben dinero o, al menos, la posibilidad de ingresarlo. Y ese es el caldo de cultivo en el que han ido floreciendo los «títulos propios», unos titulillos que nacen de iniciativas docentes propias de las universidades, no reconocidos por la ANECA  pero que llevan el sello y la firma del rector de la universidad — lo cual es suficiente reclamo como para que sean todo un éxito. Los títulos propios, cabe decirlo, son una modalidad formativa interesante, dado que permite montar cursos muy específicos con gran libertad.

Volvamos a Valencia, terra de foc, de petardos y de excesos. La UV ya tuvo un máster en homeopatía —con bastantes ediciones a sus espaldas— que fue tumbado con el empuje de varias asociaciones. Pero aún tiene bastante basura. Pero bastante, mucha, entre su oferta de títulos propios. Yo mismo he hablado con el vicerrector de posgrado, que nos ha dicho que sí, que todo fatal, que tenemos razón, que leerá los escritos, para, al cerrarnos la puerta en las espaldas, pasar de todo. De psicología, por cierto, es tal el poder del maguferio dentro de la facultad y tantos los intereses en esos másters que no hemos podido tumbar ni uno solo; ni siquiera hemos podido hacer que consideren la posibilidad de considerarlo. Entre la oferta hay estupideces sin el más mínimo fundamento como másters en «neurofelicidad», coaching, programación neurolingüística (info aquí), inteligencias múltiples, psicología positivagestalt o DMB – en DMB, que es una mezcla de PNL e hipnosis ericksoniana, hay varios; incluso hay engendros quiméricos como coaching empleando DMB, o DMB enfocado a la práctica clínica.

Hace unos meses me invitaron a dar una charla a la facultad de psicología. La experiencia fue, como poco, desconcertante. Acudieron unas terapeutas gestalt, junto a una catedrática local, a reventar la charla con una actitud matonesca muy jodida. Incluso hubo quien me suplicó antes de la charla que retirara una dispositiva en la que enseñaba los cursos de análisis bioenergético y vegetoterapia del COP-CV. Una locura. Eso sí, la decana una crack, aunque creo que a la pobre la tienen sobrepasada entre todos.

En resumen: esto es serio, esto se ha metido hasta la cocina, y esto hay que solucionarlo. Y solucionarlo no pasa precisamente por hacer amigos, que la actitud conciliadora y pusilánime de la mayoría de psicólogos le hace un muy flaco favor al campo. Eso sí, vale la pena ir bien preparado y organizado, porque ellos saben bien lo que hacen y nosotros nos hemos dormido en los laureles desde hace mucho.

Por Angelo Fasce

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10 comentarios en “Pseudopsicología oficial. Facultades, COP, PIR y otras desgracias

    1. Lo que comentas sobre el paso al maguferio dentro del propio PIR es muy cierto. La cosa está bien jodida, y te digo más, y esto lo han defendido algunos filósofos y tal, pero a veces para los cambios intelectuales profundos las generaciones han de morir y otras han de tomar el relevo, porque con el tapón es imposible. El problema es que no veo que los nuevos psicólogos que salen de las facultades sean porcentualmente mejores que los que ya están, al contrario, estas movidas parecen ser cada vez más populares. Tiene que venir alguien de fuera a poner orden, esto no se va a solucionar con dinámicas puramente internas.

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  1. Ya era hora de que alguien señalara tanta montaña de mierda sobre la psicología. No sé qué me da más asco si lo del COP (que ya me lo sabía y llevo tiempo sangrando porque siento que no se puede hacer nada) o lo del PIR (que solo me presenté una vez por ver cómo era y vi que era un despropósito). Al menos me quedaba una cierta confianza en las universidades… Otra venda que se me cayó hoy; como si no hubiera tenido bastante con saber lo de Huxley y Maslow en el instituto Esalen.

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  2. Todo bien, pero dejar claro que la pregunta de Fornicación fue un error tipográfico del. PIR 2017 donde se quiso escribir “ForMicación”, que es efectivamente un delirio sobre hormigas en la piel. La pregunta se anuló por el fallo ortográfico.
    No vayamos a faltar a la verdad por hacer el chiste, señor Fasce

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