Ciencia ficción de la mente: los qualia y el blablá de los experimentos mentales

El dualismo la idea de que la mente/alma/consciencia son entidades separadas del sistema nervioso no tiene la fuerza de antaño, pero el que tuvo, retuvo. Aún hay gente, especialmente dentro de la filosofía de la mente o de chorradas del tipo neurociencia cuántica o dualista, que pretende sacar conejos de chisteras. Sin embargo, el materialismo ha ido ganando mucho terreno, incluso dentro de la filosofía, con versiones del funcionalismo, de la teoría de la identidad o del materialismo eliminativo sumando adeptos. En lo siguiente quisiera repasar los principales argumentos que los dualistas filosóficos esgrimen contra la neurociencia y la ciencia cognitiva, que no son otros que la existencia de unos tales qualia y la elaboración de determinados experimentos mentales que pretenden dotar de un valor cualitativo inefable para la ciencia a procesos como la consciencia o la comprensión. La estrategia de esta crítica consiste en una serie de ataques a la visión puramente mecanicista de la mente humana y a las explicaciones que realiza la neurociencia de los procesos mentales como procesos cognitivos puramente alrgorítmicos y computacionales —dado que existirían determinadas entidades y determinados procesos propios de la actividad mental humana que no serían computables—. Una crítica que se ha ido desarrollando hasta la forma que tiene hoy en día durante toda la segunda mitad del siglo XX con la obra de Fodor, Block, Nagel o Jackson, y actualmente es especialmente defendida por Searle y Penrose.

Los misteriosos qualia

Lo que el concepto qualia quiere expresar tiene una amplia tradición filosófica que se puede remontar a la obra de Locke y que pasa incluso por los desarrollos de Wittgenstein. Fodor y Block apuntaron en su artículo Lo que no son los estados psicológicos (Fodor y Block, 1972) una objeción al funcionalismo basada en esta idea. Tal objeción ataca al corazón mismo del funcionalismo: la idea de que los estados mentales son en su totalidad estados funcionales. Según su planteamiento, que dos sistemas compartan la misma organización funcional no implica necesariamente que tales sistemas hayan de ser mentalmente equivalentes. Lo que Fodor y Block proponen es que es posible que dos sistemas sean funcionalmente idénticos aunque mentalmente distintos. Tal distinción puede darse debido a la presencia de estos tales qualia. De este modo, el funcionalismo sería incapaz de dar cuenta tanto de las propiedades cualitativas de los estados mentales fenomenológicos como de las propiedades semánticas de los estados mentales intencionales —sea lo que sea eso; qué grima me da tener que hablar como un filósofos analítico—. No es necesario entonces que los sistemas funcionales tengan que tener qualia específicos asociados a ellos, puede darse una definición funcional idéntica de dos procesos mentales cuyos qualia respectivos sean diferentes, opuestos o, incluso, inexistentes. De este modo, la objeción que nos presentan Fodor y Block es capaz cristalizarse en un enorme compendio de experimentos mentales desarrollados por multitud de autores.

Los qualia son caracterizados por Dennett como “un nombre poco común para algo que no podría resultarnos más conocido: la manera en que nos parecen las cosas”. Se trata de las cualidades sensitivas subjetivas que acompañan a nuestros procesos cerebrales y perceptivos. Estas cualidades sensitivas son caracterizadas por la mayoría de los teóricos qualófilos como inefables, pues no pueden ser comunicadas o aprehendidas por otros medios diferentes a la experiencia directa; intrínsecas, al ser propiedades no relacionales, que no cambian dependiendo de la relación de la experiencia con otras cosas; privadas, ya que todas las comparaciones interpersonales de los qualia son imposibles; y, por último, directa o inmediatamente aprehensibles por la conciencia, la experiencia de un quale es saber que uno experimenta directamente el quale. Veamos algún ejemplo de empleo del concepto en un experimento mental dualista:

Mary es una neurocientífica brillante que, por alguna razón, se ve obligada a investigar el mundo desde una sala en blanco y negro a través de un monitor de televisión también en blanco y negro. Se especializa en la neurofisiología de la visión y adquiere, supongamos, toda la información física que hay que obtener acerca de lo que sucede cuando vemos tomates maduros o el cielo y usamos términos como «rojo» o «azul». Descubre, por ejemplo, qué combinaciones de longitud de onda del cielo estimulan la retina, y exactamente cómo esto produce a través del sistema nervioso central la contracción de las cuerdas vocales y la expulsión del aire de los pulmones que da lugar a la pronunciación de la frase “El cielo es azul” (…) ¿Qué pasará cuando Mary salga de su cuarto en blanco y negro o se le de un monitor de televisión en color? ¿Aprenderá algo nuevo o no? Parece simplemente obvio que aprenderá algo sobre el mundo y sobre nuestra experiencia visual de él. Pero entonces es ineludible que su conocimiento previo era incompleto. Pero tenía toda la información física. Ergo, hay que tener más que eso y el fisicalismo es falso” (Jackson, 1986).

Los argumentos del pasaje son los siguientes:

(1) Mary tiene toda la información física concerniente a la visión humana del color antes de su liberación.

(2) Pero hay cierta información acerca de la visión humana del color que ella no tiene antes de su liberación.

Por lo tanto,

(3) No toda la información es información física.

Experimentos mentales como este los hay a patadas. Por ejemplo, el experimento mental de los zombies o de los qualia ausentes —seres que actúan exactamente igual que nosotros pero no tienen qualia— o el de los qualia invertidos —personas que, sin ser conscientes de ello, tienen invertidos, por ejemplo, el azul y el rojo—. Otro experimento mental íntimamente relacionado es es de la habitación china, que pretende tintar de qualia el concepto de comprensión semántica. Los experimentos mentales que se proponen en favor de los qualia son siempre muy parecidos: se nos presenta una situación con unas determinadas características bastante extremas y rocambolescas que nos llevan a una conclusión que se nos presenta como lógica, y que nos lleva a pensar que estamos ante una refutación del carácter material de algun proceso mental humano.

Por ejemplo, el argumento de Searle a favor de mentalismo, el de la habitación china (Searle, 1980), vuelve a ser lo mismo aunque presentado de un modo más sofisticado. Se trata de ser una reducción al absurdo del test de Turing, tratando de llevarnos a concebir como más lógico el pensar que existe un salto ontológico entre las entidades mecánicas y el ser humano. La situación que nos presenta es la siguiente: Se realiza un extraño experimento que consiste en la que una persona responde a preguntas en chino pero sin saber chino, sino de forma automática y sin entender sus respuestas, valiéndose de un «libro de reglas para responder preguntas en chino». La persona que recibe las respuestas cree que está hablando con un hablante de chino, así que el sistema pasaría el test de Turing sin haber comprendido sus propias respuestas. Pero la razón nos obliga supuestamente a no aceptar que el sistema es realmente inteligente, por más que haya superado el test. La diferenciación que pretende introducir Searle es que un ordenador sería una máquina sintáctica pero no semántica, como sí puede serlo la mente humana; aunque el mecanismo pase el test, en ningún momento ha habido un proceso de comprensión. Nada nuevo bajo el sol, los mismos qualia de siempre.

La raíz misma de la crítica que estos imaginativos teóricos arrojan contra la ciencia radica en que esta emplea como presupuesto implícito la tesis de Church-Turing, siendo esta tesis la diana última de estos argumentos que tratan demostrar que nuestra adhesión a tal idea es arbitraria o errónea. Vale la pena entonces detenerse a analizarla. La tesis de Church-Turing establece la equivalencia entre toda función computable y una máquina de Turing. Se trata de una tesis no demostrable formalmente por ello es una tesis y no teorema, debido a que el concepto de algoritmo no es fácilmente formalizable o elucidable —pese a que tal esfuerzo se viene llevando a cabo ya desde el On computable numbers with an application to the Entscheidungsproblem de Turing. Sin embargo, la tesis goza actualmente de una aceptación prácticamente universal entre la comunidad científica, debido a que ha sido contrastada en numeras ocasiones y, sobre todo, porque nunca se ha podido definir un algoritmo que no sea formalmente Turing-computable o, lo que es equivalente pero en terminología de Church, lambda-definible.

La tesis pone la carga de la prueba sobre aquellos que la niegan, de modo que para falsarla será necesario ofrecer evidencia empírica en su contra, algo que nunca ha sido llevado a cabo de manera satisfactoria. Cabe apuntar también el hecho de que la tesis de Church-Turing posee un trasfondo filosófico muy importante. Al establecer que todo algoritmo es computable, y que todo proceso físico es un algoritmo, la tesis puede ser leída de varias maneras, haciéndose lecturas más o menos fuertes de ella. En su versión más fuerte, la que usualmente es esgrimida por los científicos cognitivos, la tesis de Church-Turing puede ser interpretada como un argumento a favor de que el universo es una enorme máquina de Turing y que, por ello, todos los procesos mecánicos que en él tienen lugar son, al menos a nivel lógico, Turing-computables incluidos, claro está, los procesos mentales. Se trata de una lectura que sitúa a la tesis como un argumento a favor del mecanicismo y del fisicalismo.

La tesis, como ya podemos suponer, es un argumento en contra del mentalismo, estableciendo la posibilidad de crear una máquina de Turing capaz de realizar todas las funciones del cerebro humano. Todas las funciones del cerebro serían Turing-computables, y por ello es al menos lógicamente posible la creación de una máquina pensante en el mismo sentido que lo es el cerebro humano. Turing fue un gran defensor de la inteligencia artificial en su sentido más fuerte, estableciendo lo que ha sido denominado como el «test de Turing». Este test establece que una máquina que no seamos capaces de diferenciar de una persona —él lo establece en un primer momento de forma primitiva en un contexto de conversación sin contacto ocular ni interacción física debe de ser considerada como una entidad capaz de pensar y, por ello, debemos atribuirle la mismas capacidades y condiciones que a cualquier ser humano. Otras lecturas menos fuertes hacen que el dominio de la tesis sea local —por ejemplo, que las leyes básicas del universo no sean cumputables—.

Dentro de la propia ciencia cognitiva hay varias posturas posibles respecto a la relación entre el campo y la inteligencia artificial: una visión funcionalista y otra basada en el materialismo eliminativo. Ambas posturas están muy cerca una de la otra, pero tienen sus diferencias. El funcionalismo establece que toda propiedad mental es equivalente a una propiedad funcional y, por ello, que todo el vocabulario mentalista puede ser traducido a una forma funcionalista de expresión. Lo que convierte a dos procesos cognitivos en el mismo proceso uno llevado a cabo por un artilugio manufacturado y otro por un cerebro humano es que cumplan la misma función, esto es, que puedan ser descritos en los mismos términos funcionales. La otra aproximación eliminativista, en cambio, establece que muchos términos psicológicos que empleamos usualmente pertenecen a la mera psicología folk o pop, y por ello debemos de centrar nuestra atención a los procesos físicos para decidir qué proceso está llevando a cabo la máquina de forma real. Pensemos, por ejemplo, en las nociones intuitivas de libertad, de intención o de mente. Los niños tienen una tendencia innata a verse a sí mismos como seres libres en el sentido más metafísico del término, a tener razonamientos teleológicos respecto de la naturaleza y a ser dualistas, pero sabemos que todo ello no deja de ser un conjunto de pseudoprocesos, intuitivos, pero inexistentes.

Dichos sesgos y tendencias pueden tener perfectamente explicaciones evolutivas, al tener importancia en el desarrollo de la personalidad y de las aptitudes morales que los seres humanos presentamos de forma innata hacia los que reconocemos como los nuestros. Pero también poseemos un sistema cognitivo específico para realizar reproducciones lo más fidedignas de la realidad. El descubrimiento por parte de este otro sistema de la carencia de libertad metafísica en nuestras acciones o de la falta de intencionalidad en los eventos del universo supone un choque entre dos subsistemas cerebrales evolutivamente desarrollados, el intuitivo y el analítico. La psicología pop es aquella que no ha eliminado estos conceptos intuitivos y falaces.

Sea como fuere, resulta sencillo observar que entre las dos concepciones hay un consenso claro respecto al desligue entre las funciones de la mente y el sustrato físico que sirve de base para la realización de la cognición. Lo mental sería neutro respecto del sustrato físico sobre el cual se realiza. No importa si la función de “identificar caras”, por ejemplo, es llevada a cabo por una máquina creada por determinada marca de productos informáticos a base de chips de silicio o por un cerebro humano basado en materia orgánica. Si un aparato informático es capaz de realizar las mismas funciones o los mismos algoritmos que realiza el cerebro humano, entonces no deberíamos tener ningún problema en afirmar que ambas máquinas el cerebro y el ordenador son equivalentes y, por lo tanto, que ambas son capaces de mostrar comportamiento mental inteligente.

La respuesta por parte del funcionalismo ante el reto de los qualia no tardó en llegar, siendo especialmente relevante la esgrimida por Sidney Shoemaker (1975). Este autor pretendió llevar a cabo una definición del concepto en términos funcionales. Pero ¿realmente los estados cualitativos pueden ser recogidos por el funcionalismo? De entrada parece que la respuesta debiera ser negativa. Pero para Shoemaker dos estados funcionales de dolor no pueden ser funcionalmente idénticos si no tienen asociados el mismo quale. Dado que este estado de dolor tiene valor para (1) generar determinada conducta en el individuo dolorido que no tendría aquel que no sintiera el quale de ese determinado dolor, (2) generar en él la creencia de que algo va mal en su organismo, y (3) la producción de creencias cualitativas: que la persona crea que se encuentra en determinado estado cualitativo de dolor y no en otro o en ninguno, suponer que un estado con carácter cualitativo y otro que carezca de él puedan ser funcionalmente idénticos acarrea la suposición implícita de que tal carácter carece de relevancia alguna, incluso en la generación de nuestras creencias cualitativas. Resulta sospechoso y ciertamente inverosímil simplemente suponer que no tienen relevancia en nuestro conocimiento de los estados mentales de los demás, pero la idea se torna inconcebible al postular que tampoco tienen importancia en el conocimiento de nuestros propios estados mentales. Tal ilógica conclusión le sirve a Shoemaker como argumento contra la posibilidad de los qualia ausentes. Su estrategia parece, entonces, prometedora, pero el problema es que Shoemaker asume como válidos los experimentos mentales de los qualófilos, lo cual lo lleva a un callejón sin salida.

Shoemaker no es capaz de reducir funcionalmente de forma total a los qualia por varias razones. Una de ellas es que asume la definición estándar de «quale» como válida, con lo cual ya tiene media batalla perdida, y otra es que concede que la idea de la inversión de los qualia es posible aunque en el texto inicialmente diga que realmente no lo es y que hay hasta evidencias empíricas de que es imposible que suceda tal cosa sin incurrir en consecuencias detectables. Pero acaba por dejar de lado estas primeras intuiciones que le habrían ahorrado bastante esfuerzo). Por estas razones termina aceptando finalmente que existen algunos estados cualitativos particulares y creencias cualitativas de determinado tipo que no son enteramente definibles funcionalmente. Su trabajo acaba reconociendo que los estados cualitativos son en gran medida inefables, aunque sí que son susceptibles de definición funcional cuando uno se refiere a ellos como clase y no como estados particulares. En sus propias palabras (el paréntesis en cursiva es mío): “Y una expresión común de este punto de vista (el de que los estados cualitativos están relacionados con la conducta de manera contingente) ha sido la afirmación de que la inversión del espectro y otros tipos de «inversión de qualia» son lógicamente posibles; pues decir que éstos son lógicamente posibles es, en apariencia, decir que cualquiera que sea el carácter intrínseco, interno, que tienen estos estados mentales, su «contenido cualitativo», éste carece de pertinencia lógica para la cuestión de que estén relacionados como lo están con sus causas corporales y manifestaciones conductuales. He concedido que esta idea tiene un elemento sustancial de verdad. Pues he permitido que la inversión del espectro sea una posibilidad y he permitido que ésto implique que por lo menos algunos estados cualitativos (y creencias cualitativas) no puedan definirse funcionalmente.” (Shoemaker, 1975: 209)

Dennetteando los qualia

Dennett, al contrario que Shoemaker, caracteriza como meras “bombas de intuiciones” la totalidad de experimentos mentales que apoyan la definición clásica de qualia. Ha dedicado varios trabajos a analizar el uso retórico del lenguaje en estos experimentos (Dennett, 1988; 1995), identificando algunos trucos lingüísticos recurrentes basados en ambigüedades que apelan a la confusión como una forma de argumentación. Dennett desarrolla un modelo del funcionamiento de la mente humana que ha sido calificada como «funcionalismo homuncular», que supone una síntesis entre el funcionalismo clásico y el materialismo eliminativo, recogiendo también en buena medida los avances del neodarwinismo y dando explicaciones evolutivas a los procesos mentales que no eran fácilmente explicables desde el marco del funcionalismo clásico que defendía Turing. Las principales aportaciones de la perspectiva de Dennett son la introducción de explicaciones evolutivas para determinados sesgos y falacias en las que se basan estos experimentos mentalistas y la eliminación de la plausibilidad de realización física de los experimentos mentales que presentan.

Si bien es cierto que táctica de Dennett para resolver el problema de los qualia consiste en negar de entrada que algo como los qualia se tenga lugar en la experiencia humana, por el amor de Dios, no hay que ser simplones en nuestra lectura. No puedo estar más harto de los iluminados que piensan que Dennett niega la consciencia o las experiencias sensitivas que tenemos todos los días; lo que Dennett hace es, desde la base de la obvia aceptación de dichos procesos y sensaciones, redefinirlos sin retórica extraña que incluya magia o juegos de palabras. Dennett trata de dar solución al reto que se le plantea en su obra La conciencia explicada (Dennett, 1995), en la cual trata de ofrecer una alternativa al modelo tradicional del funcionamiento mental basada en una perspectiva neodarwinista. Para ello propondrá un método para el estudio de la conciencia, la hetereofenomenología, y atacará vehementemente el llamado “materialismo cartesiano”. Nos ofrecerá una visión del cerebro como el de un sistema distribuido en paralelo, con la consciencia o el Yo como una máquina máquina virtual von neumanniana sobre esta estructura subyacente. De esta manera, el Yo, que antes se asociaba con el teatro cartesiano que los qualófilos proponen, se convierte en una construcción secuenciada temporalmente que tiene carácter adaptativo como un fenotipo.

El método heterofenomenológico está basado en la recolección del testimonio en primera persona del individuo y en ponerlo en relación con el testimonio en tercera persona de los neurobiólogos, psicólogos y demás estudiosos del cerebro y de la conducta. De esta manera se recogerá tanto el contenido subjetivo que genera la totalidad del funcionamiento de la “máquina” con los datos que podemos observar desde fuera de ella. Es, sobra decirlo, la aproximación habitual en el estudio científico de la mente humana. Un hecho importante de la heterofenomenología es que ahora las autoadscripciones de estados mentales ya no son irrefutables. Pueden entrar en contradicción con los informes del funcionamiento del cerebro en ese momento. Como Dennett dice: “Si usted quiere que creamos todo lo que usted dice sobre su fenomenología, entonces no sólo está pidiendo que se lo tome en serio, sino que está solicitando infalibilidad papal, y eso ya es pedir demasiado. Usted no tiene autoridad sobre lo que está ocurriendo en su interior, sino sobre lo que parece estar ocurriendo” (Dennett, 1995, p. 109). Los enunciados autoadscriptivos de estados mentales son útiles para el heterofenomenólogo, pero únicamente como una expresión de la creencia que ha generado la máquina respecto de lo que está pasando en su interior. No son ya la expresión objetiva del teatro de la experiencia que el materialismo cartesiano postula. Todos estos datos que conforman la heterofenomenología permiten la elaboración de una teoría de la conciencia científica neutral y anular la supuesta existencia de elementos misteriosos e inefables como los qualia.

El materialismo cartesiano sería un subproducto intelectual, un modelo que se deriva del dualismo metafísico cartesiano. Una vez derrumbado el dualismo y desechada la mente inmaterial, queda aún de manera residual el esquema mental del cerebro siendo comandado por una central general que toma las decisiones en última instancia. Tal visión queda totalmente desmitificada por el procesador en paralelo que presenta Dennett. No es posible encontrar ese sitio central donde el cerebro se unifica; el centro de mando donde hacen aparición los supuestos qualia inefables. Cada subsistema hace su propia función, pasando directamente a la acción y coordinándose unos con otros en relación a los feedbacks ambientales, sin un supervisor general. Los qualia han de pertenecer a alguno de los subsistemas cerebrales, optimizados y desarrollados por medio del proceso de selección natural que ha sufrido la especie humana durante millones de años, y tener una función determinada dentro de él. Las sensaciones han de tener un valor funcional y adaptativo cuyo origen podemos rastrear en la prehistoria humana y cuyo sistema físico de funcionamiento podemos estudiar empíricamente. Entre estas funciones presentes en el cerebro están las sensaciones, los colores, las disposiciones reactivas, los instintos, etc., que fueron desarrolladas por cuestiones adaptativas y que son tan físicas y estudiables por medios empíricos como el sistema endocrino o el respiratorio, aunque su estudio pueda presentar dificultades técnicas.

Desactivando las bombas

Comencemos por el caso más sofisticado y veamos en qué situación queda ahora que podemos leerlos desde las gafas dennettianas. La situación propuesta por Searle a favor del mentalismo queda plasmada como una simplificación por varias razones. 1) El hablante de chino no hace realmente un test de Turing exhaustivo que recoja los aspectos más candentes y difícilmente reproducibles del pensamiento humano; solo la extrema lentitud de respuesta de la máquina ya sería suficiente para suspender el test. Al leer la historia pensamos que pasa el test simplemente porque Searle nos dice que lo pasa. 2) Emplea un lenguaje realmente oscuro cuando nos indica que el mecanismo no comprende el significado de los términos. El empleo del término “comprender” es ambiguo y confuso, dado que es, por un lado, una verdad muy evidente —la persona de dentro de la habitación no entiende el chino— y, por otro, una afirmación totalmente falsa —supone que hay algo oscuro en el comprender— y que por ello una máquina no podría nunca comprender las palabras como lo hace el ser humano. 3) En su narración de la situación hay una dimensión demagógica y tendenciosa porque en su concepto de comprensión ya hay supuesta una visión mentalista; ya ha introducido la pseudoentidad o el pseudoproceso que pretende probar, dándolo por sentado —el proceso de comprender como un proceso no algorítmico e irreproducible—, lo cual, además, supone una argumentación circular. Todo parece ser un mero juego lingüístico de Searle, que, en si habitual línea de fantasmagoria y prepotencia intelectual, considera las réplicas de Dennett como irrelevantes. Dennett, por su parte, se limita a decir al respecto que “a ningún mago le gusta que revelen sus trucos” (Hofstadter y Dennett, 1981).

Este tipo de análisis crítico puede hacerse de todos los experimentos mentales. Todos se expresan ambiguamente y, sobre todo, se mueven siempre en un nivel lógico que no tiene mucho interés a menos que pueda ser bajado al nivel físico. Dado que la discusión se sitúa en un nivel biológico, no tiene mucho interés una afirmación al respecto que no pueda ser contratada experimentalmente por parte de la biología o la psicología. De momento es opción racional adherirse a la tesis de Turing—Church y asumir que, pese a las enormes diferencias que separan a un ordenador de sobremesa del cerebro humano, ambos procesadores no son esencialmente diferentes. Los separa, más bien, un abismo de complejidad, de plasticidad y el hecho de que el cerebro humano tiene muchos subsistemas evolutivos que hacen que sus procesos cognitivos sean muy complejos de analizar, al resultas muchas veces contradictorios, sesgados o irracionales.

Por su parte, la caracterización de los qualia como epifenómenos carentes de efectos físicos es lo que permite que los experimentos de qualia invertidos y ausentes sean comúnmente aceptados. Dennett detecta dos acepciones del término “epifenómeno”. Una es la acepción científica, en la cual un epifenómeno es un fenómeno físico que se da en un determinado hecho pero que no tiene un papel trascendente o de importancia en él. Por ejemplo, el silbido de un motor de vapor. En esta acepción científica el término puede tener sentido respecto de algunos estados mentales y disposiciones reactivas en varios sentidos como puede ser el caso de algunas mutaciones genéticas intrascendentes. Pero en su sentido filosófico el significado del término es infinitamente más potente. Un epifenómeno en este sentido es un efecto que no tiene a su vez efectos sobre el mundo físico. Para Dennett éste es un significado ridículo para un concepto carente de toda utilidad que no puede ser aplicado a nada. No hay ninguna base empírica para creer en tales epifenómenos como la hay para creer en lso fantasmas o en la memoria del agua. Las creencias acerca de los propios estados no pueden tampoco serlo, ni mucho menos nuestros sentimientos de dolor o de color.

Comenzaremos entonces con los qualia invertidos. Existen varios niveles de posibilidad y los qualófilos mueven su argumento en el nivel lógico, pero Dennett replica que este nivel carece de toda importancia, dado que lo que estamos debatiendo aquí se encuentra a un nivel de posibilidad biológica, que ha de pasar por los estadios de posibilidad físico y químico. Dado que las experiencias concientes que el sujeto experimenta están ligadas indisolublemente al estado de la distribución estructural y de la actividad local de su cerebro, entonces no es posible la inversión de los qualia de manera que no podamos percibir heterofenomenológicamente que tal inversión ha sido llevada a cabo; ya sea porque la conducta del individuo ha cambiado respecto de los colores o los dolores, ya sea porque podamos apreciar un cambio en el cableado de su cerebro. Además, y ésto termina de echar abajo el experimento mental, la experimentación empírica nos ha dado buenas razones para pensar que si tales qualia fueran invertidos de manera que se mantengan todas, absolutamente todas, las disposiciones reactivas y las relaciones que guardaban los anteriores qualia con el comportamiento del individuo y con los otros estados mentales con los que se relacionaban, entonces los qualia se nos presentarían iguales a como eran antes del cambio. Si cambiáramos el azul por el amarillo respetando absolutamente todas las disposiciones comportamentales que habían antes respecto de este color, entonces el amarillo se nos aparecería como azul y viceversa (Cole, 1990). No es posible entonces la inversión de los qualia desde un punto de vista materialista y concibiendo a las creencias cualitativas como herramientas adaptativas desarrolladas por medios evolutivos.

Tampoco es posible la hipótesis del zombie, la de los qualia ausentes. Las experiencias cualitativas o sensitivas tienen una función adaptativa que genera en nosotros determinadas reacciones conductuales. Únicamente suponiéndoles un carácter epifenoménico ya refutado podría este experimento mental ser verosímil. Un robot que imite a la perfección a un ser humano tendrá que tener determinadas también estas funciones, incluyendo los reflejos conductuales que generan. De otra manera su comportamiento no será en absoluto una copia del nuestro. Podría pensarse en la psicopatía en este caso. A los psicópatas les faltan algunas disposiciones reactivas y algunas capacidades en las que participan activamente experiencias cualitativas, y por ello podemos ver que su comportamiento es claramente diferente al de aquellos que sí disponemos de tales funciones. Es imposible entonces concebir al tal zombie desde el modelo de Dennett.

El último caso, el rey de las bombas de intuición, es el de Mary, la investigadora de los colores. Este experimento es quizás el más radical y el que mayor confusión intuitiva genera. Lo que nos invita a concebir es tan extremo que hace que nos perdamos en un mar de intuiciones erróneas. Desde la perspectiva de Dennett, sin embargo, la cuestión que encierra no tiene más complejidad que la de otros dos experimentos ya analizados. La premisa clave en este caso es que Mary posee toda la información física acerca de los colores. Que lo sepa todo no significa que sepa mucho, ni siquiera que sepa todo lo que hoy sabemos, sino que sabe todo lo que podría saberse sobre los colores a un nivel físico. Pero es que éste es el único nivel al que alguien podría saber sobre los colores, así que lo sabe todo, absolutamente todo, sobre ellos. La manera tradicional de contar la historia de Mary, sin embargo, no prueba que la pobre aprenda algo sobre los colores al salir al mundo exterior, eso es simplemente lo que se nos dice en la historia. Siguiendo las premisas del experimento mental rigurosamente, comprendiendo sus juegos de palabras, Mary no aprende nada al salir de su habitación en blanco y negro.

Estimado filósofo de la mente, tu campo ha ido degenerando, tú lo sabes, yo lo sé, todos lo sabemos. Se ha convertido en verborrea hueca que no sirve para nada, en metafísica analítica ajena a los engranajes reales de generación de conocimiento. ¿Cambiamos las cosas o seguimos siendo un hazmerreír?

Por Angelo Fasce

Cole D (1990) Functionalism and inverted spectra. Synthese 82: 207-222.Cole D (1990) Functionalism and inverted spectra. Synthese 82: 207-222.

Dennett D Quinning Qualia. In Marcel A, Bisiach E (eds) Consciousness in contemporary science. Oxford: Oxford University Press

(1995) La conciencia explicada: Una teoría interdisciplinar. Barcelona: Paidós.

Fodor J, Block N (1981) What Psychological States Are Not. En Fodor J (ed) Representations: Philosophical Essays on the Foundations of Cognitive Science. Brighton: Harvester Press.

Hofstadter D, Dennett D (eds) (1981) The Mind’s I: Fantasies and Reflections of Self and Soul. Nueva York: Basic Books.

Jackson F (1986) What Mary Didn’t Know. Journal of Philosophy 83: 291-295.

Searle J (1980) Minds, Brains and Programs. Behavioral and Brain Sciences (3): 417-57.

Shoemaker S (1975) Funcionalismo y qualia. En Ezcurdia M; Hansberg O (eds) La naturaleza de la experiencia. Volúmen I: Sensaciones. México: Instituto de investigaciones filosóficas–UNAM.

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8 comentarios en “Ciencia ficción de la mente: los qualia y el blablá de los experimentos mentales

  1. Una pérdida de tiempo leer este artículo, pensé que hiba a haber algún argumento más interesante y es la misma historia de siempre, negar la existencia de aquello justamente que vuelve problemática una visión meramente funcionalista de la mente

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  2. La primera vez que leí una entrada de tu blog hice un comentario solo para hacerte llegar la fascinación con la que me enfrenté a la lectura, desde el respeto y el convencimiento de que no soy más que una ignorante. Como no voy a mejorar mucho a este respecto, sigo leyendo, fascinándome, a veces, e intento abarcar un espectro de lectura mucho mayor de lo que mi formación me permite, pero no comento nunca nada, por miedo, o por vergüenza, supongo. Sin embargo, leyéndote hoy, como otras muchas veces, me entran dudas, y no solo por no entender algunas cosas que leo, sino porque igual hasta creo que pudiera sonarme alguna cosa, que, de repente, me descuadra.
    En general, de lo que recuerdo de la Filosofía, desde Platón y su teoría de los universales, se habla de, precisamente conceptos que nos son inalcanzables. ¿No sería esto, también, mentalismo?
    Jamás había oído hablar de los qualia, pero sí he leído algo sobre la relación, en su recorrido histórico, entre el lenguaje y el pensamiento. Antes de llegar al funcionalismo, en realidad, antes del siglo XIX, los enfrentamientos no son tanto entre lo innato y lo mecánico, sino, más bien, entre lo ontológico y lo adquirido/social. ¿Serían, entonces, todos mentalistas?
    Cuando escribes…
    Pensemos, por ejemplo, en las nociones intuitivas de libertad, de intención o de mente. Los niños tienen una tendencia innata a verse a sí mismos como seres libres en el sentido más metafísico del término, a tener razonamientos teleológicos respecto de la naturaleza y a ser dualistas, pero sabemos que todo ello no deja de ser un conjunto de pseudoprocesos, intuitivos, pero inexistentes.
    Eso que llamas “nociones intuitivas” y el párrafo, en general, hasta el “pero sabemos”… no implica, a nivel usuario, la aceptación del mentalismo? ¿Por qué sabemos que son procesos, y además que son inexistentes? Si de hecho, ocurren, ¿cómo es que no existen?
    Al hablar de Dennet, cuando dices que no niega ni la conciencia, ni las sensaciones, aunque las redefina sin incluir la “magia”, se supone que estás de acuerdo con que lo que llamamos “conciencia” no es más que un “proceso mental” ¿dónde quedarían las emociones?
    Por otro lado, igual es simplista el estudio que hace Searle mediante la, no sé si se puede denominar así, prueba del Turing, pero sin ser lingüistas, y desde la antropología que después influyera en la sociología del lenguaje, ¿no son válidas las aportaciones de Sapir y Boas que afirmaban que los hablantes construían realidades distintas a través de los distintos lenguajes? ¿Esto también sería mentalismo? ¿Estoy diciendo tonterías? porque, es posible.
    Otra cosa, y esto ya es personal… ¿estás enfadado? No digo ahora, me refiero a la Historia de la Filosofía en general. ¿Solo hay filosofía desde que se materializa la ciencia, digamos, empírica?
    Si tienes un rato, y te apetece responder a alguna cosa, estaré encantada de leerte. Un saludo.

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  3. Una de las cuestiones que me parece que podría, desde mi ignorancia, ayudar a comprender los fenómenos de la mente humana, es que el proceso de evolución mantiene todo aquello que no supone una merma en el proceso reproductivo y el hecho de que entre nuestros ancestros están ciertos tipos de mamíferos, antes reptiles…etc. Por lo que una función del SNC de estos antecesores nuestros, que les haya permitido sobrevivir en su momento, que les haya sido útil para resolver “sus problemas” nosotros lo arrastramos. Sin rollo. Nuestra retina (y con ello nuestra percepción del color) es una chapuza propia de un animal nocturno que pierde la visión de los colores (seguramente los primeros mamíferos eran nocturnos e insectívoros) y malamente recuperada con posterioridad.

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  4. “En lo siguiente quisiera repasar los principales argumentos que los dualistas filosóficos esgrimen contra la neurociencia y la ciencia cognitiva, que no son otros que la existencia de unos tales qualia”

    Cometes todo tipo de errores. No es contra la neurociencia que se afirma que existen los qualia, de hecho neurocientíficos como Damasio, Llinás y Edelman (Premio Nobel de Medicina) afirman que los qualia existen y critican a los que niegan su existencia.

    Dennett niega la existencia de los qualia y se cree aliado de Damasio y de la neurociencia, pero la verdad Dennett no es un naturalista (aunque crea serlo) ni su postura es coherente con la ciencia natural. Es un vulgar reduccionista.

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  5. Dennett, como otros reduccionistas, se confunden y creen que subjetivo = no físico. Esto es una falacia. Toda la neurociencia acepta la existencia de imágenes subjetivas (imaginación), de experiencias subjetivas, etc. Damasio, Edelman y Llinás, 3 destacados neurocientíficos, han escrito explícitamente usando el término “qualia” para decir que los qualia sí existen.

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    1. ¿Qué te sorprendes de un vulgar charlatán como Fasce y su equipo de defraudadores?

      losseudoescepticos.wordpress.com/2017/06/18/apetp-la-seudoespistemologia-y-el-negocio-de-vender-basura/

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