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Medicina cuántica: logorrea que mata

Sólo hay algo que tenga más tirón que lo neuro: lo cuántico. Lo cuántico está de moda. Lo cuántico parriba, lo cuántico pabajo. Lo cuántico en el telediario, en la tertulia esa en la que hablan de la Pantoja, en las facultades de filosofía. Y todos son expertos, todos se contradicen y dicen cosas raras, pero todos tienen razón. Con lo cuántico se gana pasta, notoriedad y se folla. Lo tántrico ya está out. Ahora no hay que correrse padentro, hay que correrse a nivel subatómico. Y me alegro, porque el rollo tántrico me parecía una tortura inhumana. No es que sea la pistola más rápida del oeste, a ver, pero tampoco veo necesario ir por la vida con dolor de huevos. No sé, llamadme loco. Y luego está lo de la medicina cuántica que, además de ser parte de eso tan New Age que es el misticismo cuántico, es un dolor en los cojones para los físicos y los médicos (serios). Y es muy peligrosa. Es peligrosa porque la explotación del prestigio de la ciencia resulta una herramienta muy potente si lo que se quiere es manipular a las personas, especialmente si estas personas están en un estado vulnerable. Y al caso de lo cuántico, además, se suma el enorme desconocimiento que se tiene acerca de esta teoría. Una teoría que, dejando de lado las enormes complicaciones de sus herramientas matemáticas, en principio no es más complicada que cualquier otra. La mecánica cuántica es una teoría rara, pero en tanto que teoría es una entre tantas. Un teoría en desarrollo —muy probablemente aún incompleta— que explica una serie de fenómenos, predice otros, que tiene diversas interpretaciones más o menos razonables… en fin, nada nuevo bajo el sol.

La mecánica cuántica no es en absoluto intuitiva, y eso hace que choque con las tendencias y sesgos que nuestros cerebros de monos africanos tienen si no son correctamente educados. Es problema de la mecánica cuántica es que una comprensión pobre de la teoría da pie a unas interpretaciones fantasiosas y alucinadas que, además de no tener nada que ver con lo que dice la propia teoría, suelen llevar a misticismos, pseudociencias, gurús y a todo tipo de escoria pseudointelectual. Aunque esto tampoco es algo nuevo. Al fin y al cabo, la teoría de la evolución tampoco es intuitiva en absoluto y por ello es tan sencillo que las interpretaciones más intuitivas sean más fácilmente comprendidas por un público sencillo de manipular. Esa es, de hecho, una de las características de la pseudociencia: ofrecer versiones de la realidad científica que casen mejor con lo que la gente se siente cómoda escuchando, versiones cutres que creen la falsa apariencia de comprensión del mundo por parte del oyente. Para nosotros es mucho más complejo escuchar un ‘no sé’ o un ‘no lo entiendes’ que un ‘esto es magia’ o ‘eres el puto amo, dame tu dinero’. Somos así. Pero vamos, que los fenómenos específicos de la mecánica cuántica ni son místicos, ni son nada religioso, ni son nada trascentente, ni son nada que, de momento tenga aplicaciones reales en nuestras vidas. La teoría está en pañales en ciertos sentidos, hay cosas raras y complejas de entender, y ya está.

El problema básico que me he encontrado al hablar de medicina cuántica es que es imposible encontrar una definición medianamente sólida de lo que es. De hecho, hay algunas páginas y blogs tan jodidos que creo que hoy no voy a pegar ojo. Todos hacen cosas diferentes y algunos ni hablan de cosas propiamente cuánticas pese a ponerse el rótulo. Otros usan las típicas máquinas de charlatán —como el potenciador Graham, el estimulador electro-neural transcutáneo, el supercargador cerebral o el configurador sincro-energizante de ondas cerebrales, que tan de moda estuvieron en su momento. Lo que hay es un mónton de verborrea que entremezcla misticismo —especialmente hindú y chino—, con palabras sacadas de contexto relacionadas con la mecánica cuántica y muchísima logorrea incomprensible. Las técnicas que usan no están claras. A veces son imposiciones de manos, a veces es algo parecido al análisis bioenergético, a veces se llama ‘medicina o terapia cuántica‘, a veces se llama ‘biocuántica‘. A veces se basan en una tal vibración o resonancia, lo cual supone un error de bulto basado en confundir la mecánica cuántica con la hipótesis de las supercuerdas. A veces dicen que es un ‘método ontológico’ y no entiendo en qué mundo eso podría tener sentido alguno. A veces la verborrea se centra en cuestiones mente-cuerpo, con mucha mierda pseudohegeliana, heideggeriana, posmoderna, y mucha falacia de apelación a la tradición.

Esto sería un intento de definición de lo que suele ser la medicina cuántica: un ejercicio de charlatanería extrema que habitualmente explota el orientalismo y la atracción por las supercherías chinas e indias tratando de fundamentarlas en un lenguaje críptico que, se supone, remite a la mecánica cuántica de un modo terriblemente desviado.

¿Qué es toda esta movida de ‘lo cuántico’?

De entre todas las cosas sobre las que nunca, jamás, diría que soy un experto, mi top 3 son: no pervertir situaciones formales de un modo muy inadecuado, bebés y la mecánica cuántica —en la lista también se incluye peinar a chicas, la informática en general y ligar en discotecas, y en esto último soy realmente lamentable. Así que si algún verdadero experto en la materia pasa por este humilde documento dispone de un espacio seguro justo aquí. La mecánica cuántica es una teoría fisica que explica y predice el comportamiento de los componentes más pequeños de la realidad —al menos de los más pequeños de los que tenemos noticia a día de hoy. En este sentido, se aplica a electrones, protones, y fermiones y bosones en general. Cosas tremendamente pequeñas cuyo comportamiento no es el habitual en el mundo macrocópico en el que nos movemos. Existían algunos fenómenos que la física clásica era incapaz de explicar, como cuestiones relacionadas con los átomos de hidrógeno, el efecto fotoeléctrico, la radiación espectral del cuerpo negro o el efecto Compton, así que se comenzaron a estudiar en detalle a fin de ver qué estaba pasando en todos estos casos tan extraños. También fue especialmente relevante el problema de la naturaleza de la luz, que se hizo aún más problemática después del experimento de Young —o ‘experimento de la doble rendija’, del que os dejo un video debajo porque permite entender muy bien qué es lo sorprendente de la mecánica cuántica.

Y bueno, aquí vienen un montón de movidas gordísimas, con Max Planck desarrollando una teoría que se resistió a creerse del todo, Bohr, que, igual que Rubens sólo pintaba manos y caras y firmaba, parece ser que sus pobres becarios le hacían todo el trabajo de perro —je suis becarios de Bohr—, Schrödinger que parece que odiaba a los pobres gatos —y lo del gato lo pensó como un ejemplo para exponer, o casi ridiculizar, lo extraño de la mecánica cuántica; no es algo que se desprenda de la teoría—, un montón de mates muy enrevesadas, resultados experimentales extremadamente ajustados, predictivos y explicativos mientras un montón de investigadores no entendían nada, y Einstein, que nunca se terminó de creer la película, diciendo aquello de que ‘Dios no juega a los dados’, que es un eufemismo para decir ‘todo esto es tan raro que, siendo ateo —porque era ateo, que esa es otra— invoco a Dios para deciros que todo esto es muy marciano, y eso que yo dije que el tiempo es relativo a la velocidad y que el espacio-tiempo se curva’. Sería aburridísimo explicar todo esto, y si lo hiciera sería de un modo tan mediocre que mi señora madre se avergonzaría de mí, así que mejor vamos al lío y sintetizo las ideas básicas de la mecánica cuántica.

Lo curioso de todo esto es que el comportamiento de las partículas muy pequeñas es muy llamativo. Dos partículas pueden estar entrelazadas, de modo que un cambio en una afecta a la otra al instante sea cual sea la distancia a la que se encuentren. Las partículas no son tratadas de un modo determinista, de modo que se supone que es simplemente probable que una partícula esté en un determinado lugar y no en otro. A veces se comportan como ondas y a veces como partículas clásicas. Y, además, ese mundo sólo se da cuando nadie lo ve, porque cuando nos asomamos a observalo resulta que pasa a comportarse como se comportan los sofás y las pelotas de tenis. Los fenómenos específicos de la mecánica cuántica, lo que la diferencia de la mecánica relativista, son muy raros, qué duda cabe, pero como teoría científica es la típica teoría incompleta de toda la vida. A continuación sus postulados básicos, que es necesario conocer para poder capturar a los charlatanes cuánticos con las manos en la masa.

Postulado 1: El estado de un sistema físico está definido por una función de onda. (Una función de onda es un modelo matemático que establece la probabilidad de que una partícula esté en un determinado lugar en un momento dado).

Postulado 2: Cada magnitud física, u ‘observable’, se representa en la función de onda mediante un operador lineal. (Y, por lo tanto, lo que no tenga operador lineal representándolo no está dentro de la teoría).

Postulado 3: Todos los observables que sean medidos tendrán un valor determinado, un valor que viene mediado por la probabilidad que la función de onda le asigne. También se establece que en mecánica cuántica no es posible medir a la vez la posición y la velocidad, algo realmente alucinante. (Como todo en este escrito, las cosas son más complicadas que esto, pero nos vale).

Postulado 4: Cuando medimos alguna de las magnitudes físicas de una de las partículas implicadas en la funcion de onda la función ‘colapsa’. Esto quiere decir que al medir estropeamos la función de onda y las partículas pasan de comportarse de forma rara y de un modo probabilístico a comportarse como Einstein y Newton mandan.

Postulado 5 y 6: Cosas raras de físicos que no nos interesan.

Todo esto, claro está, nos resulta tremendamente complejo de comprender, pero al mundo no le interesa lo intuitivo que nos pueda parecer. Si así fuera todos seríamos físicos aristotélicos y dualistas cartesianos y la ciencia no tendría sentido. Parte de la culpa de esto es de la propia naturaleza, que es rara de por sí, pero otra buena parte la tiene la forma como se enseña física en los colegios. Nos meten en la cabeza el modelo clásico de las bolas rojas dando vueltas al rededor de una bola grande hecha de bolas blancas y azules juntas y nos dicen que eso es un átomo. Pero en realidad esas bolas no son bolas, sino cosas muchísimo más raras, que se comportan de una forma que en nada se parece a bolas y que, además, están a una distancia realmente increible unas de las otras. Existe un grave déficit de enseñanza de la ciencia, no sólo de su propia naturaleza, sino de las mismas teorías científicas.

Algunas cosas sobre lo anterior

A) Interpretaciones: Sobre estos seis postulados se pueden realizar muchas interpretaciones, algo que pasa de forma habitual en las teorías incompletas. Sobre un conjuntos de hechos es posible que se desarrollen diveras teorías rivales que los expliquen o predigan. Luego sobre esas teorías, además, se pueden hacer interpretaciones de diverso tipo, pero todas las interpretaciones han de respetar tanto a las teorías como a los hechos. La interpretaciones son el momento filosófico de la ciencia y es perfectamente válido además de útil. Con el avance de la teoría lo normal es que las interpretaciones vayan sucumbiendo hasta que una de ellas sea la única que case con los hechos, algo habitual en teorías maduras. En el caso de la mecánica cuántica se han realizado muchísimas interpretaciones, en lo que supone un caso clásico de subdeterminación —es decir, da lo mismo optar por una que por la otra, porque todas ellas respetan la teoría y explican y predicen igual. Las hay más alocadas, como la teoría de los multiversos, más deterministas, como la de Bohm, que ha ido tomando fuerza y gusta mucho a los filósofos de la ciencia, la del colapso objetivo, que también es bastante prometedora, y la hegemónica: la interpretación de Copenhague. Esta última es la interpretación estándar y deja una visión del mundo subatómico muy, jodidamente, rara. Establece el indeterminismo respecto a los fenómenos cuánticos —es decir, considera posible que existan efectos sin causa—, la dualidad onda-partícula como una realidad e hipertrofia el valor de la función de onda sobre los propios objetos que esta describe.

Vale la pena hacer un comentario sobre esta interpretación estándar. La mecánica cuántica es ciencia de la buena, se da en las facultades de física con todas las de la ley y tiene una cantidad abrumadora de evidencia empírica, pero lo que se ha hecho con esta interpretación, que es una entre muchas otras, no es ni ciencia ni mala ciencia, es, y siento decirlo, una desviación casi pseudocientífica de lo que debería ser la labor científica. Establecer que una determinada interpretación debe ser la hegemónica, en un intento de cortarle el paso a la sana especulación filosófica, es un ejercicio de bula papal. La ciencia no puede imponer algo porque una serie de señores se reúnen un buen día, como si de un concilio vaticano se tratara, y decide que el mundo subatómico ha de ser indeterminista y que María era virgen y que Dios tiene un pseudotrastorno disociativo de la personalidad y va por ahí seduciendo chavalitas como una paloma y haciéndose sadomasoquismo a sí mismo en una cruz en un plan que no tiene ni pies ni cabeza. La ciencia no puede funcionar de ese modo porque se pervierte su propia aspiración de anclar sus afirmaciones en evidencia, y el trato que ha recibido esa interpretación en ocasiones ha sido una de esas perversiones.

Dicho esto, toda interpretación de la mecánica cuántica ha de respetar escrupulosamente sus postulados. Si no lo hiciera ya no es una interpretación de la mecánica cuántica, es otra cosa. ¿Alguien lee en los postulados los términos ‘consciencia’, ‘generación de realidad con el pensamiento’, ‘resonancia curativa’ o ‘sabiduría védica’? Pues eso, esas cosas no están en los postulados, no son magnitudes físicas, no pueden ser incluidas en una función de onda y, por lo tanto, toda interpretación que las contenga simple y llanamente es basura pseudocientífica sin ningún valor. La mecánica cuántica no habla, en absoluto, de nada de eso. Habla de movimientos de neutrones y de cosas por el estilo, no de las estupideces que venden como ‘cuántico’ por ahí, como si la mente, el amor o la salud pudieran ser definidas por funciones de onda, o como si pudiéramos crear la realidad deseándolo, o cosas aún más disparatadas.

B) ¿Qué significa ‘medir’?: ¿Por qué la función de onda colapsa cuando la medimos? Este es el punto más confundente de la teoría y del que se suelen colgar los que piensan que hablar es abrir la boca y emitir sonidos. Medir no es crear, no somos tan importantes. La función de onda colapsa si la miramos a través de algún aparato, pero también si la grabamos o si la tocamos con un palo con los ojos vendados. No se trata de nosotros o de nuestra consciencia, se trata del propio hecho de medir. Y ni siquiera se trata de medir, se trata de interactuar con las partículas de algún modo. La cuestión es que para interactuar con ellas hemos de incluirlas en un sistema que no es en el que se encuentran cuando están a solas. Me explico. El mundo subatómico es un enorme desierto de vacío con las partículas separadas por lo que en nuestra escala serían distancias inconcebibles. Para interactuar con ellas, para medirlas, hemos de acercarlas a otras partículas, y, con ello, estamos introduciendo nuevos fenómenos que hacen que se comporten de forma relativista o macroscópica. El principal sospechoso de que pase esto es la gravedad, justamente la pieza que la mecánica cuántica es incapaz, hasta ahora, de incorporar y que supone un eslabón perdido que no entendemos pero que parece conectar a ambas mecánicas —de hecho, por extraño que parezca debido a lo bien que sabemos cómo funciona, no sabemos qué demonios es la gravedad ni su causa última. Cuando se juntan muchas partículas comienza a aparecer la fuerza gravitatoria, una fuerza a la que parece que no le gusta mucho la tontería y que las pone firmes en un santiamén, haciéndolas abandonar la borrachera cuántica y adentrándolas en el régimen militar einsteniano.

En realidad, lo de la medida es un problemón metodológico y algo apasionante desde un punto de vista científico y filosófico (de la ciencia), pero no es algo mágico. No tiene nada que ver ni tu estado de ánimo, ni con tu estado de salud, ni con el dinero que hayas malgastado en comprar las porquerías de Deepak Chopra. Es misterioso porque no sabemos qué es lo que pasa exactamente, pero no hay que extralimitar sus implicaciones. Ni creamos nada ni pintamos nada en el universo. Les vamos a importar tú y yo al mundo subatómico si no le importamos ni a nuestros jefes, mindundi.

C) Los reyes y sus colinas: Hace poco vi La última noche de Boris Grushenko, una de mis películas favoritas de Woody Allen. Al principio se menciona a Dimitri Pietrovich, un loco maravilloso que poseía ‘tierra’ —un montón de tierra que llevaba en el bolsillo interior de la chaqueta. Cuando su vecino le hace una oferta para comprársela la rechaza argumentando que “esta tierra no está en venta, algún día pienso edificar en ella”. En filosofía de la ciencia hablamos del ‘dominio’ de una ciencia determinada —un término que a veces se confunde con el de ‘campo científico’, que es parecido pero no es lo mismo. El dominio de una ciencia es como la tierra de Dimitri: un conjunto de fenómenos naturales de determinado tipo sobre el que edificar teorías ahora o en el futuro. Independientemente de que lo hagan mejor o peor, o de que vayan más o menos rápido o despacio, todo trabajo científico referido a ese dominio recibe de pleno derecho el nombre de la ciencia que se encarga de él. El dominio de la psicología es la conducta humana, el de la etología la conducta animal, el de la biología la materia orgánica, el de la química las reacciones químicas, el de la historia los acontecimientos sociales pasados, etc. Por su parte, el dominio de la mecánica cuántica es el comportamiento de las partículas subatómicas, nada más que eso. Y si tiene fenómenos curiosos, estos fenómenos aparecen sólo a ese nivel. Cada ciencia es reina de su propia colina, pero sólo de su colina. Aunque se establezcan colaboraciones, reducciones o síntesis, la colina de cada cual es la colina de cada cual.

No existen las teorías del todo. No existen porque hay niveles de abstracción que son irreductibles, ya sea por la aparición de propiedades emergentes —propiedades que sólo aparecen cuando muchas cosas pequeñas se juntas— o porque hay fenómenos en niveles altos de abstracción que son independientes de los que de más abajo —por ejemplo, la evolución histórica del castellano y los mecanismos cerebrales para la comprensión, almacenamiento y producción lingüística; ¿cómo iba a explicar la neurociencia, por ejemplo, la aparición del dialecto guineano? Sin embargo, los intentos de colonización son constantes. Lo son porque con el actual sistema de ‘publica o muere’ y con la enorme cantidad de caraduras que pululan por este mundo de mierda, impostarse bajo el rótulo de algunos dominios especialmente prestigiosos —aunque no por ello mejores— o de mayor tirón mediático resulta muy tentador. Es lo que pasa con las neurotonterías, por ejemplo. Unas neurotonterías muy presentes en facultades muy alejadas de la biología, donde también abunda lo cuántico, y a veces hasta se besan entre allas apasionadamente como en el caso de la inefable neurociencia cuántica. Pero bueno, yo esto lo llevo viendo mucho tiempo en intentos más sutiles de fantochada intelectual, como tratar de explicar una teoría biológica en términos de una física, de hacer que la filosofía sea una ciencia, o demás cosas por el estilo. Una cosa es el complicado uso de la metáfora en ciencia, pensando en un sentido pedagógico, y otra muy diferente que la heurística se convierta en una mera excusa. Esto, que parece intuitivo, no sólo genera una drástica disminución en la calidad de la producción científica, sino también problemas sociales, como es el caso de la medicina cuántica. No tiene ningún sentido hablar de ‘medicina cuántica’ como no tiene ningún sentido hablar de ‘quimiolingüistica’ o de ‘historia física’. Cada ciencia en su propia colina, y la cuántica aún no está en condiciones ni de realizar muchas alianzas ni de salir de su dominio, algo que, además, no debería tener que hacer.

* Sé que vais a salir los típicos listillos con la computación cuántica y de cómo es una supuesta aplicación de los fenómenos cuánticos. Pero es un caso que, al contrario, confirma lo que trato de decir. El adjetivo ‘cuántica’ ahí es meramente poético, dado que se trata de un tipo de computación en el que simplemente —bueno, ‘simplemente’, a ver, esto ya es bastante jodido— se desarrollan algoritmos que imitan a los fenómenos cuánticos. La relación que guarda con la computación tradicional de 0 y 1 es algo así como la que guarda la lógica modal con la lógica clásica de Verdadero y Falso. No tiene nada que ver con la mecánica cuántica real, al menos en el sentido en el que la inteligencia artificial no tiene nada que ver con la neurociencia.

El alma imparte realidad a la progresiva expansión del cerebro

La frase que encabeza esta sección final la he sacado del generador aleatorio de frases de Deepak Chopra, el principal impulsor de la medicina cuántica. No significa nada y aún así es posible que tenga más sentido que la mayoría de las tonterías que suelta por ahí en persona. Don Deepak es, básicamamente, un hijo de puta que afirma poder curar el SIDA y el cáncer empleando imposiciones de manos —cuánticas, ojo, no te vayas a pensar que esto es reiki de chichinabo. Un tipo que debería estar en la cárcel hace bastante tiempo. Lo suyo es de una verborrea tan desaforada y de una cara tan dura que cuesta creerlo. Aunque en nuestro entorno tenemos a Jodorowsky, que vendría a ser su versión en castellano. Se ha creado toda una industria millonaria, con congresos de locos incluidos, en la que distorsiones de la mecánica cuántica se mezclan con espiritualismo, frases de autoayuda dignas de Paulo Coelho después sufrir un traumatismo craneoencefálico y bobadas por el estilo que hacen que todo esto sea un cóctel muy, MUY, peligroso. Porque con la salud de la gente no se juega. No existe nada así como la ‘medicina cuántica’. Lo que sí existe es la ‘pseudomedicina cuántica’ y malas personas. Eso último a montones. Así que nada de energías raras, nada de máquinas absurdas con nombres pedantes, nada de resonancias o de vibraciones patológicas (¿?), y nada de supuestos desajustes bioeléctricos o lo que coño sea eso.

¿Por qué no, simplemente, hacerse responsable de uno mismo, crecer de una buena vez, dejar de dar vergüenza ajena al resto de la humanidad e ir al médico? Ya sabemos que el sistema educativo no es tan bueno como debería, pero tampoco hace falta consagrar la propia existencia a hacer patente esa triste realidad. Joder, que la medicina funciona, cuesta una millonada y nos permite unos estándares de vida —junto a muchas otras cosas relacionadas con la ciencia— que se los llegas a contar a gente del siglo XII —cuando mandaba la gente como Chopra— y pensarían que te acabas de caer del caballo. Es que en este caso no hace falta ni discriminar: si alguien dice la palabra ‘cuántico’ en una consulta sal corriento y ya está.

Por Angelo Fasce

7 comentarios en “Medicina cuántica: logorrea que mata

  1. No he leído el artículo, lo guardo para más tarde 🙂
    Últimamente parece estar de moda el tema de la microbiota como fuente de todos los bienes y males de nuestro estado físico y mental. Apuesto que habrá pronto una oleada de magufería al respecto, si es que no la hay ya.
    Un saludo y enhorabuena por el blog y todo lo demás. 🙂

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  2. Muy interesante como siempre.

    Me gustaría algún día que hablases mas en profundidad de la interpretación de la mecánica cuántica desde la perspectiva de la filosofía de la ciencia. Aunque puede que se aleje un poco de la temática habitual del blog.

    El profesor que me enseño cuántica me dijo una vez “La física cuántica no se entiende, simplemente te acostumbras a que el mundo funciona así”. Y lo cierto es que según vas cogiendo soltura con todo el aparato matemático y sacando conclusiones… llegas a creer que entiendes como funciona, pero sigue en mi cabeza esa frase y la posibilidad de que simplemente e aceptado que las cosas son así porque funcionan.

    La interpretación de Bohm es atractiva la verdad y entiendo que guste a los filósofos de la ciencia. Pero claro con las desigualdades de Bell ya probadas, tienes que aceptar la no localidad para que haya determinismo… lo cual va en contra de la relatividad en general.

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  3. Hola,

    muy interesante el artículo, y necesaria la pedagogía de este tema. Como ingeniero, sólo quería puntualizar un par de cosas:

    La computación cuántica se basa en el uso de elementos cuánticos (valga la redundancia), una consecuencia lógica de que la observación de Moore de la reducción de los circuitos de electrónica no podía seguir por siempre. Los dispositivos físicos que se llegan a usar van desde los átomos y fotones individuales hasta los pozos cuánticos, zonas de escala nanométrica o pulsos de luz con una densidad energética muy baja. No necesita (ni trata de) simular los eventos cuánticos sino que usa sus principios, por lo que el adjetivo es literal. Una aplicación de la misma que ya funciona es la llamada ‘criptografía cuántica’, un nombre corto para la distribución de claves criptográficas aleatorias. Se basa en el uso de pulsos de luz débiles, hasta la escala energética del fotón (a través de fibra óptica o vía aérea, satélite,…) por, entre otras razones, el hecho que comentas de la interferencia de los elementos de medición. El libro de Simon Singh ‘Los códigos secretos’ lo explica muy bien y en detalle para el profano, pero se puede resumir en la siguiente imagen cómo empezó (en inglés):

    Recién empieza a surgir la industria informática cuántica, y si no ha revolucionado todavía el mundo es por varias razones. Además de las puramente pragmáticas (tecnología extremadamente cara, con muchas complicaciones a la hora de construirse de manera estable,…), está el hecho de que plantea complicaciones en cuestiones tales como la lectura determinista de la información en sistemas aleatorios, la modificación arbitraria de los estados (la edición de la información, vaya), y otros más. Curiosamente España es un país con mucha experiencia en investigación sobre este tema, empezando por las Islas Canarias y siguiendo en Madrid, Valencia, Andalucía,…
    http://www.esa.int/esl/ESA_in_your_country/Spain/Un_experimento_de_la_ESA_en_Tenerife_bate_el_record_mundial_de_teleportacion_cuantica

    Una historieta que me gusta al respecto (en inglés)
    http://9gag.com/gag/aeYmL7j/nsa-has-quantum-computers-for-codebreaking

    Y ahora con respecto al tema del post:

    Sí que es verdad que hay explicaciones más sencillas para algo tan extraño como la mecánica cuántica. Por ejemplo, el entrelazamiento cuántico se explica a veces como una realización de la historia de los Hermanos Corsos, dos hermanos gemelos unidos de tal manera que si a uno lo atacaban el otro recibía heridas. En realidad, más bien es la posibilidad de deducir cuál es la pieza de puzzle más lejana si tienes acceso a la cercana (a grosso modo). Cuanto más lejos están entre sí más se degrada el entrelazamiento, porque esas partículas (electrones, fotones o lo que sea) no dejan de interactuar con el medio donde se encuentren, y esto se conoce como decoherencia.

    Si algún día te dan la tabarra con las comunicaciones psíquico-etérico-cuánticas y te apetece trolear un poco al ignorante del tema, puedes preguntar cómo resuelven el problema de la decoherencia. Un átomo, o digamos 10, está en una escala de tamaño razonable para ver eventos cuánticos. Cuando se manejan grupos de átomos en cantidades del orden de un 10 seguido de 23-30 ceros (como es la escala física común para nosotros, la macroscópica), y más en regiones estables, tantos elementos interfieren entre sí y se anulan sus efectos cuánticos con otros. Por lo tanto, es difícil con este paradigma imaginar una comunicación telepática con un cuerpo, al igual que no atravesamos paredes a pesar del efecto túnel (como en la película ‘Los hombres que miraban fijamente a las cabras’).

    Por poner una última comparación, para ver la magnitud del absurdo, es como conocer a un individuo mediante herramientas psicológicas, y saber que es individualmente moral, pacífico, racional,… e inferir eventos sociales exactamente iguales, a una escala planetaria o galáctica. Individuo frente a masa, etc.

    Si interesa, podría buscar fuentes y webs para aprender uno mismo sobre el tema.

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  4. Hola Ivan I.

    Me falta mucha base para asimilar bien la parte concreta en la que expones matices con respecto a la computación cuántica, pero por lo que he conocía de ella hasta ahora creo que es un error a nivel divulgativo asociarla abiertamente a la física cuántica.Creo que la computación cuántica es una evolucion o innovación de la computación en la que la física cuántica ha participado como un inspirador de analogías pero no realmente como una aplicación directa, y esto, fuera de la comunidad científica tiende a una compresión reduccionista e idealizada que pone en bandeja a los magufos el timo de la estampita.En una exposición de arte moderno o en un jersey comprado en Malasaña, puedes ver bonitos motivos de diseño “fractal” y una justificación pseudocientifica del diseñador para que Telemadrid vaya a entrevistarle y le de visibilidad, pero ni la instalación ni el jersey tienen mas relación con las causas y consecuencias de la fractalidad en el mundo biológico mas allá que al susodicho diseñador, en una noche de poca inspiración le cayó un documental sobre el tema y le pareció bonito y fácil apoyarse en esa dinámica plástica para pagar el alquiler.Eso tampoco convierte el jersey en basura demoniaca pues igual hasta abriga y ligas con el, pero estarás de acuerdo conmigo en que seria un despropósito vincular las prestaciones térmicas del jersey con las de un copo de nieve. Ahora bien, sugiere tal cosa en antena siendo el hombre del tiempo y veras un verano de playas atestadas de jerseys fratales de nuestro colega el diseñador perezoso.

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    1. Hola Ayorodrigonplenipotenciado,

      Obviamente, vincular una serie de propiedades prácticas a raíz de una semejanza estética, una plasmación artística o algo similar es una memez. Dicho lo cual, la pregunta no es si es posible asociar dicho modelo de computación a la física cuántica o no; sin la física cuántica es abiertamente imposible hacer cualquier diseño aún en la electrónica de transistores más ‘ordinaria’ (basada en dopado y polarización de materiales, efecto fotoeléctrico,…).

      Las magufadas más peligrosas, como entiendo que dice el autor del blog, son las que usan una narración aproximada de las metáforas con vocablos pseudomágicos, utilizables en un contexto, fuera del mismo. Una posible causa está en la ‘popificación’ del tema, un arma de doble filo. Hay que hacer difusión sobre la ciencia, pero hablar de un tema estrictamente técnico sin poder ser explícito en su lenguaje propio es un camino que termina en mal lugar. Curiosamente, el vídeo de este post viene de un documental llamado ‘¿Y tú qué sabes?’ bastante cercano a las líneas de pensamiento New Age. Lo explica bien, aunque luego se usa como un pequeño columpio para meter grietas en mentes ordinarias donde meter cualquier cosa, como la ‘modificación’ del estado del agua con la música o el estado de humor.

      Un libro especializado que lo explica técnica pero concisamente es ‘Quantum mechanics for engineers and scientists’, de Miller. También da cursos online a través de la Universidad de Stanford. Hay otros libros y cursos igual de buenos, aunque éste lo destaco por hacer algunas de las explicaciones mundanas más cercanas al sentido común y un cierto seguimiento causal.

      Una lectura que veo más orientada para los humanistas está en ‘Filosofía de la física’, de Lawrence Sklar. Densa y prolija, pero correcta y sin posmodernismos (que recuerde).

      Aquí dejo otras fuentes que debía haber puesto la vez anterior:

      Ejemplos de lo que en España se investiga:

      http://www.diariodesevilla.es/sevilla/Universidad-Sevilla-disena-ordenador-cuantico_0_714229166.html
      http://elpais.com/elpais/2016/06/10/ciencia/1465574384_081059.html

      Blog específico
      http://computacioncuantica.blogspot.com.es/
      Un ejemplo concreto del efecto de la observación; caso concreto más allá de la metáfora
      https://www.genbeta.com/herramientas/computacion-cuantica-asi-funciona-lo-que-probablemente-sea-el-futuro-de-la-tecnologia

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