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La parapsicología y los fantasmas que no estaban

Pese a que se intuye a lo lejos por mi acento un poco raro y residual, normalmente el que haya pasado mis primeros años de vida en Lima es algo que la gente descubre con el tiempo. Ya me queda poco de todo aquello, pero el que tuvo retuvo. Por ejemplo, aún se me ponen los huevos de corbata cuando me hablan de comunismo, tengo una habilidad considerable para rajar sobre Chile algo que me ayuda mucho a hacer amigos argentinos en el consulado italiano—, y cuando mi madre hace comida peruana en mi casa hay escenas de alegre regresión a la infancia en las que a mi hermano y a mí nos falta bailar huaynos y recitar de memoria pasajes de Los ríos profundos. Hoy en día soy más valenciano que la paella, el olor a pólvora, ligar con alemanas en La3 y los Borgia, pero algo me queda de ese otro entorno. Una de las cosas que me quedan son un montón de historias de fantasmas. Porque en Perú todos, literalmente todos, tienen historias de ese tipo. Todas las casas tienen su fantasma, todos los desiertos tienen sus ovnis y la magia se mezcla con la realidad, especialmente en el mundo andino, donde hay pueblos donde la gente no camina por el centro de las calzadas porque por ahí caminan los espíritus. Lima también es pródiga en esa clase de supercherías, con arraigadas tradiciones de espiritismo y casas encantadas conocidas por todos su habitantes sólo he visto algo semejante en Edimburgo, pero es que lo de Edimburgo ya es una locura.

Para introducir esto de la parapsicología os voy a contar dos historias que me marcaron especialmente. Tenía un tío abuelo llamado Sauro que parece haber sido todo un personaje lleno de historias de la segunda guerra mundial y cosas así. El caso es que con cuatro o cinco años estaba yo jugando en mi habitación y cuando mi madre entró me encontró hablando con una esquina. Le dije que era un señor que venía a veces a verme, o algo así, y ella se asustó bastante. El caso es que comenzaron a escuchar pasos por la noche en mi habitación y, eventualmente, ella también comenzó a verlo, ya entendiéndolo como Sauro, casi siempre sentado en un sofá del salón o caminando errático por la casa. La chica que trabajaba en mi casa también lo veía y, según me contaron tiempo después, se llegaron a acostumbrar a él. Mi padre, en cambio, ni lo veía ni se creía nada de todo aquello. Mi casa era parte de lo que antaño era casi una manzana entera perteneciente a mi familia, así que todos vivíamos en casa contiguas surgidas de cuando se troceó la parcela. En una reunión familiar salió el tema y resulta que todos comenzaron a contar que también lo veían caminar por las noches por sus salones y habitaciones. Ahí ya se acojonaron todos pero bien, y comenzó la histeria colectiva. Los avistamientos se hicieron muy frecuentes y cada vez eran más y más alocados. También mi padre lo acabó viendo recuerdo que estaba tan acojonado por las noches que meaba por la ventana hacia el jardín por no salir de la habitación. Un buen día fue a su tumba, le pidió que descansara en paz y todos dejaron de verlo.

Tengo otra. Cuando tendría unos 6 años nació mi hermano, así que nos mudamos a otra casa que teníamos en Punta Hermosa mientras reformaban la otra. Punta Hermosa es una zona de playa bastante bohemia que en invierno está desierta, a lo que hay que sumar la siempre presente niebla invernal limeña porque ahí el sol se va en invierno y no vuelve a aparecer hasta el próximo verano, es muy raro. Así que vivíamos mi madre, mi hermano recién nacido, dos perros y yo en lo que era un ambiente digno de una película de terror: en un pueblo fantasma, aislados y con un viejo medio tarumba en casa de al lado. El caso es que un día mi madre escuchó niños llorar y cuando se lo comentó a aquel viejo este le dijo que eran almas que querían entrar al cuerpo de mi hermano. Que en la parte de arriba del pueblo había una clínica abortista ilegal y que cuando se construyó la casa encontraron un montón de bolsas con restos en la parcela algo que, según he podido saber después, es cierto. Mi madre, como ya os imaginaréis, se asustó mucho, y con ella yo, y creo que con nosotros los perros. De hecho, yo también los escuchaba llorar con claridad y me acuerdo aún del sonido. Comenzó entonces la lucha contra esas almas, para lo que usábamos todo tipo de armas de chamanería local. Recuerdo que el miedo que sentíamos por la noche era realmente bestial, tanto que nos íbamos a la playa toda la tarde por no estar en casa.

Para una mente escéptica hay explicaciones sencillas para estas dos historias: mi familia es profundamente gilipollas y cerca de mi casa habían gatas en celo. Hoy en día sé que eso es la mejor explicación y, de hecho, al haberlo vivido desde dentro entiendo mucho mejor la enorme carga sugestiva a la que nos vimos empujados todos. Por ejemplo, además del hecho objetivo de que mi familia es gilipollas, en términos generales la cosa vivió un lento deslizamiento hacia el aumento gradual de la gravedad de las experiencias. Lo que comenzó siendo una tontería propia de un niño pequeño pasó a interpretarse como Sauro visitándome y, de ahí, mi madre interpretó alguna cosa rara que viera como su fantasma. Pero el desencadenante final fueron mis tías, especialmente las más irracionales, que esas sí lo veía pero vamos, que a Sauro le faltaba aparecerce haciendo el pino-puente y bailando reggaeton materializado en sus habitaciones. Y todo ello lo contaban con el resto de personas asintiendo con gesto grave. Una vez se realizó la visita al cementerio entendieron que había terminado el ritual hipnótico y nadie más volvió a hablar del tema. Lo de la playa… joder, Punta Hermosa daba miedo y os juro que esas gatas no eran normales y sonaban muy fuerte. Fue raro, pero fue explicable.

Pero hay gente, la mayoría, que no tiene una mente escéptica al respecto de esta clase de cosas. De hecho, sabemos que el ser humano no es un ser racional, tendiendo todos una marcada tendencia natural al pensamiento mágico y religioso. Tanto que los fantasmas, los seres mitológicos y los dioses son una constante en todas las culturas humanas. En Europa hemos tenido una amplia tradición espiritista, algo que aún se mantiene en algunas zonas de España, como Galicia y sus meigas, el País Vasco y sus aquelarres en Valencia también hay algún que otro aquelarre; unas cuantas ex mías tienen montado uno bien jodido—, o zonas de la meseta y el fantasma de Franco. Toda esta tradición cristalizó el siglo pasado en la parapsicología, una pseudociencia la mar de curiosa en todos los sentidos y que, como veremos, más allá de haber hecho que Iker Jiménez se gane la vida, de poco más sirve.

Yo te invoco en nombre de Jesucristo

La parapsicología no son sólo historias de fantasmas, sino el estudio de algo más amplio, de los denominados ‘fenómenos psi’. Este nombre engloba a un conjunto de fenómenos que, se supone, no podrían ser explicados por el corpus de teorías científicas básicas vigentes, perteneciendo, por ello, a una parcela de la realidad que la ciencia es momentáneamente incapaz de abarcar. Entre estos fenómenos se suelen listas la percepción extrasensorial como la telepatía, los fenómenos poltergeist, los viajes astrales, la psicokinesis, las experiencias cercanas a la muerte, la precognición, la fantasmogénesis, las psicofonías, la combustión espontánea y otros muchos. Tradicionalmente se ha separado la historia de la parapsicología en varias etapas. El primer periodo sería el mítico, en el cual los fenómenos psi eran tratados como fenómenos sobrenaturales o divinos que pertenecían al ámbito del chamanismo y la religión. La cábala o algunos de los usos que les suponemos a las pinturas rupestres serían un ejemplo de ello. Luego vendría el periodo magnético, con Mesmer a la cabeza. Mesmer fue un tipo con una historia de lo más rocambolesca que fue expulsado de Austria. Se peleó con un exorcista de su tiempo alegando que los exorcismos no eran una intermediación de Dios, sino la manipulación por parte del cura del ‘magnetismo animal’. Intentó curar a una chica ciega regulando este muy supuesto magnetismo y fue tal el fiasco que montó que se tuvo que ir a Francia. Ahí lo acabaron juzgando por orden del rey que aún tenía la cabeza encima de los hombros y dictaminaron que no era más que un charlatán que se aprovechaba de la sugestionabilidad de cierta gente. Mesmer, de hecho, es el creador de la hipnosis.

La tercera etapa consistió en el espiritismo, con las famosas hermanas Fox y Helena Blavatsky y gente por el estilo. Es la época de las mediums y de las sesiones ocultistas a las que asistía la alta alcurnia social. También se popularizó la ouija para que la chavalada pasara el rato y se pusiera de los nervios. En esta época se hicieron muy famosos los iluminados que decían tener poderes ocultos o ser capaces de comunicarse con los muertos o conocer el futuro, algo que hoy en día sabemos que no eran más que trucos muy baratos y lectura fría. Lo del espiritismo fue toda una moda de entretenimiento durante el siglo XIX, tanto así que gente como Arthur Conan Doyle, Víctor Hugo, Alfred Russell Wallace o Charles Dickens asistiendo de forma asidua a esta clase de eventos. Por último, la etapa final es la llamada ‘etapa científica’, cuando se intentó dejar de lado los ruidos de articulaciones y las mesas bailarinas para estudiar estas cosas con estándares científicos de fiabilidad. Normalmente se considera el inicio de esta etapa los diez años que pasó Harry Price estudiando los supuestos fenómenos paranormales acontecidos en la Rectoría de Borley, situada en Inglaterra. Se supone que en esa rectoría se aparecían monjas y monjes y tal, que no tenían nada mejor que hacer que vagabundear por ahí esa gente es que no se digna a hacer algo útil ni después de muertos. Price afirmó que pasaba de todo en ese edificio y que aquello era prácticamente una rave de fantasmas, aunque su trabajo ha sido duramente criticado.

Si bien cierto que la parapsicología tuvo un periodo de auge que se ha convertido en franca decadencia en nuestro tiempo, actualmente aún se mantienen algunas cátedras sobre el tema, como las de la Universidad de Edimburgo y la Universidad de Duke. Incluso la Parapsychological Association es un miembro de pleno derecho de la American Association for the Advance of Science, aunque ello supone un hecho aislado en comparación con el rechazo mayoritario de la comunidad científica respecto a la parapsicología. Algo reseñable es la ingente cantidad de ramas que tiene, aunque muy pocas de ellas han sido realmente desarrolladas como programas de investigación pese a los avances tecnológicos, siendo más bien mero espiritismo en el que se sitúan cajas con cables por aquí y por allá y aparatos baratos que fallan más que una escopeta de feria. Una posible explicación a este estancamiento es la reiteración en los resultados negativos en los estudios serios y la oposición de la comunidad de pensadores escépticos, con asociaciones como la Fundación Educativa James Randi en constante alerta respecto a los problemas metodológicos que suelen presentar estas investigaciones —cabe mencionar que esta fundación ofrece un millón de euros en metálico a quien pueda probar en un contexto de laboratorio la existencia de algún fenómeno paranormal y nadie se ha pasado a cobrar el premio.

Castillos en el aire

La parapsicología es una pseudociencia peculiar. Lo es porque no falla necesariamente en el nivel metodológico o interpretativo, sino en su propio estatus como campo de investigación. Se trata de un castillo construido en el aire, dado que la existencia de los fenómenos psi no ha sido nunca demostrada. En este punto hay que resaltar la diferencia entre lo sobrenatural y lo paranormal. Lo sobrenatural se define como aquello que existe sin ser un fenómeno natural, es todo aquello que los filósofos llamamos metafísica. Todo aquello que no es susceptible de contrastación por mera definición. El dragón en el garaje de Sagan es el ejemplo más habitual, aunque existen otros, como ciertas parcelas de la doctrina cristiana o las subluxaciones de la quiropraxia o las energías raras de las pseudomedicinas orientales. Los fenómenos psi, en cambio, no son metafísicos, se trata de fenómenos físicos que las teorías científicas actuales son incapaces de abarcar dentro de su potencia explicativa. Sin embargo, ni la telepatía, ni los ectoplasmas, ni la telekinesis, ni las posesiones, ni los viajes astrales han sido nunca comprobados como reales. ¿Qué sentido tiene hacer una ciencia sobre algo que no existe? El problema de la parapsicología es que ha querido correr sin poder caminar, dado que antes de sacar las cajas con cables y los detectores de auras habría que comprobar que si hay algo que esos cacharros puedan detectar. En pedante diríamos que los parapsicólogos fallan tanto en el dominio de estudio como en las teorías observacionales que sostienen sus afirmaciones.

Veamos el criterio de demarcación más reciente que se ha propuesto, el de Hansson:

1) Se refiere a un problema dentro de los dominios de la ciencia en un sentido amplio (criterio de dominio científico).

2) Adolece de una grave falta de fiabilidad, tal que no resulta en absoluto ser de confianza (criterio de la falta de fiabilidad).

3) Es parte de una doctrina para la que sus defensores tratan de crear la impresión de que representa el conocimiento más confiable de su temática (criterio de la doctrina desviada).

El criterio de Hansson, además de ser deliberadamente ambiguo, es extremadamente interesante tanto que mi propia tesis doctoral no es más que un intento de hacerlo explícito y operativo. Plantea tres estratos para valorar el nivel de cientificidad de una teoría o campo. Primero, que pretenezca al dominio de estudio de la ciencia es decir, que sean fenómenos naturales. Segundo, que los estudios gocen de estándares óptimos de fiabilidad. Y, en tercer lugar, y este es el que cuenta para saber si algo es pseudocientífico o no sobre la base de haber fallado en alguno de los dos puntos anteriores, si se hace pasar por ciencia o no. Por supuesto, el criterio de Hansson no es operativo con cosas realmente puntillosas o que supongan un reto demarcativo, porque no pasa de ser un mero esquema general de cómo debería ser un criterio de demarcación con varios vacíos legales ¿qué entender por ‘fenómeno natural’? ¿Son todos los fenómenos naturales abarcables por la ciencia? Y, lo que es aún más problemático, ¿cuándo algo es ‘fiable’? Y, ¿cuándo se traspasa la línea del gurú al pseudocientífico? Pero, en fin, para un caso tan de bulto y escandaloso como el de la parapsicología basta. La parapsicología falla en el primer punto de forma flagrante, inventando un campo de estudio que no tiene el menor sentido.

Por ello, el estudio que toma en consideración estos pseudofenómenos se denomina hoy en día ‘psicología anomalística’, con el equipo de Chris French en la Universidad de Londres a la cabeza. Desde esta perspectiva ya no se estudia como tales la telapatía, o la precognición, o los avistamientos ovni, sino que se estudia por qué hay personas que creen haber vivido estas cosas. Estos grupos de investigación están obteniendo resultados realmente increíbles, sacando a relucir la profundamente susceptibles que somos todos de caer en esta clase de experiencias. Muchas veces son sesgos cognitivos, como el de confirmación, o la ley de los grandes números, otras veces se trata de alucinaciones hipnagógicas, o de estados alterados de consciencia que incluso son reproducidos en contextos de laboratorio, o, las que más, mera sugestiones hipnótica basadas en seguir el juego en un determinado contexto social. Por ejemplo, a las experiencias extracorpóreas se les ha dado una explicación neurológica basada en la disfunción de ciertas zonas del cerebro que se encargan de situar los límites de nuestro cuerpo. Empleando estimulación magnética transcraneana en ciertas partes de la zona tempoparietal derecha se puede desencadenar el fenómeno, de modo que sentimos que estamos fuera de nuestro propio cuerpo. También se están estudiando las experiencias cercanas a la muerte, explicando sus características habituales como anoxia o hipercapnia, de modo que cuando deja que haber riego sanguíneo la visión periférica se va estrechando creando el famoso túnel. Incluso parece que cuando se desregula de forma extrema la homeostasis del cerebro, como pasa en este tipo de contextos, segregamos DMT endógeno, que es la misma sustancia que tienen cosas como la ayahuasca, con lo cual es posible alucinar de forma muy potente. Todos estos fenómenos son estudiados por los psicólogos anomalísticos y lo cierto es que el campo es apasionante.

Cuando el hobby se va de las manos

Hay algo en las historias de fantasmas de conecta con lo más profundo de nosotros mismos, con la trascendencia, con lo irracional que hay en nuestros pensamientos, con esa parte emocional y animal que todos llevamos dentro. No hay nada más humano que creer, ver y pensar en tonterías. Nuestra biología es así, somos irracionales y curiosos, y eso hace que toda esta clase de cosas que plantea la parapsicología nos resulten tremendamente seductoras. Pero hay que tener cuidado con ellas, porque lo que comienza siendo un hobby puede acabar siendo una secta, o puede empujar a gente a estados psicóticos, o puede dañar nuestra capacidad para entender el mundo que nos rodea y tomar decisiones racionales. Irse a la playa a sacarle fotos a orbs o ir a ver ovnis a la montaña con los amigos birras mediante me parece un plan hasta divertido, una excusa para estar con gente y adentrarse en cosas que resultan misteriosas, pero hay que tener cuidado, porque no son pocos los fraudes basados en esta clase de pensamientos, no es poca la gente que vive con miedo a entidades que no existen, o al voodoo, los que han tenido malas experiencias después de haber jugado a la ouija o las familias que en base a la sugestión colectiva han vivido auténticos infiernos en sus propias casas relacionadas con la creencia en fenómenos paranormales. Por no hablar de los pobrecitos que, teniendo un trastorno mental, acaban en las manos de un exorcista, donde hay casos de suicidio y homicidio involuntario. Todos estos casos se cuentan a millones.

Todos tenemos historias de estas. Yo el primero. Y, en lugar de convertirlas en tabú, está bien hablar de ellas abiertamente y tratar de encontrar esas explicaciones racionales que siempre tienen. Porque un punto de vista escéptico e informado siempre nos puede reportar más beneficios que la creencia ciega. Así que más psicología anomalistica y menos Cuarto Milenio, porque, por más entretenido que resulte, no nos están contando toda la película.

Por Angelo Fasce

3 comentarios en “La parapsicología y los fantasmas que no estaban

  1. soy peruano y doy testimonio del pensamiento mágico del peruano en general y como este aspecto se suma a nuestra conducta irracional colectiva junto con el machismo, la homofobia,el racismo,el catolicismo y el fujimorismo
    saludos paisano

    Le gusta a 1 persona

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