Mario Bunge, el elefante en la cristalería

No hay semana en que no venga alguien, especialmente alguien argentino, y me diga “oye, ¿por qué no citas a Bunge?” o “eres bungeano” o “tienes que leer a Bunge”. Normalmente el comentario es expelido en un tono muy ácido, con trazas de resentimiento y desconfianza, presuponiendo que alguien que se dedica a esto de la filosofía de la ciencia y no rinde pleitesía constante a Bunge o bien es un ignorante o bien está plagiando vilmente sus ideas. No es de extrañar que la mayoría sean argentinos porque ahí habitan en exclusiva los bungeanos, desplegando el enorme aparato publicitario con el que tratan de encumbrar a su particular übermensch. Porque en filosofía no se cumple aquello de que ‘el santo de más lejos hace más milagros’. Todos las países compiten por situar a su santo como el que más influencia ha tenido. A Argentina le pasa con Bunge, a España con Ortega, a Perú con Mariátegui, a México con Dussel, a Cuba con Betacourt y así el resto, cuando lo cierto es que, en términos generales y pese a que todos ellos tienen méritos considerables, aquí nadie ha curado ciegos ni convertido el agua en vino.

Hay una realidad que frustra continuamente a sus seguidores: pese a sus encomiables esfuerzos Don Mario sigue sin pintar mucho. Es triste decirlo, pero parece ser que continúa siendo el filósofo de la ciencia mas grande del mundo mundial (FCMGMM) para ellos y para nadie más. Y que conste que aquí el problema no son los bungeanos. Ellos no son como los del programa fuerte y Khun, o como los jemeres rojos y Marx. No han distorsionado las cosas sino que, al contrario, por lo general tratan de tapar como buenamente pueden los desastres del maestro. El problema aquí es Bunge mismo. Un filósofo de la ciencia reconvertido en opinólogo sabelotodo cuyos planteamientos teóricos son bastante inconsistentes, sesgados, radicales y, por si fuera poco, vienen recubiertos de una actitud prepotente y pedantesca bastante insufrible. Una actitud que siempre me ha recordado a esos niños agrandados que llevan a los programas de televisión para que hablen sus cosas mientras el público los va alienando cada vez más en base a aplaudirles todas las gracias.

Es un autor interesante hasta cierto punto. De interés medio, digamos. Con el que un pensador crítico seguramente empatizará emocionalmente —yo lo hago— pero al que le costará sacar ideas funcionales de su obra. En lo que sigue quisiera hacer una caracterización muy de brocha gorda sobre por qué, por lo general, Bunge no es tomado en serio como filósofo de la ciencia. Porque, pese a ser reverenciado a nivel personal, es un autor raramente citado fuera de ciertos contextos endogámicos. El propio Bunge explica esta situación apelando a una especie de conspiración intergaláctica contra él, pero lo cierto es que si el FCMGMM no pasa de ser un héroe local es porque sus ideas son insostenibles y sus buenas apreciaciones, que no son pocas, se pierden en el mar de logorrea vacua que llenan las 1500 páginas de media, sin interlineado, que tienen sus libros.

El hombre que lo sabía todo

Bajo mi punto de vista a un buen filósofo de la ciencia lo definen tres características. Bunge resbala principalmente en la primera y en la segunda:

1) Profundidad y dominio del tema del que se habla.

2) Iconoclasia racional.

3) Tener planteamientos interesantes y útiles.

La ciencia, el conocimiento en general, aumenta de forma exponencial. Cada vez sabemos más cosas, hay una cantidad ingente de datos por dominar y prepararse en un campo lo suficiente como para estar en condiciones de decir algo novedoso e interesante es un duro proceso que tarda muchísimos años. Los artículos científicos casi nunca son firmados por una persona: normalmente las investigaciones requieren de la colaboración de varios especialistas, cada cual aportando su granito de arena. Bunge no parece tener esta barrera de especialización que afecta al resto de seres humanos. Mario lo sabe todo sobre todo. Si Mario se levanta con el pie derecho puede escribir un libro iluminando a la humanidad sobre el tema que sea, y además lo termina en menos de dos horas y con un brazo atado a la espalda.

En efecto, en su lista de libros publicados podemos encontrar prácticamente de todo, siempre proclamando la máxima experticia. Ha llegado a publicar en 3 años —entre 1982 y 1985— 6 libros, todos sobre temas poco o nada relacionados entre sí. Sus primeras publicaciones fueron sobre ética y educación, después filosofía de la física, pasó a la filosofía general de la ciencia, tiene libros específicos, gordos y de tapa dura, sobre realismo, economía, lingüística, teoría de la racionalidad, psicobiología, filosofía de la mente, pseudociencia, filosofía de las ciencias sociales, sociología, biofilosofía (¿?), filosofía de la psicología, semántica, metafísica, filosofía de la medicina, filosofía de la tecnología, filosofía política… en fin, uno observa la lista y parece una especie de broma. Sólo le falta un recetario de cocina en microondas y una saga de novelas románticas sobre vampiros adolescentes. A estas alturas sus publicaciones no son recibidas con mucha expectación por parte de sus colegas, porque todos sabemos que nos vamos a encontrar una mezcla de lo de siempre, obviedades y bastante relleno. Es un poco el Paulo Coelho de la filosofía de la ciencia.

Da la sensación de que ha intentado por activa y por pasiva subirse a algún tren en el que lo consideraran relevante, pero nunca lo ha terminado de conseguir del todo. La razón básica es que, pese a su estilo de escritura al por mayor que disimula la situación, sus obras son bastante superficiales y se caracterizan por afirmaciones grandilocuentes y extremadamente toscas que hacen que cualquier verdadero experto que pase por ahí se tenga que tomar una pastilla de nitroglicerina.

Definiendo como la española besa

Vamos a analizar un caso práctico para que la situación se entienda bien. No voy a hablar de su filosofía de la física o de la psicobiología —sinceramente, a estas alturas no pienso estar a menos de 100 metros de sus libros sobre biología o psicología—, pero da la casualidad de que una parte de su obra toca directamente un tema del que puedo hablar con cierto conocimiento: el FCMGMM tiene un criterio de demarcación. Un criterio de demarcación es una definición de lo que es la ciencia que permite cribar entre ella y cosas no científicas. Ha habido muchas propuestas como la negación del criterio, el demarcacionsimo axiológico, el verificacionismo, el confirmacionismo, el falsacionismo —ingenuo y sofisticado—, propuestas multicriterio, etc. Si os gusta esto de la filosofía de la ciencia acercarse al tema es muy interesante porque el criterio que cada autor maneja suele ser el fundamento de su trabajo, además de una ventana a sus caras más oscuras o inspiradas. En este caso es un ejemplo perfecto para entender qué es lo que va mal con Bunge, porque su criterio es famoso por ser uno de los más enajenados del mercado. Además, creo que juego limpio porque su mayor prestigio reside justamente en el campo en el que voy a analizarlo.

Su propuesta multicriterio fue publicada en 1982 y relanzada infinidad de veces —hasta la saciedad, de hecho— sin mover una sola coma pese a que es un total y objetivo fracaso. Porque esta es una de las cosas que caracterizan a Mario: ¿Críticas? Dedos en las orejas y nunca des un paso atrás. Su criterio incluye 12 condiciones necesarias y suficientes en conjunción para que algo sea ciencia. Es decir, si el campo que analizamos falla en alguno de estos puntos, el que sea, ya no es científico. Cabe mencionar que el criterio suele presentarse en sus libros más accesibles, con lo cual el estilo matematizado y críptico que tiene huele bastante a falacia de oscuridad que no aporta nada. Lo que sigue ha sido un poco simplicado por mi mismo, dado que la versión original es todavía más engorrosa.

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(criterio de demarcación de Mario Bunge) Una Ciencia fáctica particular es un miembro ω de una familia de campos de investigación, formado por la decatupla de condiciones <C,S,D,G,F,E,P,A,O,M>, tal que en un momento dado:

1) C es una comunidad de investigadores. Ni estudiosos ni creyentes, sino investigadores interrelacionados por una tradición y un flujo de información.

2) S es una sociedad que apoya las actividades de C o que, al menos, las tolera. Es decir, S le proporciona a C los medios y la libertad suficiente como para desarrollar ω.

3) El dominio o universo del discurso D, compuesto exclusivamente de entidades reales, actuales o posibles, pasadas, presentes o futuras. Esto es: ω sólo contiene entidades ficticias por error.

4) La concepción general o filosofía G, compuesta de tres componentes: a) una Ontología de cosas materiales que cambian conforme a leyes; b) una Gnoseología realista (crítica, no ingenua), que incluya la noción de verdad como adecuación de las ideas a los hechos; y c) el ethos de la libre búsqueda de la verdad, de la profundidad y de la sistematicidad.

5) El fondo formal F, que es una colección de teorías y métodos formales actualizados.

6) El fondo específico E, que es una colección de datos, hipótesis, teorías y métodos bien confirmados (aunque corregibles) y actualizados.

7) La problemática P, que consta exclusivamente de problemas cognoscitivos referentes a la naturaleza de los miembros del dominio D o a otros de los componentes de ω.

8) El fondo de conocimiento acumulado A, que es una colección de datos, hipótesis, teorías y métodos compatibles con E, obtenidos en ω anteriormente y bien confirmados.

9) Los objetivos O, incluyen el descubrimiento o uso de las leyes de D, la sistematización en teorías de hipótesis referentes a D, y el refinamiento de los métodos de M.

10) La metódica M, compuesta exclusivamente por métodos escrutables y justificables.

11) La composición de cada uno de los componentes de ω cambia paulatinamente por efecto de las investigaciones realizadas en ω o por las realizadas en otros campos, principalmente en aquellos campos afines que le suministran el fondo formal F y el fondo específico E.

12) ω tiene parientes próximos, es decir, hay por lo menos otro campo de investigación contiguo ω’=<C’,S’,D’,G,F’,E’,P’,A’,O’,M’> tal que se da lo siguiente: a) ω y ω’ comparten la misma concepción general o filosofía G; b) F, E, A, O y M, y F’, E’, A’ O’ y M’ se solapan; y c) D está incluido en D’ o viceversa, o ambos pertenecen al mismo universo de discurso mayor.

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No voy a entrar en muchos detalles porque el tamaño de este texto se me iría de las manos considerablemente. Me limito a apuntar problemas evidentes del criterio:

– Punto 1: Es absurdo considerar a los científicos que trabajan en un campo el campo mismo. Si mañana abducieran a todos los sociólogos, ¿dejaría de existir la sociología? ¿Contradice esto el punto 4? Probablemente sí. Una cosa es la ciencia y otra hacer ciencia. Es como este artículo y el escribirlo. No se toma la molestia de diferenciar ambas cosas.

– El punto 2 es totalmente descartable. ¿Si algo se descubre en Afganistán, donde la ciencia no recibe apoyo social, deja de ser científico por ello?

– Punto 3: ¿Me podéis explicar qué es una ‘entidad real futura’? Y, por favor, si alguien se anima, que el ejemplo sea de historia. ¿Y una ‘posible’? Definidme ‘posibilidad’ de forma explícita.

– Punto 4, mi favorito: Bunge es realista metafísico por convicción y aquí nos cuela su prejuicio como si todos tuviéramos que aceptarlo. ¿Tu campo ni funciona con leyes ni las busca? Pues a la hoguera de la no-ciencia —adiós psicología, sociología, biología, filología; hola física básica, la única ciencia. Además, ¿no eres realista metafísico? A la hoguera también. No importa que sea una postura puramente metafísica que no tiene la más mínima implicación en la práctica de la ciencia. Tengamos en cuenta que Bunge es capaz de hablar de una ‘ontología científica‘. ¿Es su ‘ontología científica’ una pseudociencia? Yo me callo.

– ¿La problemática P tiene que ser sólo referente a la naturaleza de D? ¿No puede ser también referente a la forma según se interrelacionan los miembros de D? Es una pena pero también se van a la hoguera todos los estudios predictivos correlaciones, muchos ensayos clínicos incluidos.

– Lo confirmado es corregible por definición. Y ojo con los terribles problemas de conciliar confirmacionismo, realismo metafísico y epistemológico, especialmente en relación al problema de la subdeterminación, porque entonces acabamos con varias verdades a la misma vez y nos volvemos todos relativistas y nos medicamos con homeopatía.

– M es en realidad parte de A.

– El punto 11 y el punto 4 son contradictorios ya que los principios metafísicos no pueden variar a la luz de ninguna evidencia por propia definición.

– El punto 12 es un valor epistemológico interesante, pero considerarlo como parte de un criterio de demarcación no tiene mucho sentido.

En resumen: esto es un completo desastre. Es un producto filosófico bastante aberrante, sesgado, contradictorio y reduccionista en el peor sentido del término. Sin embargo, he visto a Mario publicar este criterio en el 2014 siendo literalmente el mismo que en 1982. ¿Revisar, retractarse, autocrítica? ¿Qué es eso?

La pistola más rápida del oeste (y del este)

No hay persona a la que le presente este criterio y no se quede deslumbrada. Parece un ejercicio de maravillosa relojería filosófica donde todo encaja a la perfeccción. Pero eso es sólo la primera impresión. Lo cierto es que tras usar este baremo de evaluación queda como ciencia la física de péndulos y poco más. De todos modos, el criterio es una maravilla para notar los tics de Bunge: entremezcla constante de los propios prejuicios con afirmaciones interesantes, ganas de aparentar mayor profundidad de la que sus afirmaciones realmente tienen y una actitud constante de ‘caza de brujas’ con todo aquello que no sea científico —que visto lo visto es casi todo. Etiqueta como ‘pseudociencia’ a la homeopatía y al reiki junto a la psicología evolucionista, la ciencia cognitiva, la sociobiología, casi toda la economía o la memética. La cuestión determinante de todo esto es que su criterio determina lo que es no-ciencia, pero en términos prácticos lo que determina lo que es pseudociencia y lo que no acaba siendo el gusto de Don Mario por ese campo. Porque luego hay cosas que salva con el término de ‘semiciencia’, que, por cierto, nunca he podido ver definido.

Algo que resulta especialmente irritante y que ha ido aislando a Bunge del resto de la filosofía de la ciencia son las críticas furibundas y poco fundamentadas. Cosas como “la ciencia cognitiva es dualista” o “la biología de Richard Dawkins es imaginaria” soltadas a la brava le suelen hacer un muy flaco favor. En otras ocasiones la cosa se le llega ir de las manos, como cuando acusó a Steven Pinker de ser un derechista recalcitrante que justifica como inevitable la violencia en los grupos humanos al ser parte de nuestra naturaleza. Este hecho, dicho sea de paso, está bastante bien estudiado por la neurociencia y por datos antropológicos serios, pero eso a Bunge no parece importarle: Pinker, por alguna razón, es un facha, y todo lo que diga es basura. Y si alguien no me cree cuando digo que la estructura de su argumento es la de un deshonesto hombre de paja —algo para lo que Don Mario tiene un talento inigualable—, que se lea esto.

Lo de criticar a Pinker como si el pobre fuera el Himmler del siglo XXI tampoco sorprendió a muchos. Pero lo estrambótico vino cuando demostró la superficialidad de su lectura al esgrimir contra él, como si el dato fuera una novedad equivalente a las fases de Venus, que los índices de violencia habían bajado estrepitosamente en determinados países. El caso es que Pinker ha sido uno de los autores que ha colaborado en estudiar ese mismo fenómeno en profundidad. Le ha dedicado incluso un libro entero para fundamentarlo y ha divulgado el hecho muchas veces en bastantes sitios. Todo esto se debe a que Bunge critica tanto a Dawkins como a Pinker y a Dennett de forma visceral y con muy pocos argumentos. Lleva ya bastante tiempo desarrollando una especie de obsesión con estos autores. A veces ofrece charlas que versan sobre temas muy alejados de ellos pero es capaz de reconducirlas hacia largos discursos críticos contra sus tres enemigos —que, hasta donde sé, nunca le han dedicado una palabra. Algo que siempre me ha parecido curioso es que los suele acusar de argucias publicitarias y de malas publicaciones cuando él mismo lleva publicando refritos de capítulos y artículos viejos desde hace bastante tiempo.

Pero bueno, tampoco nos pasemos: pese a todo Bunge es un tipo al que vale la pena leer. Pero, así mismo, tampoco nos pasemos al encumbrarlo. Ni ha sido el gran crítico del psicoanálisis, ni es ningún gran lider del movimiento escéptico, ni todo lo que dice es la verdad divina revelada. Es un tipo complejo al que vale la pena analizar en detalle y del que, como todo en esta vida, hay que desconfiar a veces. Especialmente cuando adopta esa actitud egocéntrica de ‘los amigos de mis amigos son mis enemigos’ y comienza con los discursos grandilocuentes sobre sí mismo. Respecto a sus lectores y aduladores: un buen pensador crítico no es aquel que se deja arrastrar por afirmaciones taxativas dichas con mucha seguridad, sino el que pondera críticamente lo que tiene delante y le otorga el mérito que se merece.

Por Angelo Fasce

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21 comentarios en “Mario Bunge, el elefante en la cristalería

  1. Quisiera, para empezar remarcar algunos puntos débiles de tu artículo, en primer lugar, no considero yo, que el hablar de una gran diversidad de temas, como lo hace Bunge, sea sinónimo de flaqueza o falta de dominio particular, basta revisar cualquiera de sus libros para notar una profunda revisión de material bibliográfico y además, de trabajo en coautoria o el apoyo directo de especialistas y filósofos como Donald Hebb, Rubén Ardila o Martin Mahner, por mencionar algunos, para la realización de sus libros; es sabido que mantiene una estrecha comunicación con la comunidad científica y filosófica . En segundo lugar, parece que la única fuente que has consultado es su libro “La ciencia, su método y su filosofía” porque algunas de las preguntas que has planteado, ya las ha respondido en diversos textos, por ejemplo, el concepto de “semiciencia” o “protociencia”. Es curioso que muchas de las criticas a Bunge (y esta no es la excepción), remarquen el punto de su supuesto “complejo de superioridad”, eso sin duda es una etiqueta subjetiva y que mucho depende de la condición del observador, yo, por ejemplo, he visto algunas de sus conferencias y he leído un número considerable de sus libros, y nunca he notado ni santo y seña de esta supuesta superioridad y grandilocuencia que le achacan sus detractores, al contrario, me parece ver en él a un hombre sin miedo de expresar su opinión, no una opinión infundada sino una basada en décadas de estudio, contraste y refinamiento. Supongo que cuando alguien toma alguno de sus libros en los que arremete contra algún filósofo o pensador que es del particular agrado del lector, este no puede evitar sentirse ofendido y ver en Bunge a un engreído que cree poseer la verdad absoluta (idea que incluso yo llegué a tener al acercarme por primera vez a su obra y que algunos de mis profesores en la Facultad me expusieron al momento de que les pregunté sus opiniones respecto a este autor).
    Por último, quisiera ver en algún momento a alguien que de verdad lance una critica a un concepto o enfoque en particular de Bunge, mencionas por ejemplo que “es absurdo considerar a los científicos que trabajan en un campo el campo mismo”, argumento fallido realmente, porque no es ocioso el considerar en el concepto de ciencia a la comunidad científica ni a la sociedad que la alberga, condición necesaria para no terminar perfilando a la ciencia como una entidad descarnada, libre de las variables sociales y culturales (no estoy defendiendo en absoluto las tesis de Feyerabend, pero sin duda, las sociedades influyen en gran medida en la ciencia: lo que estudia y lo que no).
    Quisiera hacer notar algo interesante: el hecho de la existencia de este artículo, muestra que la obra de Bunge no ha pasado desapercibida y no es irrelevante, tanto así que no hay semana en la que no venga alguien a recordarte que él está ahí, con un Premio Príncipe de Asturias, y si la memoria no me falla, con 16 doctorados honoris causa. Ciertamente tampoco es una celebridad, pero (y no se entienda como un argumento, véase como una opinión), la fama mundial no es sinónimo de verdadero merito o calidad en los aportes.
    Ahora sí, de verdad para concluir, quiero recalcar el punto más grosero de tu artículo, el de que su enfoque nos lleva a considerar como no científicas a la psicología, sociología, biología y etc. Digo que es el más grosero porque el denunciar determinadas teorías y modelos dentro de las ciencias, no es negar la cientificidad total de estas. El psicoanálisis, la parapsicología, el creacionismo, etc. son contracientíficos, verdaderos cánceres dentro de la psicología y la biología; el remarcar esto, no es afirmar que estas ciencias estén condenadas al fracaso. Al final, identificas a Bunge con un fisicalista, muestra de que, o no te has tomado el tiempo para leer algo de su obra, o simplemente no entiendes lo que es ser fisicalista.

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    1. Coincido Josué en términos generales con lo que decís pero también es cierto que Mario en algunas obras de difusión, notas periodísticas y conferencias se permite reproducir sin más ciertos prejuicios u opiniones no fundamentas (como todos los seres humanos). Se me vienen a la cabeza los repetidos comentarios antiporteños (dice que son tan desagradables como los neoyorquinos, por ejemplo) y la opinión de que sólo un par de economistas, entre la lista de los noveles, merecen cierto renombre. Estas dos opiniones están en su autobiografía pero tmb en muchas notas. Es un autor picante, sagaz, por momentos tirabombas e iconoclasta. La atracción que genera sobre sus seguidores pasa en algún punto por esta audacia. Muchos de los que lo critican solo se han acercado a su pensamiento a través de estas obras menores, en las que abusa de la reducción al absurdo y el rídiculo. Finalmente creo que uno puede estar en términos generales de acuerdo con su sistema filosófico y criticar ciertos abusos cuando toca de oído algún tema. Saludos.

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  2. Empezas con un prejuicio antiargentino (curiosamente Bunge es amado pero tambien odiado en Argentina donde existe la comunidad de psicologos y psicoanalizados mas grande del mundo) y seguis con el prejuicio de que hablar de muchos temas (cuantos son muchos? 10 en 25 años, 3 en 2?) es suficiente prueba de falta de “profundidad” (asi entre comillas). Despues deje de leer, que yo tambien estoy satisfecho con MIS prejuicios jaja…

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  3. Me gustó mucho tu artículo, es una buena puntada, aunque pequeña, para ver algunas de las aporías que subsisten en la obra de Bunge, que en muchas de sus críticas a filósofos -los más conocidos- terminan siendo bastante desinformadas. Es un buen indicio para comenzar indagaciones más profundas. Respecto a lo que dicen los otros comentarios, si bien no es determinante la acusación de que ha escrito mucho en poco tiempo, si es bastante sospechoso, casi siempre sucede así con los charlatanes, y no entiendo como pueden ser tantos libros en tan poco tiempo, y a la vez supuestamente tan actualizados en las materias que trata sin ser un producto de un eclecticismo un poco arbitrario que ensambla una serie de teorías, opiniones y datos para lograr ciertos propósitos, tal vez, incluso ideológicos (críticas a Pinker o al marxismo)

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  4. Parece mas un español ardido que otra cosa, y eso que yo no soy bungeano y de hecho criticaría muchísimo a Bunge. En Argentina nadie habla de Bunge; es el autor de ésta nota el que está en la ignorancia sobre todo el ámbito académico (estoy en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y jamás tuve una discusión o siquiera una mención con otro alumno o profesor de Bunge, y eso que estudié Filosofía de las Ciencias). La mayoría de sus “críticas” en éste artículo son ad-hominem sin contenido argumentativo. ¡Escribió de temas diferentes? También lo hizo Asimov, Platón, Aristóteles. No digo que los libros de Bunge sean buenos pero aquí no hay ningún argumento real de que sean malos. Sólo se dice que “son largos, engorrosos y son muchos”. ¿Y el contenido… cuál es la crítica puntual? Las críticas “puntuales” (como los doce puntos) son triviales. Puede que tenga razón en los ad-hominem como que no; el caso es que no presenta ninguna evidencia sobre ello. Algo ridiculo para alguienque dice dedicarse a la filosofía de la ciencia.
    Es más probable que éste sea un intento desesperado de defender a Dawkins, Bennet y a Pinker (que ha sido denunciado por facha por otros mismos anglosajones y sus datos descartados detalladamente, ver: https://www.psychologytoday.com/blog/sex-dawn/201103/steven-pinkers-stinker-the-origins-war ) – En otras palabras, el escritor parece ser un “nuevo ateísta” con más ganas de difamar a Bunge como un “loco”, y de defender el “mainstream”, que de hablar de sus contribuciones o discutir con sus argumentos.

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  5. Dices: «El punto 2 es totalmente descartable. ¿Si algo se descubre en Afganistán, donde la ciencia no recibe apoyo social, deja de ser científico por ello?» Al revés. Si hay un científico haciendo ciencia, sea en Afganistán (o en cualquier país, localidad, círculo clandestino, etc.), da igual, ese científico tiene insumos, materiales, infraestructura que utiliza y le es provista por alguien. Se refiere a los contactos que tiene, de forma pasiva (recibe) o activa (busca), para poder/intentar hacer ciencia; no existen solo los grupos sociales etiquetados, como por ejemplo: Afganos, o el Estado afgano, o lo que fuere. Es una opinión; no me parece ilógico. Espero que alguien con los textos a mano explique mejor y más referente al autor que criticas. Saludos.

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  6. El artículo destila envidia basta notar como el inicio narcisista, pero “El Paulo Cohelo de la Filosofìa de la Ciencias” me lo llevo para citarlo en una clase.

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  7. Pues yo solo he leido un libro de Bunge, más que nada por su prestigio, y lamento decir que muy posiblemente sea el peor tostón que he leido en toda mi vida, quería dejarlo pero me dije, no, su fama le precede, debo entenderlo debo llegar al final del libro y saber que esta diciendo. Totalmente inutil, fue la mayor perdida de tiempo leyendo un libro.

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  8. Pues a mi me ha gustado, un poco duro quizás, pero interesante. Da la casualidad que estoy leyendo su biografía justo estos días y la impresión que me da es un poco la que tú comentas: alguien que se vanagloria todo el rato de sus logros, resulta un poco repetitivo y pesado a veces… No sé, cuando los académicos en general empiezan con ese tema (porque no creo que sea un vicio exclusivo de Bunge, sino más bien de buena parte del mundillo), me hace sentir un poco de vergüenza ajena. Hay un contraste tan fuerte entre una inteligencia sin duda tan suprema mezclada con un comportamiento tan infantil…
    En esta biografía repite su ataque a Pinker, Dennett y Dawkins.. y Chomsky (a este por postular que el lenguaje es innato); los acusa directamente de pseudocientíficos. De verdad alguien como Pinker o Comsky son pseudocientíficos? ¿Es riguroso ese calificativo? Si, ya sé que sus teorías no casan con las de su hija que es neurocientífica en Berkeley… (esto lo digo porque se lo he oído repetir 150 veces, en la biografía lo comenta al menos dos veces, un poco en relación con este “egocentrismo bungeano” del que hablas). ¿No será, más bien, que calificamos de pseudociencientíficos a aquellos con los que desavenimos? Por cierto que, como comentas tú, debe ser algo que tenga un poco “marcado”, porque se la he leído en muchos sitios como tú comentas; tanto en lugares donde parecía resultar pertinente (su libros de filosofía de la psicología? o recuerdo al 100%) como en otros donde parece que él mismo tiene que sacar el tema.
    Con todo esto no pretendo decir que Bunge no haga aportes interesantes.. He leído muchas de sus obra con mucho interés y algunos aportes suyos, para alguien que es apenas un lego en muchas de las materias que toca, me parecen muy interesantes. Pero al hilo de lo que comenta el autor del artículo, también hay veces que me hace pensar que su tratamiento en algunos temas es un poco superficial (pienso en sus obras sobre “Filosofía y Economía” y “La relación entre filosofía y sociología”, que me tocan más de cerca por un tema de campo de estudio, y me parecen apenas esbozos con alardes de “haber dejado zanjado” un tema).
    En cualquier caso, la lista de sus aportes interesantes seguro que es seguro da para charlar largo y tendido… Lanzo de paso un pregunta a los más versados en la obra de Bunge. Más allá de Treatrise, cuál sería el parote más importante de Bunge? Hablo de aporte concreto; no de obra, i e. haber propuesto un criterio de demarcación que fuese muy influyente, haber propuesto una línea de investigación que fuese fructífera… algo por el estilo. Lo pregunto porque realmente no lo sé, me hace pensar si haber “multiplicado” en tantos campos no le habrá de haber sido realmetne prolífico en solo uno de ellos (lo cual ya es algo sumamente difícil)

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  9. Bunge quiso ser el Popper 2.0. Envidioso, faltón, mitómano y rencoroso quiso enseñar la objetividad de la ciencia, y solamente logró como dicen en otros sitios: un charlatán más en el reino de los charlatanes.

    1. Su crítica a la parapsicología, por ejemplo, es al día de hoy la misma que escribió en su libro Pseudociencia e ideología. Se basa en decir que es imposible cualquier habilidad PSI porque la psicobiología ha refutado qu nuestra mente esté separada del cerebro. Pero falla al momento de no considerar que no todos los parapsicólogos postulan un dualismo mente cerebro.
    Otra de sus críticas se basa en que la comunicación PSI es imposible porque contradice la velocidad de la luz. Es la única objeción que veo valiosa. Pero es repugnante que en todas sus obras Bunge no cita la bibliografía sobre parapsicología experimental ni los debates actuales.

    2. Crítica otros temas como la homeopatía o la acupuntura de las cuales no tiene la menor idea. Hace falta ver el patético intento de amolda sus prejuicios a su esquema simplón y estático de “pseudociencia, protociencia y ciencia” escrito en los 80 y sin nada que aportar más que sus delirios de grandeza.

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  10. ” …sus obras son bastante superficiales y se caracterizan por afirmaciones grandilocuentes y extremadamente toscas que hacen que cualquier verdadero experto que pase por ahí se tenga que tomar una pastilla de nitroglicerina.”

    Claro, claro… por eso el Dr. en Astrofísica Relativista, Gustavo Romero, egresado de la UNLP, que administra un grupo sobre Bunge, que lo cita constantemente en forma referencial, que coparticipa de sus conferencias y que lo respeta como pensador, escritor y epistemólogo, está buscando en qué farmacia venden la pastilla de nitroglicerina…

    Vos querés ser el campeón de la lucha contra la pseudociencia y no te bancás que haya otros con mucha más pasta que vos, que, encima, publican libros. Deberías prenderle una vela a Internet en agradecimiento, porque de no ser por la red te morís en el anonimato total.

    Si Bunge es Coelheo, vos sos un comentarista de sobremesa, casi.

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    1. ¿Gustavo Romero? ¿Quién es ese?
      Ya fuera de broma, es como si quisieras citar a Carlos Prelat, mentor de Bunge, como figura de autoridad. Y no señor, las falsas autoridades te las puedes meter en donde quieras pero no las uses como autoridad científica. Si Gustavo Romero reproduce la misma basura fraudulenta de Bunge entonces el alumno no es mejor que el maestro. Que exista un grupo que los respete es igual que decir que un guru es santo porque hay acólitos que lo respetan. Y que alguien tena más “pasta” no lo hace mejor. Bunge no es el Coelheo, en todo caso es el Fujimori de la epsitemología, un dictador y farsante.

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  11. Éste que escribe aquí arriba: ¡qué lindura de ad verecundiam!. Es curioso como los bungeanos (sobre todo los que se citan en el mencionado grupo) no saben otra cosa que proceder de dos formas cuando su ídolo es atacado: 1) Mencionar el Treatise como si fuese la Summa Theologica (sin ver los evidentes fallos, descuidos y superficialidades del autor); 2) Citar al tal Romero como si se tratase del mismísimo Albert Einstein.

    Que el sabio autor, el profeta de una pretendida filosofía exacta (quién más inexacto que Bunge con sus superficiales tratamientos de la historia de la filosofía y de la ciencia), el hombre que ha escrito en filosofía y ciencia la última palabra, sea, precisamente, un desconocido (más allá de las tesis doctorales habituales en todo autor medianamente publicado) en el plano en el que él mismo trabaja (la ciencia), deja mucho, mucho, mucho que desear. Ésta gente no se cansa de citar sus 16 doctorados (la mayoría de universidades latinoamericanas; lo que denota, más que reconocimiento, chauvinismo), y parece que hablaran de Martha Nussbaum, Umberto Eco o Noam Chomsky.

    Bunge ha sido corregido por gente seria de ciencia (seguro creerán que Romero es un ser superior frente a Francis Crick), y sus aportes a la comunidad científica y filosófica son irrelevantes por no decir que inexistentes. El otro día leí una defensa que él mismo se hacía ante la opinión de si había contribuido en algo en física: la respuesta, una patética lista de publicaciones sin ningún trasfondo o dato que permita entender un ‘para qué’ leerlo.

    Bunge tiene éxito en gente que tiene intereses medianos en filosofía, pero que procede de otras ciencias. Es lo mismo que sucede, exactamente, cuando los filósofos tratan de actualizarse en temas de ciencia, arte, cultura, etc.: generalmente leen fuentes terciarias.

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  12. La mayor parte del escrito son meras descalificaciones a la persona (e.g., “el Paulo Coelho de la filosofía de la ciencia”) o a la obra (e.g., “a estas alturas no pienso estar a menos de 100 metros de sus libros sobre biología o psicología”). No califican como argumentos, y no creo que valga la pena comentarlas.
    Lo único que califica como “argumento” son unas breves objeciones a la decatupla que Bunge propuso para caracterizar un “campo de investigación”. Incluso en este caso, las objeciones de Angelo pueden responderse fácilmente:
    (1) No se “reduce” el campo de investigación a la comunidad (al contrario, la comunidad se considera uno de los aspectos relevantes, junto a los otros 9 aspectos, para caracterizar un “campo de investigación”).
    (2) La decatupla no pretende ofrecer las condiciones necesarias y suficientes para la aplicación de la palabra, sino caracterizar un fenómeno complejo enumerando sus aspectos más relevantes (es decir, los aspectos que sería importante analizar cuando se pretenda identificar y describir un campo de investigación particular). Son objetivos diferentes. Planteado de este modo, el segundo aspecto es relevante, y no me parece descartable.
    (3) “Posibilidad” puede referir a posibilidad lógica (ausencia de contradicción) o a posibilidad real (compabilidad con las regularidades del mundo, hasta donde las conocemos). Un “objeto real futuro” es un objeto que hoy no existe, pero podemos predecir (en base a lo que conocemos del mundo) que existirá en un momento futuro. Hay muchos ejemplos que caen en esta categoría, y no veo cuál sería su problema.
    (4a) Las palabras “realismo”, “ontología”, y “metafísica” refieren a distintas cosas, según el contexto y el autor. Si no se tiene en cuenta esta polisemia, se puede caer en falacias por equivocidad léxica. Cuando Bunge habla de “ontología”, se refiere al conjunto de entidades que las ciencias consideran reales (en el sentido de “no-ficticias”). Cuando Carnap habla de “metafísica”, se refiere a las especulaciones que no pueden ser contrastadas en modo alguno. Entonces, la “ontología” (en el sentido de Bunge) no es “metafísica” (en el sentido de Carnap), y no es un “prejuicio”.
    (4b) También hay leyes (en el sentido de regularidades) en las disciplinas que mencionaste (psicología, sociología, biología, filología), así que no es cierto que vayan a “la hoguera de la no-ciencia”. Esta postura no es sólo de Bunge. Mitchell (2000) argumenta que la separación dicotómica debe reemplazarse por una escala gradual, que iría desde la contingencia total de las generalizaciones accidentales (e.g., “todas las monedas de mi bolsillo son de 25 centavos”) hasta las leyes más universales y menos contingentes (e.g., la ley de la conservación de la masa-energía). Cada regularidad se ubicaría en algún punto de esa escala, dependiendo del grado de estabilidad de las condiciones sobre las que es contingente la relación descrita. Las regularidades de la biología o de las ciencias sociales ocuparían un lugar intermedio entre esos extremos. Pero la misma física tiene leyes cuya validez no es universal (e.g., las leyes de Kepler tienen una aplicación local que refiere al Sol y los planetas, la ley de gases ideales no se cumple en condiciones extremas de presión, e incluso las leyes de la mecánica newtoniana no se aplican a cuerpos que se mueven a grandes velocidades ni a partículas subatómicas). Esta propuesta gradualista respecto a diferentes características de las regularidades (e.g., grado de estabilidad, de fuerza, de abstracción, de simplicidad, de manejabilidad cognitiva) proporciona un espacio conceptual multidimensional, en el que las leyes de distintas disciplinas (e.g., la física, la biología, y las ciencias sociales) pueden encontrar un lugar apropiado.
    (5) El concepto de “naturaleza de D” incluye el estudio de la composición, ambiente, estructura (interna y externa), y mecanismos, con lo cual no es cierto que “se vayan a la hoguera” los estudios predictivos, correlacionales, y ensayos clínicos
    (6) No es cierto que M sea parte de A (M es el conjunto de métodos que se aplican para el estudio del dominio, y A son los objetivos, que pueden incluir los intentos de mejorar M).
    (7) No hay tal contradicción, se trata de una falacia por equivocidad léxica: lo que Bunge llama “ontología” sí que puede variar a la luz de la evidencia (es decir, no es “metafísica” en el sentido de Carnap).
    (8) Angelo supone que “no tiene sentido” considerar la consistencia con otros campos de investigación como un aspecto relevante para la demarcación, pero no justifica esta suposición. Aquí no hay ningún argumento para responder.
    En síntesis, no se sigue la conclusión de Angelo: lo que Bunge está planteando con esta decatupla no es “aberrante, sesgado, contradictorio y reduccionista”.

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  13. El artículo intenta pasar por mordaz pero, aparte de la enorme cantidad de insultos, aporta pocas críticas de fondo que ya han sido analizadas por otros comentaristas. Vengo a detenerme en un detalle muy simple: el autor afirma que Bunge es un completo desconocido en la filosofía de la ciencia, y que su presencia es casi un capricho del chovinismo argentino -luego cambia el móvil a latinoamericano.

    Basta ver las editoriales en que ha publicado, que van de Springer a la World Scientific Publisher, o las University Press de Toronto y Yale. Por supuesto, no pretendo un ad verecundiam. Pero con este hecho evidente resulta sencillamente falsa la afirmación del autor de que su filosofía es desconocida o marginada a un rincón del “tercer mundo”. Ni contar las citas y referencias de filósofos como Joseph Agassi, Roberto Torretti o Jesús Mosterín, las que pueden ser bastante críticas, pero considerando su aporte y polemizando en base a argumentos y no simple engreimiento.

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