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Lesbianas, gays, bisexuales y ciencia

Todos los que tenemos la suerte de vivir en países desarrollados vemos la homofobia como algo casposo. Propio de viejos con pie y medio en la tumba, beatos de estos de cilicio y rosario, fachas, gays reprimidos, cabrones y pobres diablos en general. Todos tenemos en nuestro entorno amigos y compañeros homosexuales, y tiene más rechazo social el intolerante que el que decide hacer una excursión por la otra acera. Pero esto, lamentablemente, no retrata la situación de exclusión social y persecución a la que son sometidos los no-heteros en otras partes del mundo. Los mitos, los prejuicios y las actitudes violentas y degradantes siguen teniendo lugar a lo largo y ancho del globo. De hecho, la situación es realmente grave, con regiones que van en claro retroceso moral y político. El problema con los homosexuales es, en úlima instancia, un problema de ignorancia, y la ignorancia es un valor en alza en el mundo actual.

En estas líneas quisiera hacer un breve repaso acerca de lo que sabemos y lo que es falso acerca de la homosexualidad. No quisiera que se convirtiera en un mero repaso de datos científicos, así que iré un poco más allá tratando de comprender por qué los estudios sobre este tema han sufrido de fuertes sesgos y censura. Hoy en día la ciencia nos dice muchas cosas sobre los homosexuales, cosas que nos ayudan a derriban mitos alrededor de ellos y de ellas, así como comprender el fenómeno en su verdadera naturaleza y dimensión.

Breve historia de una injusticia

La historia de los no-heteros fue durante muchos años dejada de lado e incluso ocultada. No ha sido hasta hace unos 40 años que ha comenzado a ser escrita por investigadores serios que se han dedicado a rastrear a la comunidad LGBT a lo largo de la evidencia histórica de la que disponemos. Dos cosas han quedado claras después de estos estudios: (1) En toda la historia y en todas las sociedades han habido individuos que se sentían sexualmente atraídos por gente de su mismo sexo, y (2) en casi todas las sociedades humanas se les ha acabado persiguiendo de una u otra manera. Eso sí, y como es habitual, tenemos bastantes más datos de los hombres que de las mujeres. Si la mujer como sujeto histórico ha sido tradicionalmente ninguneada, ya ni os cuento lo que ha sucedido con las mujeres lesbianas.

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Los romanos no perdían el tiempo.

Nos han llegado registros de homosexualidad en Mesopotamia, Egipto, las culturas precolombinas, China, la India e incluso muy anteriores. De hecho, tenemos bastante evidencia de que en el paleolítico las prácticas homosexuales eran bastante comunes, como atestiguan pinturas rupestres en Dordoña, de más de 27 mil años, que escenifican a dos mujeres practicando tribadismo —también conocido como ‘la tijera’—, u otra en La Marche que representa un coito entre dos hombres —los franceses es que siempre han sido muy liberales. Tampoco es algo que sorprenda mucho a los especialistas, porque tenemos pinturas rupestres de orgías, tríos, voyeurismo, onanismo y casi todas las prácticas sexuales que nos imaginemos. No hemos innovado tanto en ese terreno como en otros.

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Safo y sus amiguitas, representadas en el siglo XIX.

Si bien el término ‘bisexual’ es bastante sencillo de explicar al hacer referencia explícita al gusto de estas personas por obviar el sexo de la pareja con la que deciden intimar, los términos ‘gay’ y ‘lesbiana’ sí merecen un comentario. ‘Gay’ se comenzó a utilizar durante el siglo XIX en la Inglaterra victoriana, pero el término, al contrario que la creencia popular, no es propio del inglés. Significa ‘alegre’ o ‘pícaro’ y proviene del occitano, un idioma casi extinto hablado en el norte de España y sur de Francia. De hecho, en catalán tenemos el término ‘joia’ para la alegría —aunque su significado literal es complejo de traducir—, en francés está ‘joie’, y en castellano encontramos el término ‘gayo’ o ‘gaya’, aunque ya casi en desuso. Por su parte, ‘lesbiana’ hace referencia a la isla griega de Lesbos, donde vivió en el siglo VI a.c. la poetisa Safo de Lesbos —nótese que para las relaciones entre dos mujeres también se usa el término ‘amor sáfico’. Safo escribió poemas con un alto contenido homoerótico, y parece ser que se lo pasaba bastante bien con otras poetisas de su escuela. Vamos, que en Lesbos las chicas ni se aburrían ni se ocultaban. Así que términos como ‘marica’, ‘tortillera’, ‘bollera’ o ‘bujarra’ te los puedes ahorrar perfectamente. Aunque también es una buena posibilidad llamar a estar personas por su nombre, o hacer referencia a ellos por su color de pelo o su puesto de trabajo.

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Miembros del estado islámico lanzando a una persona homosexual desde un tejado.

Si bien es cierto que en zonas como Latinoamérica, el sudeste asiático y Oceanía las cosas han mejorado mucho, la situación del colectivo LGBT en el mundo musulmán y África es básicamente la misma que en la edad media. Son perseguidos, marginados, humillados y muchas veces condenados a muerte. Los homosexuales no son considerados ciudadanos, se ven obligados a vivir en la sombra y someterlos a ultrajes de todo tipo no sólo es algo normal, sino que es fomentado por los gobiernos y las instituciones religiosas. En casi todo occidente ya hasta bien entrado el siglo XX la homosexualidad estuvo prohibida, y casi todos los movimientos totalitarios se han ensañado con ellos: los nazis —que no sólo mandaron judíos a los campos de concentración—, los regímenes comunistas —la URSS y China especialmente—, las dictaduras latinoamericanas de la segunda mitad del siglo pasado, Mussolini, Franco y un largo y vergonzoso etc. En Estados Unidos la segración de los homosexuales también era muy fuerte, teniendo estos un estatus social y legal igual o inferior a la población negra.

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Gays en un campo de concentración nazi llevando el distintivo rosa. Las lesbianas, como casi todas las mujeres, no solían vivir lo suficiente ni para que les pongan el símbolo.

Durante los 50′ y los 60′ se comenzaron a crear varias organizaciones ‘homófilas’, integradas por gente de la comunidad LGBT y algunos ciudadanos con dos dedos de frente. Pero no fue hasta la década de los 70′ cuando el movimiento cobra verdadera fuerza y comienza el denominado ‘movimiento de liberación LGBT‘. Los historiadores sitúan el comienzo de la revolución homosexual en los disturbios de Stonewall —conmemorados en el día del orgullo gay, y de ahí el carácter festivo y provocador de la celebración—, ocurridos en el barrio neoyorkino de Greenwich Village. La población homosexual montó la de Dios es Cristo en Nueva York durante varios días, hartos del trato recibido por el estado y la sociedad. Esta muestra de poder y hartazgo se replicó en varias zonas del mundo, y las victorias sociales de la comunidad LGBT no han se han detenido a lo largo y ancho de occidente.

Nuestras constituciones reconocen la libertad sexual, existen marcos legales específicos stonewalliipara la homofobia, el matrimonio homosexual está reconocido en más de 19 países —sin contar aquellos con contemplan la unión civil—, y la inclusión social de la poblacióm LGBT marcha a buen ritmo. Si bien es cierto que existen países en nuestro entorno, especialmente los latinoamericanos que van en el tren de cola de la región, como Guatemala, Perú, Honduras o Venezuela, en los cuales la homofobia se sigue situando en niveles casi medievales. A día de hoy, además, existen muchos barrios habitados por la población LGBT que, lejos de constituir guetos, son siempre de lo mejorcito de las grandes ciudades europeas y norteamericanas. Ahí están los casos del Castro, de Schöneberg, de Grachtengordel, del propio West Village o del Soho londinense. Por si fuera poco, hoy en día estudiamos y agradecemos las aportaciones de gays, lesbianas y bisexuales en todas las ramas de la ciencia y el arte: Freddie Mercury, Margared Mead, Alan Turing, Miguel Angel, Sir Francis Bacon, Simone de Beauvoir, Oscar Wilde, Newton —bastante probable—, Tchaikovsky, Frida Khalo, Wittgenstein, Sofía Kovalevskaya entre otros cientos de miles. Eso sí, los estudios respecto a las bases biológicas de la homosexualidad siguen teniendo que hacer frente a cierta parte fanatizada de la izquierda posmoderna, que malinterpreta resultados e intenciones, y se decanta por un ambientalismo bastante irracional.

El caso de España es especialmente relevante a nivel mundial. Nosotros fuimos uno de los países de Europa occidental más atrasados socialmente, también respecto al trato hacia la comunidad LGBT, gracias a haber sido gobernados durante más de 40 años por un tarado sanguinario y por los trogloditas de las fuerzas armadas —hasta 1975, exactamente. Sin embargo, hoy en dia España es el líder mundial en inclusión de la población homosexual. Fuimos el tercer país en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo y actualmente la tasa de aceptación y tolerancia de los españoles respecto a la homosexualidad es la más alta del mundo. Se sitúa en el 88%, altísima si la comparamos con el 76% de UK, el 77% de Francia o el 74% de los italianos.

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A esta libertad sexual se le une una política de inclusión social bastante seria durante los últimos 20 años, así como la existencia de zonas y ciudades enteramente declaradas gay-friendly —de hecho, Sitges o Ibiza son de los principales destinos turísticos de esta comunidad. El barrio madrileño de Chueca, que antaño era una zona degrada y a evitar, fue puesto en valor por la comunidad homosexual y actualmente es una de las mejores zonas de la capital. Junto al Gaixample de Barcelona son dos de los barrios gays más relevantes del mundo, con una magnitud e historia solo comparables con San Francisco o Nueva York. Sin duda, los españoles podemos y debemos sentirnos orgullosos de estos datos, y debemos luchar por mejorarlos cada vez más.

¿Es la homosexualidad algo natural?

Un argumento homófobo muy habitual consiste en afirmar que este tipo de relaciones son ‘contranatura’. Esta idea ha sido ya totalmente refutada por la ciencia, que considera los comportamientos homosexuales como muy habituales en muchas especies y perfectamente explicables a día de hoy. Pero la sexualidad humana no es como la sexualidad de los conejos o de las hormigas: no mantenemos relaciones sexuales únicamente por razones reproductivas. Si bien es cierto que en otras especies se dan casos de individuos que gustan de tener encuentros sexuales con otros del mismo sexo, y que incluso es posible conseguir estos comportamientos en laboratorios con las hormonas adecuadas, lo cierto es que esas situaciones distan mucho del caso humano. Lo nuestro no es una contingencia hormonal o un caso aislado de lordosis inducida. Chutar a pierna cambiada o con las dos es un comportamiento sistemático, generalizado y multifactorial en nuestra especie. Teniendo en cuenta el país donde más abiertamente se trata el tema, en España el 15% de la población no se define como heterosexual. Eso en relación a la autoconcepción, pero, como comentaré más adelante, si atendemos a otros estudios es bastante posible que entre un 60% y un 70% tenga tendencias, como mínimo, homoeróticas. Eso es un montón de gente, y la explicación es compleja aunque, ya veréis, muy esperable.

Para la biología evolutiva el tema fue un auténtico rompecabezas durante mucho tiempo. Si lo fundamental en materia evolutiva es conseguir transmitir a las siguientes generaciones tu carga genética, ¿cómo es posible que las de hombres que preferían que el macho alfa se los llevara al huerto, o las de mujeres que sólo querían jugar a la botella con las amigas, hayan podido seguir en el pozo genético humano? El tema de las lesbianas fue un poco más sencillo de resolver en estos primeros razonamientos, porque no es muy esperable que homo erectus o australopithecus hayan sido muy respetuosos con el consentimiento sexual de las hembras. Pero la homosexualidad masculina seguía siendo un misterio respecto a su eficacia. Se propuso entonces algo más ingenioso: los hombres homosexuales, en lugar de ir a cazar con el resto, se quedarían en el refugio a cuidar de la prole. Por ello, sus hermanos y sus primos tendrían más posibilidades de sobrevivir, y así se transmitirían sus genes de forma indirecta a las siguientes generaciones. Pero la hipótesis hacía aguas. Por un lado, aquello de que los homosexuales no pueden cazar porque son cobardes y débiles es una soberana tontería, y si vas a tumbar un mamut ya puedes sumar efectivos. Y, por otro, la tasa de supervivencia de hermanos y primos tenía que ser descomunal, casi del 100%. O todos los gays del paleolítico eran Rambo o las cosas no cuadran. Por si fuera poco con todo esto, si uno mira a nuestros primos cercanos como chimpancés o gorilas la ocurrencia de comportamientos homosexuales es dramáticamente baja en comparación con los alegres homo sapiens.

Esta situación de misterio respecto a la homosexualidad se comenzó a resolver cuando, en 1929, Ernst Schwarz descubrió una comunidad de chimpancés bastante rara en las selvas del Congo. Más adelante descubrimos que no eran chimpancés, sino una especie nueva de gran simio que hoy llamamos ‘bonobos’, y para nuestro asombro descubrimos también que los bonobos son nuestros parientes vivos más cercanos. Bastó una simple ojeada a estos amigos para que el misterio de la sexualidad humana quedara despejado. Por decirlo de forma clara, resulta que los bonobos se pasan todo el santo día follando. El único tabú que tienen es el incesto entre parientes directos, pero fuera de eso hay homosexualidad tanto entre machos como entre hembras, orgías, sexo oral y todo lo que a uno se le pueda ocurrir. Los bonobos vivien en sociedades matriarcales y extremadamente pacificas, y uno de sus comportamientos fascinó especialmente a los etólogos: su actividad sexual se incrementa en gran medida ante el estrés. Cuando un macho se pone tonto se le apacigua con sexo; cuando hay problemas generalizados en el grupo, orgía; cuando las hembras tienen problemas entre ellas, aquí te pillo aquí te mato. Se descubrió que la clave para la paz y el orden social de los bonobos era el sexo como forma de relacionarse y relajarse. Al fin y al cabo, hacerlo relaja bastante y te hace ver la vida con mejores ojos; admitamos que lo de tener ‘mala follada’ tiene sentido.

No estoy diciendo que nosotros seamos iguales a los bonobos —que no venga ningún listillo ahora a decir que somos infieles por naturaleza, o que le de este escrito a su pareja antes de proponerle un trío con la excusa de la vuelta a la naturaleza—, hemos evolucionado de forma algo diferente y somos bastante más belicosos y monógamos que ellos. Pero observarlos abrió una nueva manera de entender el sexo: como una forma de interacción social más allá de la reproducción. Si los seres humanos usamos el sexo como forma de comunicación, relación, establecimiento de jerarquías y resolución de problemas —porque a más fuerte haya sido la discusión más apoteósico es el de después, y eso es así—, entonces esa sería una buena explicación para la homosexualidad. Pero ello no deja a la sexualidad humana como repartida entre dos polos —heterosexual y homosexual—, sino como un conjunto de tonalidades de gris. Investigaciones posteriores han contrastado esta idea más allá de toda duda. Los seres humanos tenemos una tendencia natural hacia la bisexualidad, con individuos en los extremos de la campana de Gauss que sólo prefieren un sexo determinado. Ahora los números sí salen y la evidencia casa perfectamente con la explicación.

Mucha gente que lea esto dirá “te acabas de pisar la boca porque yo soy más macho que Chuck Norris en un Hummer”. Bueno, es posible que tú estés en el grupo de gente puramente heterosexual, pero también es posible que tengas comportamientos que no notas, o que vivas en el armario y por eso disfrutas tanto conduciendo ese pene enorme sobre ruedas —siendo el desliz freudiano, no lo he podido evitar; que quede claro que todo lo que dijo Freud sobre los gays no eran más de estupideces ya refutadas. Las chicas habéis tenido salir-del-closetmenos problemas con la afirmación, ¿a que sí? Pese a que la teoría queer se equivoque con aquello de que todos somos bisexuales por naturaleza, sí tienen razón en que hasta cierto punto el género es un constructo social. Hasta cierto punto, ojo, que el dimorfismo sexual humano existe y no es leve. En ciertas sociedades homófobas los heteros son cosas parecidas a Putin; los bisexuales más en lo negro o en el centro se disfrazan de heteros; los bisexuales más en lo blanco seguramente se hagan proctólogos o solistas de clarinete; y los pobres gays en lo blanco del espectro vivirán socialmente atormentados, soñando con escapar a Mykonos. El tabú de la virilidad y lo tontería de ‘los hombres no lloran y son máquinas sexuales’ hace que muchos oculten, repriman o no vean su forma de comportarse con algunos otros hombres. Todos conocemos casos en los que el oso de las cavernas resulta ser el oso del sauna gay los sábados. Es importante resaltar que la única forma de comportamiento y descarga sexual no es el coito, hay formas mucho más sutiles y socialmente aceptadas. Y si no, os reto a pasaros por un vestuario de fútbol después de una victoria —el fútbol en general es bastante homoerótico, incluida su prensa.

En las chicas pasa algo parecido, aunque el espectro sexual —llamado ‘escala de Kinsey‘— se reparte de otra manera. Según nos dicen los estudios, casi todas las mujeres son bisexuales, con cierta cantidad menor de lesbianas y heterosexuales —sorprendentemente, algunos estudios bastante 288serios llegan al punto de negar la existencia, o la relevancia estadística, de las mujeres heterosexuales puras. Claro está que muchas no se califican a sí mismas como bisexuales; niegan sentirse atraidas por otras mujeres y siempre está el subterfugio de la ‘bicuriosa’ o del “es que bebí demasiado”. Pero nadie puede huir de la tecnología que usa la ciencia. Cuando nos excitamos sexualmente llevamos a cabo comportamientos inconscientes como la dilatación de las pupilas, mayor riego en la zona genital, palpitaciones, respiración agitada, etc. Todo esto se mide fácilmente con herramientas de psicofisiología. Por ejemplo, un reciente estudio con un diseño experimental bastante serio, llevado a cabo en Inglaterra con 500 mujeres, reveló que todas se excitaban ante estímulos sexuales femeninos, y que sólo una pequeña parte no lo hizo también ante masculinos. Ninguna heterosexual pura en el estudio y sólo unas pocas lesbianas.

¿La explicación a esto? Las mujeres humanas son auténticas maravillas respecto a sus habilidades de sociabilización; son mucho más hábiles que los hombres con el uso del lenguaje y sus habilidades de empatía emocional son también bastante superiores. Los hombres tendemos a establecer relaciones más jerarquizadas y competitivas, mientras que ellas, por lo general, mantienen los niveles de violencia bajos y los comportamientos filiativos altos. Esto se debe a que los hombres hemos evolucionado tratando de imponer nuestro esperma ante el de los demás, mientras que la estrategia evolutiva de ellas, al tener garantizada la reproducción, se ha basado más en la colaboración y la mutua protección. Esta sería una explicación evolutiva a la sorprendente tasa de bisexualidad femenina, que, como pasa con la de los hombres, sería ocultada bajo la fachada de formas de comportamiento social que pasan más desapercibidas. Al fin y al cabo, ellas no tienen que cargar con el estigma de la virilidad ni con la barrera del contacto físico.

Las muy sanas bases biológicas de la homosexualidad

De todo lo dicho hasta ahora se desprende la refutación de otra leyenda urbana: la homosexualidad no es una enfermedad. Es un rasgo más de la personalidad, como que te guste Led Zeppelin o ir a la playa, y no puede ser un trastorno porque es una forma extremadamente habitual de comportamiento sexual. No necesitan de terapia ni de las barbaridades que hacen algunos colectivos de fanáticos religiosos con los pobres chicos que caen en sus manos —muchos de ellos con historias trágicas de vidas destrozadas y suicidios. Los homosexuales están perfectamente bien tal como están. Además, a menos que los acosen o tiren desde tejados, los integrandes del colectivo LGBT pueden ser igual de felices o infelices que los heterosexuales. Pueden ser igual de buenos o malos como abogados, pilotos de avión, jugadores de rugby o padres. Y esto de los padres es muy relevante, porque ningún estudio ha probado jamás que los niños criados por parejas homosexuales tengan más o menos problemas que aquellos criados por familias de heteros —o de supuestos heteros. No hay ningún impedimento ni psicológico ni pedagógico para que las parejas homosexuales puedan adoptar o criar a un niño. El único impedimiento que tienen son los principios morales de la edad de bronce que algunos todavía mantienen y que las religiones perpetúan, y los prejuicios de aquellos que ni entienden lo que critican.

Como se ha visto hay muchos casos, grises y matices en los comportamientos homosexuales —y cabe mencionar que sufrir abusos sexuales no te hace ni gay ni lesbiana, eso es una completa memez que mucha gente, de esta que no es capaz de caminar y comer chicle a la vez, aún cree. La ciencia ha demostrado ya que llamar a esto una ‘opción’ sexual no tiene sentido. Nadie nunca jamás ha elegido el sexo de las personas con las que le gusta meterse en una cama. Existe una base fisiológica para ello, aunque requiere de mayor investigación porque hasta ahora sabemos más bien poco. Dado que los bisexuales son muy complejos y que el manual de la sexualidad femenina parece que es más complicado que el de la estrella de la muerte, los estudios se han centrado en seres más sencillos: gays y hombres heteros. Cabe decir que muchos de estos estudios se hacen con una prueba preliminar que elimina a bastante gente de la muestra, porque entre lo que manda la cabeza y lo que manda el pito, ya lo hemos visto, en ocasiones hay bastante desacuerdo.

En estos grupos se sabe que hay implicaciones genéticas y embriológicas bien estudiadas. Al contrario que los bonobos, las mujeres humanas tienen un ciclo menstrual que les permite la fertilidad en casi cualquier momento, con lo cual sería esperable que la presión evolutiva empujara a los hombres hacia la herramienta social de la bisexualidad pero tirando hacia el límite hetero del especto. Los gays, en cambio, son más complejos, y parece ser que se trataría de un efecto pleiotrópico. Esto es, que genes que regulan otras cosas tengan el efecto secundario de borrar la bisexualidad. Lo eficaz de tales genes supliría el efecto adverso en términos evolutivos. Respecto a diferencias neurológicas, sólo sabemos que los gays suelen tener diferente un núcleo hipotálamico en comparación con los heteros, y poco más hemos encontrado.

Algo que cabe mencionar es que la homosexualidad masculina no tiene correlación con niveles bajos de testosterona. La testosterona está implicada en comportamientos como la competitividad, la dominancia, el riesgo en la toma de decisiones o la agresividad. Los gays no son menos competitivos o agresivos que otros hombres —y más de uno se ha llevado un par hostias por creer esto y confiarse. Lo que sí parece tener implicaciones hormonales es una forma más femenina de comportarse —lo que se suele llamar ‘pluma’ y que en realidad tiene mucho de constructo social. Pero esta forma de comportarse también se da en heterosexuales, y no tiene nada que ver con ser o no ser gay —aunque socialmente los gays pueden darle más rienda suelta. En el caso de la homosexualidad femenina, en cambio, sí parece ser que el efecto de la testosterona, sus niveles y el grado de sensibilidad ante ella, tiene implicación directa en el lugar del espectro sexual en el que tal o cual mujer se sentirá más a gusto.

Y para terminar…

Las formas de moralidad que tenga una sociedad pueden ser más o menos sofisticadas. En este sentido, una de las formas más primitivas es aquella que iguala lo asqueroso con lo malo. Aquello que consideramos asqueroso es altamente variable de una sociedad a otra. A mi me da bastante asco lo de comer caracoles, pero no lo es para muchas otras personas y no creo que esté mal hacerlo. Con la educación adecuada todo lo que implica intercambio de fluidos puede llegar a ser asqueroso, porque tenemos una cierta propensión innata a ello. Esta es la forma según la cual se comportan las morales religiosas y altamente conservadoras: a falta de datos sólidos y de sentido en sus argumentos apelan a que la homosexualidad les parece asquerosa. Y no dudo de su sinceridad después de haber pasado por colegios fanáticos de esos que hacen idiotas industrialmente, o de haber tenido una familia de mojigatos puritanos. Pero es asqueroso para ellos, y a nivel moral es irrelevante siempre y cuando vivas en el siglo XXI. Para mi montártelo a lo misionero los domingos por la noche durante 5 minutos y por obligación, como hace la gente del Opus, sí que es realmente asqueroso; pero oye, cada loco con su tema. Lo mismo con la lluvia dorada y otras prácticas que me generan rechazo pero que no tengo razón alguna para juzgar como malas o inmorales.

Por último, un consejo: no seas un tarado. Quiero decir, vivimos en este siglo, sabemos lo que sabemos y a nadie le importan tus prejuicios antediluvianos ni el origen etimológico del término ‘matrimonio’ —porque ‘acostarse’ etimológicamente es ‘acercarse a la costa’, pero bien que usas la palabra cuando te vas a dormir. Las palabras cambian, la gente se harta de que la traten mal y la moral avanza y se amplía su círculo de actuación. Hay gente a la que le encanta meterse en la cama de los demás: saber cómo se lo montan, con quién, en qué postura y por dónde. Métete en tus asuntos, preocúpate de tu propio culo y no seas de esos chismosos sin vida que, además, como los curas y otra fauna semejante, se suelen comportar como el perro del hortelano: que ni follan ni dejan follar a los demás en paz.

Un gay, una lesbiana o una persona bisexual es mucho más que eso. Es una profesora, es un padre, es un experto en historia del arte o mil millones de cosas además de ese rasgo tan poco definitorio de su personalidad. Lo único que cambia en alguien por no ser hetero es que se excita sexualmente con personas de su mismo sexo. ¿Qué más da?

Por Angelo Fasce

25 comentarios en “Lesbianas, gays, bisexuales y ciencia

    1. Qué sencillo es desinformar o hacer escritos de un rigor penoso para tratar temas serios. Por éso hoy se pagan millonadas en algoritmos que permitan extraer de toda la basura que se publica en Internet algo de valor. Hoy lees el mismo periódico y realmente no sabes si lo que se dice es cierto, o escriben periodistas sobre temas complejos fuera de su experiencia, es decir, un ciego guiando a otro ciego. Es tan gratuito escribir..
      No me he leído todo el artículo porque querer insinuar que el 60%-70% de la población tiene tendencias, o decir que la ciencia demostró que la homosexualidad no es contra-natura sin citar dichos estudios es tan poco serio que roza lo inmoral. Me hace gracia, ¿dónde están ésos estudios? Además, por qué engañáis a la gente haciéndole asociar “ciencia”=”verdad”? Aunque a muchos no les guste porque es su trabajo, no todas las ciencias son igual de “certeras”. Y la inmensa mayoría de artículos científicos basura. Me hace gracia que se acude a la ciencia como si fuese un señor o una web que está ahí para decirte lo que es y no es verdad. No os olvidéis que los que “escriben ciencia” son señores como tú y yo, con intereses. El artículo X que estudia el tema Y, no es “lo que dice la ciencia”, sino lo que dicen unos señores que “parece que dice la ciencia”. Más rigor, y si no lo hay, no se escribe, o se dice una opinión. La mayoría de la gente leerá una patraña sobre un tema y no buscará más, le será suficiente. Internet está lleno de patrañas. No juguéis con la gente. El espíritu crítico hay que fomentarlo.

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    1. Por favor pongamonos serios, hace mucho tiempo que la OMS corrigio aclarando que la homosexualidad no es una enfermedad ni para la sociedad, ni para nadie. Son una serie de prejuicios y mucha ignorancia lo que si enferma a muchas sociedades retrógradas que no quieren avanzar.

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    2. Pero hombre… lo que es claramente una enfermedad tanto para el individuo como para la especie y la sociedad es el sacerdocio, la castidad, la reclusión monacal o la religión tomada en serio, por ejemplo

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  1. Te falta tomar en cuenta a la biología. El texto parece más un criterio propio que una exposición de hechos históricos y científicos. No pones enlaces a estudio alguno.

    Y en lo personal, en base a mi conocimiento el tema de la testosterona lo abordas erróneamente. Hay tres ciclos de producción de testosterona, y aparentemente son determinantes en la preferencia sexual. Investiga más eso, y complementa lo expuesto.

    Finalmente eso de patear con ambas piernas y eso, no crees que puedes expresarte mejor al referirte a las prácticas sexuales de otros?

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    1. Me parece curioso que me digas que no tengo en cuenta la biología cuando ¾ partes del texto son pura biología… respecto a la testosterona y cuestiones hormonales, lo menciono en el texto por encima. En mujeres se sabe que padecer HAC aumenta la tasa de transexualismo (pasa del 0,005 al 3%, no tengo estudio a mano) y de lesbianismo. Ya he dicho arriba que la testosterona influye en buena medida en las preferencias sexuales de las mujeres. En hombres no está nada claro ni el nivel de testorenona y el nivel de exposición prenatal en relación a la orientación sexual adulta. Lo que sabemos es hay un alto componente genético gracias a los estudios en gemelos monocigóticos. Aquí tienes todas las citas e información que necesites: https://es.wikipedia.org/wiki/Biolog%C3%ADa_y_orientaci%C3%B3n_sexual#Estudios_epigen.C3.A9ticos

      Respecto a mi forma de expresarme, es la que es y es lo que hay. Cuando no se es natural y no se disfruta escribiendo, esto de llevar un blog se acaba rápido. Es evidente que quiero ofender a cierta gente homófoba como el señor de más arriba, pero no creo que ninguna persona homosexual con un poco de sentido común se pueda sentir ofendida por lo dicho en este texto. Siento mucho haber mancillado tu pureza y tus inocentes ojos con la tan habitual metáfora de los chutes. Un texto no deja de ser serio aunque se introduzcan algo de humor. Confundes ser un estirado con hablar en serio.

      Te doy tres consejos: (1) Todo lo que quieras debatir respecto a cualquiera de estos textos estaré encantado de hablarlo contigo. Pero se discute con argumentos, no con apelaciones al estilo o cosas similares. (2) Si te sientes ofendido por mi forma de escribir, o consideras que hay expresiones que ponen triste al niñito Jesús en esta página, te invito a alzar la vista y reparar en la barra de nevegación que tienen justo encima de ella. Empleándola sabiamente podrás ir a cualquier otro sitio que consideres menos ofensivo. Y (3) si lo que quieres son textos llenos de citas, referencias, notas a pie de página, metaanálisis exhaustivos y diagramas de flujo te recomiendo darte una vuelta por Pubmed y no por blogs.

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  2. Me encanta tu estilo al escribir y por lo general estoy de acuerdo 100% con tus argumentaciones. Pero no me resisto a decirte que yo… digooooo, que un amigo de un amigo fue con el famoso estudio británico a decirle a su novia que era bisexual porque se excita viendo porno lésbico, y mi novia, digo su novia, lo desmontó rápidamente con más o menos estas palabras: “a mí no me atraen las mujeres, pero el porno entre chicas es más delicado y hermoso que cuando salen hombres”. Y no puedo por más que estar de acuerdo con ella 😀

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    1. Hola Daniel. Gracias por tus amables palabras, me alegro mucho de que te gusten los contenidos de la web 🙂 Respecto a lo que te pas…digo, respecto a lo que le pasa a tu amigo, es una situación muy habitual. A mi también me ha pasado con alguna exnovia y con alguna que otra chica que he conocido. Te sueltan el rollo de que el porno lésbico es arte, como ballet, que si las mujeres son ‘bonitas’ pero no ‘sexys’, que si ella lo haría por curiosidad y con puro afán científico, etc. Pero todo eso son cuentos macabeos respecto a la tendencia sexual. Si la novia de tu amigo se excita viendo a mujeres es que es bisexual, ni hetero ni lesbiana. Otra cosa es que prefiera mantenerlo como una fantasía o que le gusten más los hombres. Pero vamos, que independientemente de la etiqueta que prefiera ponerse, a nivel cientifico es bisexual.

      Mucha gente se escandalizó por el estudio al que te refieres. Que si no refleja la realidad, que si es fruto de mentes calenturientas. De eso nada. Es un estudio bastante serio que no tiene sesgos: los resultados son los resultados. De hecho, creo que si rascas un poco y superas la barrera de la etiqueta autoimpuesta es fácil descubrir que la bisexualidad femenina es extremadamente común.

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      1. “independientemente de la etiqueta que prefiera ponerse, a nivel cientifico es bisexual”.

        me gusta tu blog. pero a veces derrapás: ¿qué es eso de “a nivel científico es…”?
        hay muchas de estas sentencias en tu producción, lo que no le quita otros méritos.
        Vamos, vos sabés qué es lo que es a nivel científico en cualquier disciplina y postura epistemológica.
        O sea, más cautela. Más condicional.
        Aceptar que cuando la evidencia es MANIFIESTAMENTE insuficiente lo que se afirma es en gran medida opinión. Y la opinión siempre es moral o, lo que es lo mismo, política.

        PD off topic: felicitaciones por lo de Bunge (soy argentino eh?). En general me fastidia todo lo que escribe (tengo, debo reconocerlo un prejuicio político, aunque también tengo argumentos ) Y lo tuyo es una refutación general concentrada que creo se la merece.
        Pero oh! sorpresa coincido con él en el carácter seudocientífico de la economía neoclásica, (hace poco te envié un comentario y juro que todavía no lo había encontrado ni en Bunge ni en nadie. Y menos en algún economista de cualquier “escuela”) Lindo tema para una tesis.

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      2. Lo que quería decir es que hay diferencia entre la autoadscripción sexual y la realidad sexual de cada cual. Una cosa es que yo diga que no me gustan los hombres o que no me apetece acostarme con ellos, y otra muy diferente es que no me exciten algunos en determinadas circunstancias. Normalmente a ese gris le llamamos ‘bisexual’, y es una realidad científica, no subjetiva. Eso quería decir, nada más.

        A ver, luego podemos compartimentar el gris en 5 partes diferentes y ponerlos nombres y complicar las cosas, pero eso ya es un tema puramente semántica.

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  3. Hola! Me ha gustado muchísimo tu entrada – artículo, muy bien argumentada, por cierto.
    Sólo te quería plantear una cosa: el tema de que las mujeres tenemos mejores habilidades lingüísticas, sobre todo, empatía, no está demostrado (al menos no que haya leído ^^, que si hay algún estudio nuevo, me encantaría que me dieses la referencia, para actualizarme).
    Bueno, hay estudios en los que se observa una correlación (que no causalidad) entre las habilidades lingüísticas y el sexo estadísticamente significativa a favor de las mujeres, pero muy leve, y sólo es correlación. Y también depende de lo que el estudio haya definido como habilidad lingüística (que vete tu a saber).
    En cuanto a la empatía si que no conozco ninguno que dé resultados en ninguna dirección.
    Pero vamos, que es una puntualización de psicóloga pejiguera, porque el texto está fantásticamente documentado.

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  4. Buenas,
    Sólo me ha desagradado una cosa, y es que por un lado dices que no puedes juzgar un colectivo por una característica de algunos de los individuos que lo componen (no tiene nada que ver que algunos homosexuales tengan pluma con decir que es característico de todos los homosexuales) y luego meter a todos los curas dentro del mismo saco. De momento creo que mo conozco a ningún cura (y conozco varios) que sean homófobos, entendiendo esto como rechazo a una persona por ser homosexual. Rechazar las prácticas homosexuales es dogma, pero eso no hace que no respeten y quieran a otra persona independientemente de su orientación sexual. Eso y lo del Opus. Yo ni soy del Opus ni he hablado con gente del Opus sobre sus prácticas sexuales, pero creo que no todos serán así…
    Por lo demás una buena entrada 🙂

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  5. “los curas y otra fauna semejante, se suelen comportar como el perro del hortelano: que ni follan ni dejan follar a los demás en paz.”

    Ojalá fuera así, el problema es aún peor ya que no dejan follar en paz a los demás y luego ellos se follan a menores.

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  6. A mi me pasa un poco como a otros lectores. Me falta un poco mas de “chicha” en la parte biologica. Es un tema interesante del que pasan los años y seguimos sin escuchar más que esbozos de los posibles mecanismos de la homosexualidad. La primera parte me gusto mucho. Como todos aquellos que vivimos los tiempos “oscuros” en los que la sola sospecha de homosexualidad era excusa para todo tipo de linchamientos, es preciso recordar el trabajo de los “mártires” de la causa. Todo gay menor de 35 debería besar el suelo por el que pisan sus mayores, porque esos si que lo pasaron mal.

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  7. Ay… siento un poco de frustración porque me encantaría dedicarle el tiempo adecuado a tu artículo para debatir lo que, para mí, es puro cientifismo…
    Lo único que diré, por ahora, y espero poder trarte el artículo adecuado, es que el mito de los “cazadores-recolectores” está pronto a su severa modificación. Se sabe que el aporte nutricional de la parte “recolectora” suponía aproximadamente un 80% del total, y que, respecto a la imagen de los machos reunidos en silencio para capturar un mamut… de nuevo pura mitología: la mayor parte de los animales capturados eran del tipo “bicho pequeño” (conejos y demás).
    Por otro lado, ambas actividades eran compartidas tanto por hombres como por mujeres (desconozco la proporción).
    Tengo que insistir, no existe un humano prototípico en estado de socialización nula (ni lo hay ni lo habrá), y por lo tanto, a menos que los estudios se hagan interculturalmente y diacrónicamente (bastante infrecuente, e improbable), los resultados han de ser interpretados bajo la variable cultural e histórica, de lo que adolece tu análisis. Toda interpretación evolutiva forma parte de un relato teleológico lleno de lagunas del tipo: el hombre, al evolucionar de individuos cazadores , ha desarrollado mayor capacidad visual y espacial, porque las aptitudes de cazador se han transmitido por selección natural. Del mismo modo, las mujeres, que se quedaban en la cueva charlando entre ellas y cuidando a la prole, habrían de haber desarrollado evolutivamente, una mayor capacidad para el lenguaje.
    Lógico.
    Ese relato parte de una base conceptual clara: el sexo tiene un componente biológico / natural, por lo tanto, es binario, dual y genera sus propias cateogrías conceptuales que… sorpresivamente, vienen a confirmar lo que ya se creía saber.

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  8. No se de donde sacaste que miguel angel y newton eran homosexuales ciertamente es una mentira no es que sepa su orientacion sexual pero es improbable que alguien lo sepa no creo que venga al caso ademas citar a celebridades para determinar si un comportamiento es sano o anormal es un grave error muestra que tu articulo no fue bien pensado solo me remito a decir que la homosexualidad es una conducta anormal en la sociedad como tantas otras conductas y mas relacionada con normas morales que con biologia porque si hablamos de biologia no tiene ningun sentido decir que la homosexualidad tiene algun beneficio evolutivo como dices tu a menos que seas algun bicho raro

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